Se cumplen 65 años de la primera bomba atómica soviética

Arkadi Brish, uno de los creadores del arma. Fuente: ITAR-TASS

Arkadi Brish, uno de los creadores del arma. Fuente: ITAR-TASS

Con motivo del aniversario de los primeros ensayos de la bomba atómica en la URSS, el Museo Politécnico de Moscú ha renovado su exposición. Además de la maqueta de la primera bomba atómica a tamaño natural, se exhibe otro objeto importante: un tablero de mando. El proyecto de la bomba se terminó en 1946 cerca de Nizhni Nóvgorod y el director fue Lavrenti Beria.

Después de que Estados Unidos lanzara en 1945 un ataque nuclear contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, en la Unión Soviética se inició la búsqueda de un lugar para el desarrollo de su propio proyecto nuclear. En 1946, en el pueblo de Sarov, cerca de Nizhni Nóvgorod, se fundó un centro nuclear con el nombre en clave de Arzamás-16. Allí, en un tiempo récord, se creó la primera bomba. Las pruebas se realizaron el 29 de agosto de 1949, en un polígono en el óblast de Semipalatinsk (Kazajistán entonces formaba parte de la Unión Soviética).

La maqueta RDS-1 (así se llamó oficialmente la primera bomba) fabricada por operarios en Arzamás-16, se expone ahora en la sede del Museo Politécnico de Moscú, en el Centro Panruso de Exposiciones (VVTs), cerca del pabellón Cosmos (adonde se trasladó parte de la exposición del Museo Politécnico durante la remodelación del edificio principal). Y para el aniversario de Rosatom se montó una instalación interactiva: el “tablero de mando” de la bomba.

En la inauguración de la exposición estuvo presente uno de los creadores del arma, Arkadi Brish. El profesor Brish, de 97 años, es una leyenda viva de la industria nuclear. Brish contó a RBTH por qué los jóvenes científicos aceptaron participar en aquel entonces en la creación de la mortífera arma: “Si no creábamos la bomba después de Hiroshima, Estados Unidos podía continuar utilizando el arma atómica. Por tanto, la creación de la bomba soviética sirvió a la causa de la paz: entró en vigor la política de la contención”.

La política de contención es el popular argumento que se esgrime para la creación del arma nuclear soviética. Hay hipótesis de que incluso algunos científicos estadounidenses de aquel tiempo lo comprendían: “Circula la versión de que fueron científicos norteamericanos los que nos facilitaron la tecnología de la bomba atómica”, cuenta a RBTH Maria Platónova, conservadora de la colección del Museo Politécnico. “Estaban convencidos de que el arma atómica no debía estar en poder de un solo país”. Pero es imposible probarlo: el acceso a la mayoría de documentos del proyecto nuclear sigue estando restringido. 

La ciudad de la que se guarda silencio

Sin embargo, no todos, ni mucho menos, compartían la idea de mantener la paz alcanzando la paridad en la carrera armamentística. En la exposición del museo, en el stand multimedia, se reproducen citas de memorias y de una entrevista a los participantes del primer proyecto nuclear en Arzamás-16, desde los principales constructores hasta los obreros rasos.

Por ejemplo, el físico experimental Puzhliaev se lamenta de que no le resultó nada fácil decidir si aceptaba trabajar o no en el arma de destrucción masiva. Pero casi nadie entonces expresaba en voz alta sus dudas: corrían tiempos difíciles, y el régimen de trabajo en Arzamás-16 era rigurosamente confidencial.

El proyecto era hasta tal punto secreto que el nombre del pueblo de Sarov, junto al cual construían Arzamás-16, se omitía de todas las guías y mapas. La ingeniera jefe Manakova recordaba que incluso en casa la gente temía hablar del trabajo: “Cuando mi marido acudió a las primeras pruebas de la bomba no me dijo nada. No fue hasta años después cuando supe de esos ensayos y entendí que mi marido había estado allí. Y eso a pesar de que yo trabajaba en la misma oficina de diseños y proyectos”. 

Fuente: ITAR-TASS

El comunismo tras el alambre de espino

El director del proyecto nuclear era el comisario (ministro) de Asuntos Internos de la URSS, el tristemente famoso Lavrenti Beria, que utilizaba intensamente en la construcción la mano de obra de los presos.

Arzamás-16 fue construido en un año: los nuevos talleres, los polígonos, las casas para los especialistas. De los presos en la construcción de Arzamás-16 habló también el académico Andréi Sájarov uno de los creadores de la bomba de neutrones y futuro defensor de los derechos humanos, en sus memorias sobre el “espino patrio” (así denominaban los científicos al instituto secreto tras el alambre de espino). Nadie sabía que allí se trabajaba en el desarrollo de la nueva arma, ni siquiera los campesinos de los pueblos de los alrededores: “La ciudad representaba un fruto bastante extraño de la época. Los campesinos de los míseros pueblos vecinos sólo veían el cercado de alambre de espino y encontraban para él una explicación estrambótica: consideraban que detrás de la valla se construía el comunismo 'de prueba”.

La construcción del 'comunismo de prueba' se efectuaba desde la primavera de 1946. Se trabajaba a destajo, pues la dirección del país exigía fabricar la bomba en el plazo más breve. El tornero de maquinaria precisa Kireev recordaba: “En la guerra trabajábamos hasta doce horas diarias, una vez acabado el conflicto nos trasladaron a la instalación nuclear… Nada cambió, seguíamos trabajando jornadas de como mínimo doce horas. Una vez, se presentó en el taller a medianoche el constructor general Jariton y pidió urgentemente que se fabricara un componente. Le dije que la medianoche era, por lo general, la hora punta de trabajo, y que si venía más tarde habría que aplazarlo para el día siguiente”.

La bomba, cuya maqueta se expone en el Museo Politécnico, tiene un diseño asombrosamente atractivo, a pesar de que no debía ser vista por ojos ajenos al proyecto. Se asemeja a una ballena con dos ojos similares a ojos de buey. Por eso, al principio los visitantes del museo se comportan ante ella como si se tratara de un juguete inofensivo.

Quienes así lo deseen, sobre todo los niños, pueden disfrutar de la atracción: se suben a la plataforma vibradora: la vibración, el ruido ensordecedor, una llamarada deslumbrante… se trata de un simulacro de explosión nuclear.

“Ahora los niños han dejado de temer la amenaza nuclear. Pero unas décadas atrás se percibía como un peligro completamente real”, cuenta Platónova. “Pero una vez que los niños participan en la atracción comienzan a reflexionar seriamente en el tema”. Así que esta exposición no es militarista, como parece a primera vista, sino todo lo contrario: es una exposición humanista.

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