¿Se multará a los rusos por usar palabras extranjeras?

Los diputados del Partido Liberal-Demócrata de Rusia han propuesto que se impongan multas para sancionar la excesiva utilización de palabras extranjeras en la lengua rusa. Fuente: ITAR-TASS

Los diputados del Partido Liberal-Demócrata de Rusia han propuesto que se impongan multas para sancionar la excesiva utilización de palabras extranjeras en la lengua rusa. Fuente: ITAR-TASS

Diputados rusos, preocupados por la pureza de su lengua, han presentado en la Duma Estatal - la Cámara baja del Parlamento ruso- un proyecto de ley que prevé multas por el uso abusivo de palabras extranjeras en la lengua rusa. Se trata sobre todo de anglicismos relativos al campo de la tecnología y de las tendencias de moda que, debido a la difusión de Internet, se han ido imponiendo en ruso con gran rapidez. La Duma estatal debe examinar este proyecto el 1 de enero, pero el texto ya ha levantado mucha polvareda.

La idea de esta restricción procede de un grupo de diputados del LDPR que estiman que las palabras extranjeras que tengan equivalentes en ruso no sólo no deben ser utilizadas sino que se debe sancionar su uso. Si el proyecto de ley finalmente pasa a engrosar el Código de la Federación de Rusia de delitos administrativos,  los ciudadanos rusos que empleen palabras extranjeras podrían tener que abonar multas por un valor de entre 2.000 y 2.500 rublos (entre 43 y 53 euros), los funcionarios entre 4.000 y 5.000 rublos (de 86 a 106 euros) y las empresas entre 40 y 50.000 rublos (de 860 a 1.060 euros).

El proyecto de ley ha provocado una avalancha de comentarios tanto por parte de los ciudadanos como de los miembros de la Duma estatal. En una entrevista concedida a la agencia de noticias ITAR-TASS, el jefe adjunto de la comisión de cultura de la Duma Estatal, el director de cine Vladímir Bortko, señaló que no era la primera vez que se presentaba una propuesta parecida.

“Los primeros fueron los franceses, que estaban inquietos por la propagación de los anglicismos y por la desaparición de la gran lengua francesa. Así que esta iniciativa destinada a que no se abuse de palabras extranjeras está totalmente justificada”. Al mismo tiempo, Bortko señaló que era necesario no ir demasiado lejos, pues hay palabras extranjeras que ya forman parte del acervo cultural ruso. Por ejemplo, la palabra “manager” y su equivalente ruso “upravliayuschi” (director) corresponden, en definitiva, a dos funciones diferentes.

De hecho, no está muy clara la lista de palabras que el LDPR propone considerar como “excesivas”. A decir verdad, el nombre de este partido se compone totalmente de préstamos lingüísticos. Anglicismos como “komputer” (ordenador), “futbol” (fútbol), “printer” (impresora) o “video” (vídeo) serían difíciles de remplazar por análogos rusos y, además, hace tiempo que se hicieron un hueco en la lengua rusa. Por no hablar de los viejos préstamos del francés como bulon (bouillon, “caldo”) y burzhuá (bourgeois, “burgués”), de los términos alemanes general (general) y fliazhka (flasche), así como de los ingleses barzha (barge, “barcaza”), bot (boat, “barco”) y shjuna (schooner, “goleta”).

A los autores del proyecto de ley lo que más les preocupa es el uso de palabras extranjeras que hacen los representantes de los medios de comunicación, los profesores y los escritores. No es la primera vez que estos últimos se convierten en blanco de los legisladores. En mayo de este año se aprobó una ley que prohíbe utilizar términos malsonantes en la televisión y en la radio, así como en las películas y durante los espectáculos públicos.

No obstante, en esta ocasión, la preocupación del LPDR por preservar la pureza de la lengua rusa no ha encontrado una respuesta de apoyo del gobierno. Los servicios jurídicos de la Administración del presidente han llegado a la conclusión de que las normas que regulan el uso de la lengua rusa ya están lo suficientemente bien recogidas en la ley “Sobre la lengua estatal de la República de Rusia” y que no es necesario introducir ninguna enmienda.

“Una campaña patrocinada por el Estado a favor de la pureza de la lengua es un signo de cierto idealismo ideológico, un intento de imponer una lengua ideal que refleje los principios del gobierno”, opina Yevguenia Basovskaia, responsable de la cátedra de la facultad de periodismo en la Universidad Estatal de Ciencias Humanas y autora del libro La prensa soviética por la pureza de la lengua. Además, las prohibiciones, por lo general, sólo tienen un efecto a corto plazo”, añade.

Un poco de historia

Los esfuerzos por librar a la lengua rusa de palabras extranjeras comenzaron muy pronto, casi desde el momento en que el idioma adoptó su forma contemporánea. Intentos de remplazar los extranjerismos por equivalentes rusos fueron llevados por el fundador de la Universidad Estatal de Moscú Mijaíl Lomonósov, por el compilador del Diccionario razonado de la lengua rusa viva, Vladímir Dal, e incluso por el zar Pedro I, que, irónicamente, acabó introduciendo más extranjerismos en la lengua rusa que sustituyéndolos por equivalentes rusos.

En general, la historia de Rusia ha estado dominada tradicionalmente por dos ideologías opuestas: la de los eslavófilos y la de los occidentalistas, con destacados escritores y periodistas rusos entre los representantes de ambos bandos. Mientras que los primeros defendían el desarrollo independiente de Rusia, al margen de Occidente y de su influencia, los otros sostenían que no era necesario que Rusia reinventara la rueda y seguían las tendencias extranjeras. Entre otras cosas, sus debates abordaban el uso de los préstamos lingüísticos en ruso.

El escritor Aleksandr Solzhenitsyn fue un ardiente defensor de la corriente eslavófila y dedicó mucho tiempo a escribir el Diccionario ruso de extensión lingüística, en el que aparecían recogidas palabras rusas obsoletas, perdidas, olvidadas y, a menudo, totalmente impensables.

El principal defensor de la pureza lingüística de la Rusia soviética en la década de 1930 fue Maksim Gorki. En su artículo “Sobre la lengua” criticaba el uso de vulgarismos y provincialismos. De acuerdo con Yevguenia Basovskaia, un gobierno que se consideraba popular rechazó la cultura del pueblo.

“La siguiente etapa en la campaña de la depuración de la lengua se desarrolló a finales de la época estalinista, cuando el gobierno soviético luchaba por la pureza nacional y se restituyeron muchos valores y símbolos del imperio ruso”, explica Basovskaia. En aquel entonces la campaña se dirigió específicamente a luchar contra la influencia y las palabras extranjeras. La última etapa de la lucha por la lengua se produjo en la década de 1960, dice Basovskaia, cuando la principal figura de esta campaña, “el poeta, escritor, periodista, crítico literario y publicista soviético Kornéi Chuikovski, que abogaba no sólo por la purificación de la lengua sino por una mayor atención hacia la misma, inventó el término “kantserialist” [burocratismo] e intentó hacer entrar en razón a sus contemporáneos.

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