La última película de Andréi Zviáguintsev en busca del Oscar

El joven director de cine ruso

El joven director de cine ruso

Este año el filme “Leviathan” de Andréi Zviáguintsev logró el premio al mejor guion en el festival de Cannes, resultó elegida para optar a los Oscar y se ha llevado recientemente el premio a la mejor película en el Festival de Cine Internacional de Londres (BFI). En una entrevista concedida a RBTH, el cineasta ruso explica por qué cree que han escogido su largometraje para batirse en la carrera por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, en qué se diferencia la espiritualidad de la justicia y a qué debe aspirar un Estado ideal.

Para hacer su película Leviathan se inspiró en la historia del estadounidense Marvin Heemeyer, que se opuso a la maquinaria del Estado. ¿Por qué se interesó en su figura y la trasladó a la Rusia actual?

Una fábrica de cemento recién instalada en un terreno quiso comprar a Marvine John Heemeyer su pequeño taller, aledaño a la planta. Marvin no accedió a venderlo, y entonces los dueños de la planta bloquearon el acceso de la carretera por donde este trabajador accedía a su taller.

Desesperado, cogió su bulldozer para demoler los edificios de la fábrica, y el ataque se saldó con el suicidio del conductor dentro del vehículo. Cuando me lo explicaron en 2008, me sorprendió que algo así pudiera ocurrir en Estados Unidos.

¿Cómo es posible que en ese país, un Estado de derecho, donde cualquiera puede demostrar su razón defendiéndose en un tribunal, un hombre tuviera que rebelarse contra el abuso de poder, devorado por una sensación de injusticia? ¿Quiere decir esto que no todo es tan halagüeño como lo pintan? Me empujó a pensar que la maquinaria estatal funciona más o menos igual en todas partes. Esta idea banal, muy sencilla, llegó a apoderarse de mí.

Hace poco leí una admirable pregunta que se hace San Agustín a sí mismo en su libro La ciudad de Dios: ¿en qué se diferencia el Estado de una banda de ladrones? Tanto el uno como la otra son una comunidad de personas, están gobernados por un líder. En ambas organizaciones el sistema de relaciones recíprocas está fijado, restringido. Lo único que les distingue es la existencia de la ley, de la justicia.

Si en un Estado deja de funcionar la ley, se convierte en una banda de ladrones. Si un individuo puede contar con que siempre será protegido por un tribunal, con que la ley funcionará al margen de los rangos y de los títulos y que es igual para todos, estamos ante una forma de Estado ideal.

Esta idea contribuyó a reafirmarme en mi opinión de que Thomas Hobbes, en su tratado Leviatán, al idealizar el Estado se equivocó de un modo radical. Sobre el papel se puede crear un modelo ideal, pero, en cuanto entra en juego el factor humano, con todos los defectos y faltas que este acarrea, cualquier ideal cae fácilmente en el lado opuesto. Ya no se trata de un contrato social, sino de un contrato con el diablo. Un contrato en virtud del cual el hombre cede sus libertades a cambio de una protección social imaginaria.

¿Qué piensa de los razonamientos tan populares en Rusia acerca de la falta de espiritualidad en Occidente frente a la espiritualidad rusa?

Sería más fácil hablar de espiritualidad si en nuestro país funcionara irreprochablemente el mecanismo de la justicia. La espiritualidad es una noción metafísica y, apoyándose en ella, se puede inventar y justificar cualquier cosa.

Volvemos de nuevo a la idea de un Estado de Derecho. Cuando una persona está protegida, tiene un cuerpo y un espíritu sanos, se siente de otra manera. Pero cuando hay una necesidad constante de defenderse, de salir a la calle porque sabes que la policía no te protegerá, es imposible hablar de salud espiritual, de cordura.

Parece que el Comité ruso de los Oscar, al seleccionar Leviathan, ha cambiado de táctica: por lo general se decantaba por frescos monumentales, épicos, y de pronto, escoge un drama social. ¿Tiene alguna explicación al respecto?

Soy parte interesada, por supuesto, pero, si me he de abstraer, diría que se ha producido cierta ruptura: la 'nomenklatura' ha perdido esta batalla. De repente el sempiterno y todopoderoso nepotismo ruso no se ha salido con la suya.

Los motivos son dos: un enfoque serio y responsable del trabajo del productor de Leviathan, Alexander Rodnyanski, que hizo todo lo que estuvo a su alcance para que el máximo número de miembros del comité viera la película en la gran pantalla.

El segundo es que el comité de los Oscar se ha ampliado significativamente. En la actualidad lo conforman personas que se sienten más independientes de la 'nomenklatura'. En el comité ahora hay más personas libres, capaces de expresar ideas autónomas.

Usted hace películas que no están pensadas para obtener un éxito comercial ni para el gran público. Y, con todo, su cine complejo e inteligente, que posee todos los rasgos distintivos del cine de autor, conquista a un amplio círculo de espectadores. ¿Dónde gozan de mayor aceptación sus películas, en Rusia o en el extranjero?

En Estados Unidos, hay 40.000 pantallas, de las cuales 400 están especializadas en cine complejo, de autor. En Nueva York el cine Film Forum tuvo simultáneamente en cartelera La gran ilusión de Renoir y miElena,me sentí orgulloso de esta coincidencia.

Disponemos de muy pocas salas, no existe un sistema de salas especializadas que muestre cine serio. Prácticamente no hay una industria de alquiler desarrollada, construida. Por eso, no se puede culpar al espectador por el hecho de que pierda interés por el cine de autor. Cuando se emitió Elena por televisión, los índices de audiencia fueron muy altos. Sencillamente la gente adulta en Rusia casi ha dejado de ir a los cines, el público de los cines se rejuvenece, y los adolescentes necesitan películas de entretenimiento. Pero creo realmente que hay personas de edades variadas que esperan Leviathan e irán a verla a las salas.

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