El sorprendente festival de cine de Vladivostok

Fuente: ITAR-TASS

Fuente: ITAR-TASS

En este evento cultural estuvieron presentes personalidades del mundo del cine procedentes de quince países, entre las que figuraban estrellas de Hollywood como Adrien Brody, Michael Madsen y Steven Baldwin.

Este año se celebra la  12ª edición de “Meridianos del Pacífico” el festival de cine de los países de Vladivostok.

Entre las películas que concursaron en la Sección oficial había títulos procedentes de una quincena de países: Rusia,  México, Ecuador, Chile, Japón, Corea del Sur, China, India, Estados Unidos, Canadá, Sri Lanka, entre otros. Los principales temas de los largometrajes que compitieron en Vladivostok fueron la vida como un viaje, la vulnerabilidad social o el bajo nivel educativo.

Lo primero que llamaba la atención en el programa de películas en competición fue la abundancia de ‘road movies’, pues seis de diez filmes se adscribían a este género. En la película mexicana “La vida después”, dos hermanos van en busca de su madre. En el filme americano Stand clear of the closing doors, un niño autista viaja todo un día en metro, lo que para él supone una dura prueba psicológica. En la película srilanquesa 28, un marido traslada el cadáver de su ex esposa a su pueblo natal, después de que la violaran y la asesinaran en la ciudad. En la película rusa “Sangre”, una estación móvil de transfusión de sangre viaja por pueblos de provincia rusos.

El tema de los viajes no se limita a desplazamientos geográficos, sino que también puede abarcar un viaje de cultura a cultura. Este género encaja a la perfección en las tendencias culturales actuales, según declara para RBTH Anna Nóvikova, profesora de la Alta Escuela de Economía de Moscú: “El género de viaje impregna toda la cultura contemporánea. Está relacionado con los procesos de globalización, con la ideología contemporánea de cosmopolitismo…”.

Esta tendencia, el cruce de culturas global, casa bien con el lugar donde se ha celebrado el festival, la ciudad de Vladivostok, que es el centro administrativo del territorio (krai) de Primorie y el puerto más alejado de Rusia en el Lejano Oriente. Se encuentra cerca de China, de las dos Coreas y de Japón. Esto marca los rasgos distintivos de la ciudad: predominan los coches japoneses con el volante a la derecha (mientras que en la parte europea de Rusia los coches llevan el volante a la izquierda), se venden muchos productos de marcas desconocidas para los moscovitas y los habitantes de la parte europea de Rusia, y los letreros en las calles anuncian cadenas de supermercados y compañías de los cuales los moscovitas nunca han oído hablar.

Diferentes procedencias, mismos problemas 

Sobre los procesos de globalización y sobre cómo influyen en la creación cinematográfica ha hablado para RBTH el presidente del jurado de NetPac, (Organismo de Promoción de Cine Asiático en el mundo), el director y productor indio Siddharth Srinivasan.

Srivinasan representa esta organización, que se fundó hace dos décadas y se ha consolidado como la principal plataforma para dar a conocer y promover el cine asiático.

“La globalización tiene sus ventajas e inconvenientes, aunque no hay mal que por bien no venga”, sostiene el cineasta. “Los festivales europeos y los patrocinadores extranjeros pueden alentar el cine independiente. La globalización se está convirtiendo en una necesidad. Como director, me preocupa sólo una cosa: que los creadores tengan la posibilidad de conservar su mirada particular”.

Gracias a la globalización, los temas que abarca el cine independiente están convergiendo en todo el mundo. El primer tema, y el más importante, es la vulnerabilidad social.

¿Qué pueden tener en común películas de Sri Lanka, Chile, Rusia y Ucrania? Retratan personas impotentes ante la arbitrariedad y la ausencia de leyes, estigmatizadas por la sociedad y sin puntos de referencia morales. La película ucraniana La tribu muestra una banda criminal de adolescentes sordomudos que están internados en un centro especial para discapacitados, mientras que la película “Clase correccional” del cineasta Iván Tverdovsky, quien se alzó con el premio al mejor director, retrata un sistema educativo que literalmente aplasta a los alumnos con discapacidades. El cine social muestra de manera convincente que los problemas no entienden de fronteras, no importa el país donde se viva.

