Los autógrafos de los grandes escritores rusos

A la hora de firmar y dedicar sus libros también dejaban su impronta personal. RBTH invita a sus lectores a echar un vistazo a los autógrafos de Dostoievski, Maiakovski, Brodsky y Tolstói, entre otros.

En la pasada primavera se subastó un pequeño libro con el autógrafo de la poeta Marina Tsvetáieva por el precio récord de 230.000 dólares. Ocurrió en la librería anticuaria de Moscú “V Nikitskom”. Entre los libros que se pusieron a la venta se hallaban también ejemplares firmados por otros gigantes de las letras como Dostoievski, Tolstói, Chéjov y Brodsky…

El valor de cada autógrafo depende no sólo de la personalidad del autor, sino también de muchos otros factores. ¿En qué circunstancias y dónde se firmó el autógrafo? ¿En qué libro, postal u otro formato dejó estampada su firma el autor? ¿Quién es el destinatario del autógrafo y qué relación mantenía con el escritor? Por supuesto, también juega un papel importante el propio contenido de la dedicatoria. “Cuanto menos estandarizada y más original sea la dedicatoria de un libro mayor es su valor y precio”, afirma Serguéi Burmístrov, director general de subastas de la librería anticuaria “V Nikitskom”.

Tsvetáieva sabía encontrar palabras diferentes para cada persona a la que le dedicaba un libro, por eso sus autógrafos tienen un valor tan alto.

Su poema, Zar-doncella, que se vendió por una suma exorbitante, se publicó en 1922 en Berlín. Por lo general ,los autógrafos de la poeta están valorados en 100.000 - 120.000 dólares, pero en este caso concreto el precio aumentó por el destinatario del autógrafo. Tsvetáieva regaló este libro a Aleksandr Kérenski, ex primer ministro del Gobierno Provisional instaurado tras la Revolución de Febrero, con quien Tsvetáieva, según rumores no confirmados, mantuvo una aventura. “A mi querido Aleksandr Fiódorovich Kérenski, un cuento ruso donde nada se arregla…”, así le dedicó Tsvetáieva este libro en 1924.

Autógrafo de Tsvetáieva

Otra historia de amor también está detrás de la dedicatoria que Anna Ajmátova escribió en el dorso de un retrato suyo que le hizo su tercer marido, Nikolái Punin, en la década de 1920. “A mis queridos amigos en Asia, con amor”. La fotografía fue enviada al compositor Alekséi Kozlovski y a su mujer Galina, que vivían en Taskent, donde Ajmátova los conoció durante su deportación. Ajmátova ocultaba concienzudamente sus relaciones y las disfrazaba: en fecha reciente los investigadores confirmaron que Kozlovski fue uno de los amantes de la poeta y este hecho hizo que aumentara drásticamente el precio de la vieja fotografía.

Autógrafo de Ajmátova

 Los autógrafos de Pushkin, Dostoievski y Tolstói son tan caros que a menudo tratan de falsificarlos. Ante nosotros hay un retrato fotográfico de Dostoievski con su firma. ¿Es verdadera? Para determinarlo fue preciso someterla a una prueba pericial. Sí, dijeron los expertos de la Biblioteca Estatal de Rusia, la dedicatoria es del puño y letra de Dostoievski. En la librería anticuaria lograron determinar cuál era su procedencia y la historia del objeto gracias a las indicaciones de sus propietarios.  Esta postal dedicada iba dirigida a Sofia Jitrovo, la hija adoptiva del escritor Alekséi Tolstói (1817-1875).

Autógrafo de Dostoievski

Autógrafo de Chéjov dedicado a Nikolái Leikin, escritor y editor de la revista humorística “Oskolki”, en la que el dramaturgo de Taganrog publicó más de 200 relatos. Fue por consejo de Leikin que Chéjov emprendió la escritura de las escenas-relatos miniatura que tanta fama le dieron. Chéjov y Leikin estuvieron en contacto toda su vida, así que este es un fragmento de su prolongada amistad.

Autógrafo de Chéjov

La letra saltarina de Tolstói está escrita en un sinfín de libros y todos tienen ahora un valor museístico gracias a sus autógrafos. Por ejemplo, aquí tenemos una dedicatoria en el pliego del primer volumen de sus obras completas que el escritor regaló a su médico de cabecera, Konstantín Vólkov.

Autógrafo de Tolstói

En 2013 apareció en Moscú un autógrafo único de Tolstói que por el momento no ha salido a subasta. El bisabuelo de un estudiante moscovita de un instituto prerrevolucionario estaba leyendo Guerra y paz y se preguntaba: ¿dónde cae el acento en el apellido de los protagonistas, Rostov? El joven decidió dirigirle una carta al autor con esa pregunta, y éste le respondió escribiendo en una postal una única palabra: el apellido “Rostóv” con la tilde puesta.

Tolstói, bromeando, se dirigió al estudiante como si fuera un noble adulto: “Su excelencia”. Esta anécdota incluso se menciona en una de las biografías del escritor ruso. La tarjeta postal la guardaba como una reliquia la familia del destinatario. Según Serguéi Burmístrov, si este autógrafo hubiera salido a subasta, habría causado un auténtico revuelo debido a la cautivadora historia que encierra. “Estas curiosidades, los incidentes divertidos, ayudan a ver de otra manera la personalidad de grandes personajes del pasado”, afirma Burmístrov. “A partir de esa anécdota se comprende que Tolstói no era sólo un severo sabio barbudo. Está claro que también le gustaba gastar bromas e incluso dejar estupefactos a las personas que le escribían cartas”.

Famoso por su estilo brillante y escandaloso, Vladímir Maiakovski, a la hora de firmar sus libros, era bastante conservador. Poeta popular, uno de los primeros en la historia de la literatura rusa en sentir el amor y la admiración de los miles de lectores que acudían a sus recitales y les llevaban sus libros para que se los dedicara, solía firmar con su nombre a secas, Maiakovski, para acabar pronto. Pero en el caso de este autógrafo fue diferente. “De Maiakovski, a cierta señorita estupenda” leemos en la página de título de la edición a su poema “La nube en pantalones” y por el aspecto de su letra parece que escribió la dedicatoria sin apoyarse en nada. Quizá, después de un recital, el poeta firmara con mano veloz un libro tendido hacia él y no oyó bien el nombre de su admiradora o simplemente se expresó así en broma…

Autógrafo de Maiakovski

A veces también se encuentran notas manuscritas indeseadas que son valiosas porque el autor nunca imagino que se difundirían. El poeta Iósif Brodsky dejó en las páginas de título de sus libros muchos autógrafos. Pero tiene un valor especial el currículo que envió como colaborador a tiempo parcial de la editorial Progress, que el poeta rellenó de su puño y letra y firmó en agosto de 1964, cuando buscaba trabajo esporádico como traductor. Podría parecer que se trata de un documento ordinario. Pero nada más lejos de la verdad. En la casilla de “puesto en su trabajo principal”, Brodsky escribió “trabajador en un sovjós”, y en la casilla “dirección de trabajo” indicó el lugar al que fue deportado, el pueblo de Norénskaya, en el óblast de Arjánguelsk. Resulta evidente que el poeta, languideciendo por la falta de trabajo intelectual en el pueblo, enviaba a las editoriales currículos con la esperanza de obtener algún encargo como traductor o editor…

Autógrafo de Brodsky

Agradecemos a la librería anticuaria “V Nikitskom” de Moscú la ayuda que nos han brindado en la preparación de este artículo.

Lea más: Una historia de amor y poesía en tiempos de la represión estalinista>>>