La División Salvaje, jinetes de la Primera Guerra Mundial

Fuente: wikimedia.org

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En verano de 1914, por orden de Nicolás II, se formó la División de Caballería Nativa del Cáucaso, que es más conocida como la División Salvaje. Estos jinetes aterrorizaron al enemigo en el frente del este.

Los musulmanes del Imperio ruso, la mayoría de los cuales vivía en el Cáucaso o en Asia Central, estaban exentos del servicio militar obligatorio. Las autoridades temían armar a unos pueblos potencialmente hostiles. Resulta difícil saber hasta qué punto estos temores estaban justificados, ya que a mediados del siglo XIX, decenas de montañeros musulmanes sirvieron en el Convoy del Zar, una unidad especial responsable de la seguridad personal del mandatario.

En agosto de 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, un fervor patriótico recorrió el país y por orden del Nicolás II se creó la División de Caballería Nativa del Cáucaso. Numerosos jóvenes de las montañas, capaces de controlar un caballo, ensillarlo y disparar de manera certera desde la niñez, respondieron a la llamada del zar blanco, que es como se llamaba en el este al emperador ruso. Los dzhigit llegaron con sus propios caballos y uniformes, los cherkesos con sus caftanes y gorros de lana, sus dagas y espadas. El único gasto público fueron los rifles. El salario era de 20 rublos mensuales.

El servicio en este batallón de caballería era voluntario. De modo que, aunque el 90% del personal de la División Salvaje era musulmana, entre los soldados y oficiales también se podían encontrar aristócratas rusos, alemanes del Báltico e incluso marinos de la Flota del Báltico. En un colectivo en el que abundaban los aristócratas arrogantes, en este batallón había más democracia y el servicio en la batalla era la auténtica vara de medir.

A finlaes de 1914, después de cuatro meses de entrenamiento, el batallón fue transferido al frente del sudeste donde había duras luchas contra los austriacos. 

Hermano del zar y padre para los soldados

Desde el momento de su creación hasta 1919, el gran Duque Mijaíl Alexándorovich, hermano del último zar, fue uno de sus más famosos comandantes. Era una gran jinete y un atleta con dedos de acero que podía romper una baraja sin abrir y tenía muy buena reputación entre los montañeses. El general adjunto de 35 años era un hombre sin pretensiones que llevaba una vida modesta y no tenía miedo a enfrentarse a las situaciones más difíciles.

La división tomó con él Stanislavov (actualmente Ivano-Frankivsk) y liberó Galizia en 1915.

Mijaíl Alexándrovich fue fusilado el 13 de junio de 1918. Apenas sobrevivió a la liquidación de su división, que había sido desmantelada unos meses antes.

Primera Guerra Mundial: el final de una época (En fotos)

El siguiente ejemplo puede ayudar a hacerse una idea cómo eran las tácticas militares de la División. Es primavera del año 1915, cuando los ríos de Galizia están todavía llenos de hielo. Un centenar de montañeses, cada uno con una daga entre los dientes, cruza el Dnister por la noche, camino de la posición austriaca al otro lado del río. De manera silenciosa se quitan de en medio a los centinelas. Hay trincheras con alambre de espino frente a ellos. Sin una herramienta especial con las que poder cortar, se lanzan al ataque.

Gatean de manera silenciosa por las trincheras y armados solamente de las dagas caen sobre los enemigos lanzando gritos guturales. El enemigo retrocede asustado. Otros montañeses, a caballo, atacan a los que huyen. Han conseguido cruzar el río...

La guerra no era fácil, a pesar de que las tropas del káiser austriaco fueran inferiores en términos de capacidad de combate. Alrededor de 10.000 soldados y oficiales sirvieron en la división en sus tres años de vida. Teniendo en cuenta que había 3.450 jinetes permanentes, es fácil estimar el alto porcentaje de bajas que hubo.

Además, es inadecuado imaginar a los montañeses como un anacronismo en los inicios de la “guerra motorizada”. La División Salvaje contaba con rifles y vehículos armados.

A pesar de todo su heroísmo, estos jinetes que eran excelentes en misiones de reconocimiento y de distracción, no eran muy efectivos en la guerra de trincheras, en las que los soldados se tenían que quedar hasta un año en el mismo lugar.

En cualquier caso, se convirtieron en una importante arma de propaganda: su nombre era suficiente para infringir terror en todo el frente del este. En las mentes de alemanes y austriacos se creó la imagen de un salvaje jinete asiático que no conocía la compasión, algo que no estaba muy alejado de la realidad.

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Publicado originalmente en ruso en Rússkaya Semiorka.