Del uno al cinco, el sistema de calificación en la escuela rusa

En las escuelas rusas hace ya casi cien años que se valoran los conocimientos de los alumnos según un sistema de evaluación académica basado en cinco puntos. Pero, en realidad, sólo se utilizan cuatro calificaciones: el dos (suspenso), el tres (aprobado o regular), el cuatro (bien o notable) y el cinco (sobresaliente). ¿Dónde está el uno?

Otra vez un dos. Fuente: Balabánov / Ria Novosti

Hay un cuadro del pintor soviético Fiódor Reshétnikov titulado Otra vez un dos, En él se ve a un niño que lleva de nuevo a casa una mala nota. La hermana, alumna de sobresalientes, le dirige una mirada reprobatoria, la madre se muestra abatida y el hermano menor se burla. Sólo el perro lo recibe con alegría. El dos no es la nota más baja, pues por debajo, obviamente, está el uno. ¿Por qué entonces miran a ese infeliz niño así, como si no pudiera ser peor?

En el siglo XVII, en Rusia, el maestro clasificaba a los alumnos en tres categorías. En la primera figuraban los que tenían buenos resultados (“aprendizaje decente, fiable, bueno, honesto, considerable, digno de elogio”), en la segunda los  regulares (“aprendizaje mediocre, normal, del montón”) y, en la tercera, por debajo de regular, (“aprendizaje flojo, malo, muy deficiente, perezoso”). No había clases en las escuelas, y la categoría sólo indicaba la posición del colegial con respecto a los otros niños.

Este sistema se conservó en las escuelas rurales hasta la segunda mitad del siglo XIX. Lev Tolstói creó un personaje llamado Filipok que soñaba con ir a la escuela. Pero la madre no lo dejaba estudiar, por eso una vez, cuando lo dejaron con la abuela, él, lejos del control materno, se escapó a las clases de una escuela de estas características.

Ceros, unos y varas

El primer intento para utilizar un sistema de evaluación de los resultados, tomando distancia de la segregación de niños en grupos por categorías, se llevó a cabo a principios del siglo XIX. Entonces, además del sistema de evaluación de cinco puntos, se preveía la nota suplementaria de cero.

Por unos deberes no hechos a un alumno le podían poner un cero y cuando sacaba dos ceros se recurría al castigo corporal y, por si fuera poco, en presencia del resto de compañeros de clase.

El instrumento preferido de los maestros era la vara, que a menudo utilizaban para dar golpes en las manos y en los hombros. Con la supresión del castigo corporal en 1864 desapareció también de las notas el cero y como nota para indicar un comportamiento muy deficiente se pasó a utilizar el uno que por su semejanza con un palo se empezó a llamar "estaca".

En la Unión Soviética el Estado se esforzó en introducir el sistema de evaluación académica de cinco puntos, pero esta innovación no se llevó a la práctica en toda su amplitud: hasta finales de la década de 1940 los colegiales podían recibir una "estaca" por travesuras diversas, desobediencia, así que esta calificación se solía poner en situaciones en que el maestro quería llamar la atención sobre un comportamiento inadecuado. Pero ya a mitad del siglo pasado esta nota prácticamente dejó de usarse.

“Estudié primer curso en 1944, nos ponían de nota un uno cuando íbamos a la escuela con los deberes sin hacer. No los llamábamos 'estacas', porque sonaba más ofensivo. A mí no me ponían unos, pero recuerdo que en primero se sentaba a mi lado en el pupitre un niño que me copió cuando hicimos un dictado. A mí me pusieron un sobresaliente y a él, un uno por copiar. Cuando terminé la escuela, ya no ponían unos”, cuenta Klavdia Ivánovna, de 77 años, la abuela de un conocido de la autora de este artículo.

¿Qué hacer con el uno?

El carácter disciplinario del uno explica por qué en la universidad esta nota casi nunca se utiliza. En el caso de que un estudiante cometa una falta grave cabe la posibilidad de expulsarlo del centro de enseñanza superior.

La tendencia a evitar la nota más baja es algo que también ponen de manifiesto los historiadores de la enseñanza. Coinciden en la opinión de que la escuela rusa tiende a un sistema de cuatro calificaciones, donde la nota más baja a menudo tiene un carácter disciplinario o bien indica la ausencia total de conocimientos.

“Tradicionalmente solemos considerar que los conocimientos pueden ser excelentes, buenos, satisfactorios o no satisfactorios. En la década de 1990 se permitió a las escuelas que escogieran el modo de evaluar a sus alumnos.  Por ejemplo, en Moscú hay escuelas donde los estudiantes son calificados basándose en un sistema de letras.  Pero hay una regla general: en el título debe haber una de las cuatro notas, del 2 al 5”, cuenta Yekaterina Vishnevetskaia, jefa de estudios de los cursos elementales de una escuela de la capital rusa.

También señala que ahora en Rusia no hay una normativa que obligue a los maestros a valorar los logros diarios de sus alumnos con uno u otro sistema.

El hecho de que los maestros se nieguen a poner un “uno” a los alumnos se explica más bien por causas psicológicas.

“El uno de manera coloquial se llama ‘estaca’, creo que esta es la principal razón por la que esta nota ha caído en desuso.  Lo cierto es que la palabra "estaca" despierta asociaciones negativas en los niños, por eso casi no se utiliza. Dado que la estaca es un palo aguzado, esta palabra se suele emplear en combinación con otras con un sentido negativo.

De un objeto que sobresale de modo grosero o de un material que se acartona, que se vuelve duro, decimos que está como una estaca. Lo mismo se puede decir de una comida desabrida, que es difícil de tragar”, explica Tatiana Kuchinskaia, profesora de ruso en los cursos superiores de una escuela de Moscú.

“No resulta muy agradable ponerle a un niño una "estaca" cuando uno tiene presente que existe el verbo “empalar”, y que precisamente en la antigüedad se ajusticiaba de este modo a los criminales a modo de castigos ejemplares”,  añade.

Aun así, como en la actualidad el derecho de elegir el sistema de evaluación está en manos de la dirección de cada escuela, en una serie de centros educativos sí que se pone esta nota. Una alumna de Moscú declara: “¡Si a alguien no le ponen un uno es que ha tenido suerte con el profesor!”.

Con todo, la tendencia general a no poner una "estaca" se sigue también en la evaluación de los resultados del Examen Estatal Único

Estas pruebas que se realizan de modo centralizado se pasan a la vez para los exámenes finales y los de acceso. El primer examen experimental se llevó a cabo en 2001. Luego se fue haciendo obligatorio en la mayor parte de regiones de Rusia. Los exámenes nacionales se valoran siguiendo un sistema de evaluación de cien puntos, pero también en este caso los peores alumnos se libran de que les pongan “estacas”: según las estadísticas, la puntuación mínima es el 20.

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