Mujeres supervivientes del gulag cuentan sus historias en una nuevo documental

Tras casi dos años el rodaje está a punto de finalizar. El proyecto está dirigido por Marianna Yarovskaya y el historiador Paul Gregory. Fuente: archivo personal

Tras casi dos años el rodaje está a punto de finalizar. El proyecto está dirigido por Marianna Yarovskaya y el historiador Paul Gregory. Fuente: archivo personal

Está a punto de finalizar el rodaje del documental ‘Las mujeres del gulag’ que recoge las entrevistas realizadas a algunas de las últimas mujeres que vivieron en los campos de trabajos forzados soviéticos.

Dos años después de completar una campaña de micromecenazgo en Kickstarter para financiar su documental, la directora Marianna Yarovskaya y el historiador Paul Gregory están a punto de finalizar el rodaje de la película.

El proyecto surgió a raíz de un seminario impartido por Gregory sobre los regímenes totalitarios en la Universidad de Stanford, donde imparte clases como miembro de la Institución Hoover. En el seminario se habló de la fundación Shoah de Steven Spielberg, que se dedica a entrevistar a los últimos supervivientes del Holocausto, lo que le dio a Yarovskaya —una norteamericana de ascendencia rusa— la idea de grabar a los supervivientes del gulag

“Para Rusia”, dice Yarovskaya, “las represiones masivas constituyen un componente más esencial de su historia que el Holocausto. Y, sin embargo, aún no hay ningún museo importante ni ningún monumento en honor a las víctimas en el centro de Moscú. Estoy asombrada por la ausencia de un arrepentimiento global”.

El papel de Gregory (el socio de Yarovskaya en el proyecto) fue determinante en la decisión de centrar el tema principal de la película en las víctimas femeninas del gulag. Gregory —profesor de economía en la Universidad de Houston y director de un taller de Hoover sobre regímenes totalitarios— es el autor del libro Mujeres del gulag, que cuenta las historias de algunas de las mujeres que aparecen en la película.

La familia de Yarovskaya fue víctima de las represiones de Stalin. Su abuelo trabajaba como actor tanto en el teatro MJAT-2 de Moscú como para los estudios Lenfilm. Pasó varios años en un campo de trabajos forzados situado a 80 kilómetros de Leningrado por seguir la línea política ‘incorrecta’. Después de salir del campo de trabajo, solo se le permitió representar personajes negativos, en particular ‘enemigos del pueblo’. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, se ofreció voluntario para ir al frente, donde murió asesinado en los primeros días de la guerra.

El padre de Gregory huyó a Harbin, una ciudad China situada junto a la frontera con Rusia, cuando el Ejército Rojo entró en la ciudad siberiana de Chitá tras la Revolución de 1917. “En los archivos de la Institución Hoover encontré un decreto de Stalin sobre ‘el retorno de los exiliados en Harbin’”, dice Gregory. “A su regreso, todos fueron ejecutados. Podría haberle pasado a mi padre, de haber aceptado —como muchos otros exiliados en Harbin— la invitación de Stalin de regresar a Rusia para construir el socialismo”.

Una parte importante del material sobre el gulag se conserva en los archivos de Hoover. Yarovskaya y la historiadora de Stanford Natalya Reshetova trabajaron allí y en Moscú —en los archivos de la ONG rusa Memorial y en la Fundación Sájarov— para localizar a las protagonistas de la película.

La Universidad de Stanford también proporcionó los fondos iniciales para la película. Yarovskaya y Gregory consiguieron más dinero después por medio del crowdsourcing o micromecenazgo. “Hemos obtenido decenas de miles de dólares de personas que viven en Rusia, en los antiguos países soviéticos y en Europa del Este. Los rusos y los trabajadores rusos de Google han sido quienes más dinero han donado”, afirma Yarovskaya.

Al año siguiente, el proyecto recibió la beca ‘Conectando culturas a través del cine’ del Fondo Nacional para las Humanidades. El cineasta ganador de un Oscar Mark Harris y Mitchell Block, productor ejecutivo de varias películas galardonadas con este premio, se subieron a bordo como productores. 

¿Quiénes son las protagonistas?

La película cuenta cinco historias principales. Una de las mujeres que aparecen es la exsecretaria de Alexander Solzhenitsyn, Nadezhda Levitskaya, que pasó un total de nueve años entre presiones y campos de trabajo.

Fuente: archivo personal

Otra es una campesina de los Urales llamada Fekla Andréieva, que provenía de una familia de kulaks (nombre que se daba a los campesinos ricos) y en otoño de 1931 acabó en el sistema de trabajos forzados.

Fuente: archivo personal

Se les declaró ‘enemigos del pueblo’ y fueron trasladados desde la aldea de Suvori a un bosque de abedules junto con otras personas también desplazadas y abandonadas en aquel páramo helado.

En 1938, el padre de Fekla fue arrestado y ejecutado. En su último encuentro le dijo: “Solo quiero que hagas una cosa: consigue una educación, es más difícil anular a una persona educada”. Fekla se tomó aquellas palabras muy en serio. Tras obtener el doctorado, dedicó su vida a la rehabilitación de las víctimas de la represión con ayuda del sistema judicial. Escribió cartas a varios tribunales y su trabajo resultó decisivo en la rehabilitación de 419 personas.

Otra de las protagonistas —la pianista Vera Hecker— fue arrestada solo porque tenía apellido alemán.

Fuente: archivo personal

En 1941, con 19 años, fue condenada a cinco años en los campos de trabajo. Su profesora de música trató de defenderla; acudió a la policía secreta soviética, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, y les dijo: “miraos, estáis doblegando a los pueblos, persiguiendo niñas”. La profesora también fue arrestada y enviada a un campo de trabajo en Udmurtia, donde finalmente murió.

“La gente estaba destrozada”, dice Yarovskaya. “Se les anuló la voluntad de resistir, tanto a ellos como a las generaciones venideras. Es algo que ha quedado en el acervo genético de la nación y se mantendrá ahí algún tiempo. Si te resistes, perecerás… Puedo ver cómo se han hecho añicos sus destinos y lo doloroso que resulta para ellos. Una cosa es sobrevivir y otra diferente construirse una vida feliz. Muchas de ellas no tienen hijos, no tienen familia. Las vidas de estas mujeres se rompieron y todavía nadie les ha pedido disculpas por la juventud perdida, por el sufrimiento, por la ejecución de sus padres...”

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