Breve historia de los pantalones vaqueros en la URSS

Fuente: ITAR-TASS

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Los vaqueros eran para el ciudadano soviético algo más de una simple prenda de vestir. Eran un símbolo de libertad y de éxito. La gente solía ahorrar dinero para comprarlos, con ellos se especulaba y por ellos algunos acababan en la cárcel.

En la URSS, los primeros vaqueros aparecieron en los años 50. Se podría decir que la ‘fiebre del tejano’ comenzó en 1957, año en que Moscú acogió el Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes. Fue precisamente allí donde el pueblo soviético conoció el denim. Aquellos pantalones vaqueros se convirtieron en algo más que ropa, en un símbolo de todo lo que no había en la URSS.

Uno podía vestir como quisiera, pero tener unos vaqueros de marca como fondo de armario significaba que te había ido bien en la vida. El gobierno intentó combatir su expansión, se prohibieron y por llevarlos podían echarte de la universidad o del trabajo. Sin embargo, estas medidas solo consiguieron avivar el interés.

Los primeros que empezaron a presumir de vaqueros fueron los marineros, los hijos de los diplomáticos y los pilotos. Estos los traían del extranjero; a menudo tenían que llevarlos literalmente encima, poniéndose varios tejanos por debajo de otros pantalones más anchos. Más tarde, se empezaron a asociar a la cultura hippie y empezaron a coserles triángulos de tela para convertirlos en unos modernos pantalones campana.

¿Verdadero o falso?

Fuente: Ria Novosti / Alexèi Boitsov

Extraoficialmente, la diferencia más clara entre los tejanos verdaderos y los falsos era que los primeros se desgastaban con el uso.

Cuando alguien elegía unos vaqueros, comprobaba su autenticidad con ayuda de una cerilla mojada, pasándola por encima de la tela. Si la cerilla se teñía de azul, los vaqueros eran auténticos; si no, eran de imitación.

En realidad, la verdadera tela vaquera no se distingue por llevar un mal tinte, sino porque en el denim (del francés de Nîmes) solamente se tiñe la parte exterior. Esto hace que los vaqueros se desgasten después de un uso prolongado. Cuanto más los llevas, más valorados están. Los vaqueros soviéticos, por supuesto, no manchaban las cerillas. El uso de tintes baratos no estaba previsto en los estándares de fabricación.

Sin embargo, los fabricantes clandestinos aprendieron a teñir los vaqueros con tintes lavables, incluso aprendieron a envejecerlos con ayuda de una piedra pómez.

El contrabando

Los contrabandistas fueron los primeros ‘tiburones del mercado libre’ en la URSS. La propaganda del Estado los convirtió prácticamente en los principales enemigos del ciudadano soviético. Por su actividad no solo podían caer en el ostracismo social, sino también acabar en la cárcel. Con frecuencia, para evitar problemas con la ley, en lugar de revender sus rarezas las cambiaban por un bien menos escaso.

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El intercambio natural, el trueque, no estaba prohibido en la URSS (a diferencia de las transacciones en divisas). Los clientes habituales los conocían personalmente y los mismos contrabandistas también ‘escaneaban’ la muchedumbre en los mercados, junto a los hoteles, en las estaciones... en busca de gente pudiente.

Muchos de los empresarios más famosos hoy en día se dedicaron al contrabando de pantalones vaqueros (desde Oleg Tinkov al productor musical Aizenspis).

En 1961 dos contrabandistas, Rokótov y Faibishenko, fueron condenados a la pena de muerte. Uno de los puntos de la acusación era la ‘especulación con pantalones vaqueros’. Esta historia se ha recordado hasta nuestros días, ya que en su honor apareció en Norteamérica la marca de vaqueros Rokotov & Fainberg.

Los vaqueros a la piedra

La razón principal por la que apareció el lavado a la piedra fue la escasez de existencias. Vaqueros auténticos no había para todos y los soviéticos, que no se desgastaban ni a conciencia, estaban completamente desfasados.

La técnica del lavado a la piedra es sencilla. Consiste en dejar unas manchas en los vaqueros procesándolos con lejía.

¿Cómo lo hacían? Primero se enrollan los pantalones y se sujetan con gomas y otro tipo de bridas (sin que queden demasiado compactos, puesto que entonces apenas se verán las manchas). Después, en agua templada, que no hierva, se vierte lejía (aproximadamente 1 vaso por cada 5 litros). Más tarde se introducen los vaqueros enrollados en el agua y se dejan ahí entre 15 y 20 minutos. Se enjuagan los nuevos ‘vaqueros a la piedra’ varias veces y listo. Conviene recordar que se deben usar guantes y abrir la ventana cuando se siga este proceso.

Fuente: Ria Novosti

El culto

La marca de vaqueros más popular en los últimos años de la URSS fue Montana. Esta marca existe realmente en Alemania (fue registrada en 1976), pero los historiadores no se ponen de acuerdo sobre el origen de la ‘Montana’ soviética.

Probablemente se fabricaban de manera clandestina en alguna parte al sur de la URSS y después se distribuían en el mercado. Lo que gustaba de estos vaqueros era su dureza y su firmeza, literalmente se podían poner de pie en una esquina. Otras marcas populares eran Levis, Wrangler y Lee, unas marcas bastante caras. Su precio rondaba los 100 rublos (el sueldo mensual de un ingeniero soviético).

Quienes no tenían suficiente dinero se compraban unos procedentes de la India o de Polonia. La marca era lo que marcaba la calidad de estos pantalones, pero los amantes de la moda se las arreglaban cambiando las etiquetas.

A finales de los 80 empezaron a venderse también los vaqueros soviéticos Tver y Vereya, pero su calidad dejaba mucho que desear. Además, para su fabricación no se utilizaba denim. Finalmente prosperaron los samostrok, tejanos confeccionados por encargo con tela vaquera por los más atrevidos.

Artículo publicado originalmente en ruso en Rússkaya Semiorka.

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