La doble vida del señor Goliadkin

Alejandro Ariel. Fuente: Mijaíl Sinitsin

Alejandro Ariel. Fuente: Mijaíl Sinitsin

Dostoievski dilapidó la fama alcanzada con 'Pobres gentes', su novela de debut, con la publicación de su siguiente obra, 'El doble'. En pocos meses pasó de ser considerado la gran promesa de la literatura rusa a torpe imitador de Gógol. Pocos descalabros artísticos en la historia de la literatura pueden compararse al que sufrió Dostoievski con las desventuras del desequilibrado burócrata Yákov Petróvich Goliadkin. Tanto hirieron las críticas el amor propio de Dostoievski que veinte años después publicó una nueva versión, que es la que se ha leído fuera de Rusia hasta hace poco. Conversamos con el argentino Alejandro Ariel, responsable de la traducción de 'El doble' merecedora del premio Read Rusia, cuya edición incluye ambas versiones, la de 1846 y 1866, así como un extenso estudio introductorio.

Para Antón Chéjov la traducción es el arte de existir en dos lenguas al mismo tiempo. Ése es el objetivo final de todo traductor, conseguir un doble perfecto del texto original. Pero al pasar de una lengua a otra se experimenta lo que la traductora Sylvie Durastanti afirma en su ensayo Elogio de la traición: traducir es darse cuenta de la carencia de palabras. De ahí la labor creativa de salvar esos vacíos por parte del traductor, quien debe ver el mundo a través de los ojos del autor y poner a prueba su capacidad de empatía, tanto con éste como con los personajes y las situaciones que aparecen en la obra. El resultado de ese esfuerzo es lo que premia el galardón Read Russia, cuya ceremonia se celebra en la casa Pashkov de Moscú, actual sede de la Biblioteca Estatal Rusa, y organiza el Instituto de Traducción ruso.

El ganador de esta última edición en el apartado de literatura clásica ha sido Alejandro Ariel González por El doble, la novela “maldita” de Dostoievski. Maldita porque supuso para el escritor un duro revés para su ambición literaria. Los mismos círculos que lo habían encumbrado lo repudiaron de la noche a la mañana.

¿Dio Dostoievski a conocer El doble en el momento equivocado? ¿Era una obra fallida? ¿Le pudo, como dijo Belinski, su talento demasiado rico en fuerzas y produjo una obra oscura y desmesurada? Lo cierto es que Dostoievski rápidamente se propuso rehacer El doble siguiendo los consejos del influyente crítico -reducir su extensión un tercio y mejorar la segunda mitad- pero esto no se hizo realidad hasta dos décadas después.

La editorial Eterna cadencia ha publicado en un mismo volumen ambas versiones, los borradores para su reescritura incluidos en dos cuadernos de bolsillo, un estudio introductorio del traductor y bibliografía específica en varios idiomas. “Esta edición –comenta Alejandro Ariel a RBTH- es fruto de mis lecturas. En 2005 hice mi primer viaje a Petrozavodsk para asistir a un curso de verano. Allí, Vladímir Zajárov, presidente de la Sociedad Internacional Dostoievski, hizo una lectura inusual de esta obra y la semilla prendió. A partir de ahí, todo fue entusiasmo, constancia e investigación. Llegó un punto en que tenía tantas lecturas acumuladas que quería escribir algo sobre ello.

 Luego estaba el tema de las dos versiones, el hecho de que la primera, la de 1846, es casi desconocida en Occidente. Finalmente fue reunirlo todo y buscar un editor».

Los premios Read Russia visibilizan el trabajo silencioso de un nuevo plantel de traductores del ruso al español, a ambos lados del Atlántico, que están vertiendo a la lengua de Cervantes y Borges tanto a clásicos como a autores contemporáneos rusos sin pasar por lenguas puente –francés, alemán, inglés o italiano- como ha sido la práctica habitual hasta no hace mucho. “En España se traduce más literatura contemporánea, mientras que en América Latina priman los clásicos, básicamente por una cuestión de derechos de autor –apunta el traductor argentino-. Como sea, con esta nueva generación se está ofreciendo a los lectores obras bien traducidas, más respetuosas con el estilo del original y que abren perspectivas nuevas de interpretación”.