La película chilena Matar a un hombre, narra la historia de un hombre común, padre de familia, que es asaltado por un famoso delincuente del barrio al regresar del trabajo a casa. Su hijo se enfrenta al ladrón para recuperar lo sustraído, pero cuando este reacciona violentamente se ve obligado a disparar y lo deja malherido. Condenado a una breve pena, el malhechor sale de la cárcel y empieza a acosar a toda la familia, por lo que el padre se enfrenta al dilema de tomarse la justicia por su mano: esto es, matar al delincuente.

“La película está basada en hechos reales, el personaje en que está inspirado el protagonista cumple una condena de quince años por asesinato, y su hijo, por cómplice, otra pena de un lustro”, cuenta a RBTH el director de la película Alejandro Fernández Almendras. Cuando se le pregunta si la vida de los ciudadanos de a pie en Chile es tan dura, responde: “Es mucho peor. En la película el jurado intenta proteger a esta familia, dictando una orden de alejamiento, mientras que en la vida real en muchas ocasiones no se toman medidas de prevención”. Este es uno de los ejemplos de la tendencia que más ha predominado en el festival: rodar películas sobre lacras sociales que hacen estragos en la vida cotidiana.

Estrellas de Hollywood

Para atraer espectadores nada mejor que invitar a estrellas de Hollywood. Así lo considera Efim Zvenyatsky, fundador y director del festival “Meridianos del Pacífico”, quien invitó al evento a destacadas personalidades del mundo del cine. Este año el festival contó con la presencia de los actores Adrien Brody, ganador de un Oscar, Stephen Baldwin y Michael Madsen, uno de los intérpretes favoritos de Quentin Tarantino. Este último formó parte del jurado y resultó bastante insólito ver cada día a las diez de la mañana a una celebridad del cine americano, con aire soñoliento, en la sala de proyecciones.

En una entrevista concedida a RBTH, Michael Madsen confiesa que, en calidad de miembro del jurado, ha visto el proceso cinematográfico desde una óptica diferente: “Esta es la segunda vez que vengo a Vladivostok, pero la primera apenas pude ver películas. En esta ocasión, como miembro del jurado, estoy viendo un gran número de películas de distintos países que probablemente no habría visto si no hubieran estado en el festival”, dijo el actor.

Los organizadores del festival han lanzado una efectiva estrategia de marketing al invitar a famosas estrellas con el fin de atraer espectadores al festival (además de los destacados nombres norteamericanos ya citados, asistieron también muchos actores rusos).  Suscitando el interés de los espectadores por el cine independiente realizado en la región Asia-Pacífico, se consigue popularizar la cinematografía de los países participantes.

No es casual que el festival vaya adquiriendo envergadura con cada edición celebrada. En este momento, cuando ha alcanzado su 12ª edición, está considerado uno de los festivales más importantes en cuanto a repertorio, calidad de su organización y plantel de invitados.

Palmarés del festival

-Premio al mejor largometraje: Aguas tranquilas, de la directora Naomi Kawase, Japón.

-Premio Especial del Jurado: Sangre, de la directora Alina Rudnitskaya, Rusia.

-Premio a la mejor dirección: Iván Tverdovsky, por La clase correccional, Rusia.

-Premio al mejor actor principal: Daniel Candia, por su papel en Matar a un hombre, del director Alejandro Fernández Almendras, Chile.

-Premio a la Mejor actriz principal:  Maria Poezzhayeva, por su papel en Clase correccional, del director Iván Tverdovsky, Rusia.

-Premio al mejor cortometraje: Hermano pequeño, del director Remi St-Michel, Canadá.

-Premio FIPRESCI al mejor cortometraje: Niagara, de la directora Chie Hayakawa, Japón.

-Premio FIPRESCI al mejor largometraje: La vida después, del director David Pablos, México.

-Premio NETPAC: Un día duro, del director Kim Seong-hun, Corea del Sur.

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