El profeta y oligarca que predijo la Primera Guerra Mundial

A lo largo de dos décadas hasta 1914, gracias a los recursos de un oligarca, se fundó un grupo internacional de expertos cuya área de interés era la predicción del futuro. La persona que lo encabezó fue el judío de Varsovia y banquero ruso Iván Bloch (también conocido como Jean de Bloch, Johann von Bloch, Jean de Bloch o Iván Blioj), un pionero del capitalismo ruso que amasó una prodigiosa fortuna con el negocio ferroviario.

Iván Bloch. Fuente: archivo

A finales del siglo XIX, cuando la ametralladora y el avión, la radio y el motor de gasolina, aún estaban saliendo del estadio experimental, cuando el ejército aún no había renunciado por completo a las tácticas de los tiempos de Napoleón, el grupo de expertos de Bloch predijo cómo transcurrirían las guerras del futuro siglo XX.

En esta “predicción” cupo casi todo, con la sola excepción de la bomba atómica: fusiles automáticos a base de aleaciones de nuevos metales; visores ópticos; dispositivos de visión nocturna y chalecos antibalas; ejércitos de muchos millones de efectivos luchando en frentes bélicos sembrados de alambre de espino a lo largo de miles de kilómetros.

No existía todavía la palabra “tanque”, pero en la predicción aparecían ya “unas cureñas reforzadas (automotor y de cañón), invulnerables a las balas, a la metralla y a las granadas ligeras”.

Para que se produjera el primer vuelo de avión con motor de la historia, gracias a la hazaña de los hermanos Wright, aún quedaba casi una década, pero en las predicciones se decía: “Quien posea el aire, capturará al enemigo con sus manos, lo privará del medio de destrucción de puentes y carreteras, de medios de transporte, quemará sus almacenes, hundirá su flota, se convertirá en una amenaza para sus capitales, lo privará de gobierno, aportará caos a las filas de su ejército y exterminará a este último durante la batalla y el repliegue”.

El resultado de estas predicciones era una clara alusión a que en el curso de la nueva guerra mundial, una guerra sin precedentes, “las nuevas teorías de revuelta pública” borrarían el “orden cultural” existente.

Seis volúmenes de profecías

Bloch logró centrar el interés hacia su trabajo de economistas, estadistas, ingenieros y, sobre todo, de militares de los Estados Mayores de países europeos, sobre todo Rusia y Alemania. El resultado fue una obra de seis volúmenes, La Guerre Future, una predicción exacta de la Primera Guerra Mundial. La primera edición, titulada La guerra del futuro en sus relaciones técnicas, económicas y políticas, se publicó en 1898 en Petersburgo, en ruso, y en Berlín, en alemán. Más tarde, el libro vio la luz en inglés, francés y polaco.

“Telégrafos y teléfonos de campaña, aparatos luminosos ópticos diurnos y nocturnos para señalizar y alumbrar campos de batalla, aparatos fotográficos para tomar imágenes de terrenos a gran distancia, medios de observación del traslado de tropas desde el aire”, así predijo las nuevas condiciones de exploración bélica.

Primera Guerra Mundial: el final de una época (Fotos)

La obra de Bloch vaticina “una especie de barcos que corren por el aire”, que aún no existían en 1898. Los términos “aparato volador” y “aeroplano” ya aparecen en el libro. Incluye un grabado fantasioso, “Destrucción del ejército con un vehículo aerostático”, un aparato extraño, similar a un plato volador con mástiles, que vuela por el cielo rodeado de globos aerostáticos y dispara desde lo alto a los ejércitos enemigos con cañones.

En la guerra del futuro los ejércitos tendrán que “aguantar, quizá, todo un invierno o incluso dos”, decía Bloch, es decir, pronosticaba una guerra que duraría varios años. En aquel tiempo incluso los generales del Estado Mayor alemán se preparaban para entrar en un combate que no durase más de medio año.

El tercer volumen está consagrado a la guerra en el mar: “Se puede prever en un futuro cercano el empleo de submarinos…”. Como vaticinó Bloch, los acorazados enormes y los buques de línea se volverán indefensos ante las bandadas de submarinos, “barcos enteros volarán por los aires”.

“Nuestros cálculos -escribe Bloch- muestran que sólo Inglaterra podría hacer gala de su poderío en una guerra prolongada en el mar. Pero, por otro lado, la interrupción de los transportes marítimos infringirá a Inglaterra el daño más grave…”. La guerra de 1914-1918 confirmó este pronóstico.

No hay profeta en su tierra

Sin embargo, este libro no obtuvo un reconocimiento mundial. A Bloch lo consideraban un multimillonario excéntrico.

El autor de La guerra futura esperaba que los soberanos comprendieran la absurdidad y lo pernicioso de permitir que estallara un conflicto armado internacional. Pero los políticos hicieron caso omiso de sus pronósticos.

Aun así, Bloch participó en la Primera Conferencia de la Paz, celebrada en la Haya en 1899. Aunque no lo incluyeron en la delegación oficial, en esta conferencia de 26 estados se adoptaron por primera vez en el mundo las restricciones militares sugeridas por Bloch: se prohibió (es verdad, sólo por cinco años) “el lanzamiento de proyectiles y de otros objetos explosivos desde globos aerostáticos y con ayuda de otros medios nuevos semejantes”, el uso de balas explosivas y proyectiles “que tiene por único objetivo difundir gases asfixiantes o nocivos”.

Huelga decir que en la guerra del futuro nadie observó ninguna de estas restricciones.

En 1901, Bloch fue nominado al premio Nobel de la Paz, que se acababa de instituir, pero no resultó vencedor. Se le adelantó el suizo Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja internacional.

Bloch consiguió establecer en la ciudad suiza de Lucerna el Museo Internacional de la guerra y la paz. Ironía amarga: a los visitantes del museo les atraían mucho más las salas dedicadas a la guerra, para las que Bloch donó una gran colección de equipamiento y de armas, que las salas donde se exhibía la propaganda del pacifismo. El museo abrió sus puertas tras su muerte: el profeta de la guerra mundial murió en enero de 1902.

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Artículo abreviado. Publicado originalmente en ruso en 'Rússkaia planeta'.