Puesto que el traductor debe hacer un esfuerzo para entender las zonas oscuras que ha dejado el autor, la buena traducción es aquella que a la vez que traslada el sentido a otra lengua, lo descubre.

Como sostuvo Friedrich Schleiermacher, uno de los teóricos clásicos de la traducción, la comunicación entre el traductor y sus lectores debería ser en todo semejante a la que se establece entre el escritor original y los suyos de tal manera que a los primeros se les ofrezca, dentro de lo posible, la comprensión y el disfrute del autor sin abandonar el ámbito de su lengua materna. Alejandro Ariel apunta que para conseguir esto ha intentado mantener y conservar los rasgos estilísticos e innumerables figuras retóricas del texto que, en la mayoría de las veces, “sirven para transmitir el estado emocional de Goliadkin y su perturbada percepción de la realidad y, en otras, el narrador se vale de ellas para tomar distancia del protagonista o del entorno de este”, así como todos los coloquialismos, barbarismos y extranjerismos del original.

El premio también incluye una cantidad en metálico para que la editorial cubra los costes de producción de otra obra en lengua rusa. Preguntado, Alejandro Ariel comenta estar a punto de iniciar la traducción de una antología de relatos fantásticos rusos del siglo XIX y de la obra teatral de Gorki. “Hoy por hoy no estoy obsesionado con ningún libro en particular, no tengo ningún título que quisiera traducir ‘sí o sí’. Los que tenía en mente –Judas Iscariote de Leonid Andréiev y las novelas de Dostoievski El doble y Memorias del subsuelo- ya las he hecho”.

Sociólogo de formación, Alejandro Ariel se aproximó a la lengua y literatura rusas de manera autodidacta. “De adolescente me gustaba leer a los rusos y, en general, siempre me han interesado las lenguas extranjeras. Uní ambas cosas y aquí estoy”, apunta.

Su preferencia es la literatura del siglo XIX, aunque la primera obra que vertió al español fue Pensamiento y habla, el ensayo del psicólogo ruso de origen judío Lev Vigotski. “Si tuviera que recomendar tres novelas rusas serían Eugenio Oneguin, Almas muertas y Crimen y castigo”, añade.

El hecho de presentar estas dos versiones en un solo volumen, además de ofrecer la posibilidad de cotejar las diferencias entre una y otra, ha cubierto una laguna: todas las traducciones a lenguas europeas de El doble habían tomado como original la versión de 1866, lo que ha supuesto una recepción crítica limitada salvo para aquellos que pudieran leer en ruso la de 1846.

“La existencia de dos versiones ha sido el gran escollo de la crítica occidental”, afirma el traductor en su introducción y recuerda que sólo hasta 1985 se publicó una edición en inglés que recogiera las diferentes versiones.

Lo cierto es que la revisión de 1866 no supuso una mejora sustancial del original. Hay cambios que saltan a primera vista, como el paso del subtítulo 'Aventuras del señor Goliadkin' a 'Poema de Petersburgo' o la extensión.

“Dostoievski eliminó muchos pasajes, pero algunas huellas de ellos quedaron esparcidas por el texto”, dejando “detalles confusos y episodios extraños”, comenta el traductor. Y es que no hay que olvidar que Dostoievski hizo la segunda redacción con agobios económicos, en la misma época en la que tuvo que redactar El jugador en tiempo récord para que apareciera, junto con la nueva versión de El doble, en las Obras completas que publicó Stellovski. “Nació hija de la necesidad, y más allá de algunos matices, no agrega nada esencial a la de 1846”, concluye González.

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