Un museo dedicado a la memoria de la Primera Guerra Mundial

En Tsárskoe Seló, no muy lejos de Petersburgo, se ha abierto el museo llamado “Rusia en la Gran Guerra". Este es el primero museo del país dedicado por entero a la Primer Guerra Mundial.

Fuente: ITAR-TASS

La historia del museo hunde sus raíces en la época del último zar ruso, Nicolás II. Durante la celebración del bicentenario de Tsarskoe Seló, una residencia en las afueras de la ciudad de la familia imperial, en 1911, Nicolás II recibió un valioso regalo, una colección de grabados, cuadros, iconos y mapas relacionados con la historia militar de Rusia desde la antigüedad.

El regalo provenía de Elena Tretiakova, la viuda del hermano del creador de la famosa Galería Tretiakov de Moscú. A Nicolás el regalo le tocó el alma y dio la orden de construir un edificio especial para el Archivo militar de Rusia, un museo a la gloria militar del país. En la construcción del pabellón Ratni, Elena utilizó sus propios fondos.

Desde los primeros días de la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial empezaron a llegar al archivo trofeos del frente que posteriormente se convirtieron en la mayor parte de la colección del museo, por lo que se decidió renombarlo como Museo de la Gran Guerra.

El pabellón Ratni de su majestad se terminó de construir a comienzos de 1917, pero en 1918 el museo fue cerrado por los bolcheviques. "Es difícil imaginarse lo que sintió Elena Tretiakova ya que había pasado casi toda su vida recopilando la colección y había invertido gran parte de su hacienda en la construcción de un museo que tan solo existió un año", dice Elena Taratinova, directora del museo Tsárskoe Seló.  "Nadie sabe lo que pasó con ella después de esto, simplemente desapareció".

El Pabellón Ratni no volvió a convertirse en el Museo de Tsarskoe Seló hasta 2010, inmediatamente después se decidió restaurarlo y abrirlo de nuevo como el Museo de la Gran Guerra. En la reapertura del museo se gastaron 292 millones de rublos (8 millones de dólares) del presupuesto federal.

Guardaron las insignias a riesgo de ser fusilados

En el centro de la exposición hay un modelo de caza francés Niuport-17 fijado al techo, que fue muy utilizado en las acciones militares de la época. En el techo abovedado hay frescos ajados que se descubrieron bajo las capas de estuco durante la restauración.

La colección está compuesta de una gran cantidad de uniformes militares, fotografías, armas, objetos de uso militar y todo tipo de documentos. "Los trajes son la parte más atractiva de la exposición de cualquier museo", dice el científico jefe del Museo estatal de Tsárskoe Seló, Alexéi Rogatnev. "No estamos hablando de imágenes en dos dimensiones sino de objetos tridimensionales policromados que atraen la atención de los visitantes. Los trajes transmiten muy bien la atmósfera de la época".

En una de las salas, tras una vitrina hay casacas militares de gala que pertenecieron a miembros de la familia real, cada uno de sus propietarios tenía un cuerpo personal a su mando (unas 4000 personas).

Fotos: "Primera Guerra Mundial: el final de una época"

El museo conserva un curioso objeto, la insignia de la Rusia zarista, una bandera negra, amarilla y blanca. Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, por guardar esta insignia uno se arriesgaba a ser fusilado, por lo que hasta nuestros días han llegado muy pocas banderas con el escudo de armas.

En una pequeña pantalla fijada a la pared se puede ver la correspondencia entre Nicolás II  y el káiser Guillermo II, telegramas que se enviaron poco antes de que comenzaran las acciones militares, en los que el zar ruso pedía al mandatario alemán que evitara la guerra que se avecinaba, firmando Niki, para recordarle la amistad que les unía. De momento, los telegramas y el resto de la información histórica que en los monitores solo están en ruso. En los próximos seis meses debería estar lista la versión inglesa.

Una sartén para las balas

 

Fuente: ITAR-TASS

Entre los objetos expuestos hay una sartén de metal que los pilotos se ponían bajo el asiento para protegerse de las balas. También hay una fotografía de un perro y un caballo con máscaras antigás, esas máscaras inventadas durante la Primera Guerra Mundial por el científico ruso Nikolai Zelinski.

Se puede ver un auténtico Ford T Touer de la época de la guerra, una variante exclusiva del Modelo T de Ford, que la empresa estadounidense produjo entre 1908 y 1927. A día de hoy quedan muy pocos coches de este modelo debido al desgaste producido por su uso continuado.

A comienzos del siglo XX en el Ejército ruso aparecieron las tropas motorizadas. En el momento en que estalló la Primera Guerra Mundial el ejército tenía cinco compañías de automóviles así como una compañía de entrenamiento.

Para noviembre de 1917 el ejército ruso contaba ya con 22 compañías de automóviles y casi 10.000 automóviles. Los extras del ejemplar que se muestra en la exposición permiten suponer que fue fabricado entre 1908 y 1914.

En el pabellón Ratni también hay una galería de retratos de caballeros de la orden de San Jorge, en la que entraban no solo nobles sino soldados normales por su valentía y coraje. Fue precisamente en la Primera Guerra Mundial donde apareció el término de "heroísmo en masas", los condecorados con la orden de San Jorge fueron tantos que había que elegir por votación en cada compañía de quien sería el retrato que aparecería en la galería. Durante la guerra recibieron la cruz de San Jorge (la condecoración por servicios militares y valor para los grados más bajos) un millón y medio de personas.

Dirección del Museo: Ciudad de Pushkin, Fermskaya doroga 5 A.

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