Spielberg rueda una nueva película sobre espías en la Guerra Fría

Interpretada por Tom Hanks, narra la historia del abogado James Donovan. Cuenta con la colaboración de los hermanos Coen. Fuente: kinopoisk.ru

Interpretada por Tom Hanks, narra la historia del abogado James Donovan. Cuenta con la colaboración de los hermanos Coen. Fuente: kinopoisk.ru

Podría pensarse que el renacimiento del cine de espionaje confirma el inicio de una nueva Guerra Fría. Sin embargo, aunque parezca paradójico, la nueva película de Spielberg podría reparar el honor de los espías rusos a ojos del espectador.

La dinámica de producción de películas de espionaje es proporcional al grado de tensión que se respira a nivel internacional. Así, mientras Stalin vivía y en pleno periodo macartista, Hollywood produjo decenas de películas sobre la ‘pesadilla roja’, donde los agentes rojos —principalmente sindicalistas— sembraban el terror en las calles y el Ejército Rojo ocupaba Estados Unidos.

En 1950 solo se estrenaron tres películas de espías en la URSS (sin contar con la película prohibida e inacabada de Alexánder Dovzhenko Adiós, América ); y en 1953 se rodó una más, sin contar con Polvo plateado de Mijaíl Kalatózov, en la que unos progresistas norteamericanos se enfrentaban solos a los instigadores de la guerra.

Entre 1954 y 1955 se estrenaron al menos 12 películas con esta temática y, finalmente, la producción de este tipo de filmes se situó en una media de entre tres y cinco películas anuales hasta que, a mediados de los años 70, el género prácticamente desapareció con la llegada de la distensión internacional. El agravamiento de la confrontación bajo el mandato de Reagan provocó su renacimiento, con diez películas entre 1984 y 1986.

Recientemente, se ha anunciado el nuevo proyecto de Steven Spielberg, para el que ha contado con la colaboración de los hermanos Coen. Se trata de una película sobre James Donovan, un destacado figurante en las intrigas de la Guerra Fría que será interpretado por Tom Hanks. Además, hay otras dos películas de espionaje basadas en John le Carré en la palestra: El hombre más buscado de Anton Corbijn y Un traidor como los nuestros de Susanna White.

Aunque no se hable de Guerra Fría, las nuevas adaptaciones cinematográficas de Le Carré también tienen un hueco para los rusos. El hombre más buscado trata de un checheno al que los servicios de inteligencia utilizan en su ‘guerra contra el terrorismo’. En Un traidor como los nuestros, las élites occidentales están tan corrompidas como las rusas.

Las novelas de Le Carré sobre George Smiley, la antítesis de James Bond, no se centran tanto en la guerra con los rusos como en la guerra con uno mismo. La guerra detrás del espejo: así llamó Le Carré a la oposición de estas estructuras burocráticas con derecho para matar.

Los agentes se pisan literalmente los talones, buscan ‘topos’ dentro de sus círculos, tratan de encontrar las debilidades humanas del enemigo, se reflejan en él como en un espejo… se permiten cualquier cosa menos la humanidad y el idealismo. Traicionar al mejor agente —precisamente por ser el mejor— constituye para ellos una muestra de menosprecio. Y solo la moral del grotesco, insignificante y cornudo Smiley se resiente ante la idea de tender una trampa a los oficiales de la Stasi.

La película de Spielberg y los hermanos Coen introduce un toque interesante. En Quemar después de leer (2008), los Coen ya mostraron abiertamente su filosofía del espionaje: un mundo habitado por completos idiotas que ‘solo derraman sangre’ aunque sea a borbotones. Un ejemplo de cómo un idiota dentro de los servicios de inteligencia puede resultar mucho más peligroso que un idiota a secas.

La película de Spielberg narra la historia de James Donovan (1916-1970), exempleado —si se puede considerar a alguien ex lo que sea— de la Oficina de Servicios Estratégicos (la antecesora de la CIA), capitán de tercer grado y abogado que se ofrece en 1957 para defender a un hombre conocido como Rudolf Abel (su verdadero nombre era William Fisher).

Fisher fue un destacado agente de los servicios de inteligencia, políglota, pintor, inventor y director durante nueve años de una red de espionaje que destapó los secretos nucleares de EE UU. Donovan, que admiraba a Abel, convenció al tribunal para que no lo condenaran a muerte, sino a 30 años de prisión, con la esperanza de poder efectuar un intercambio en el futuro.

También participó en la organización de su intercambio por el piloto norteamericano Powers, cuyo avión fue derribado en los Urales, y por otros dos agentes de menor rango; una intrincada trama que incluye a los personajes ficticios de madame Abel y el abogado Jurgen Drivson, cuyo papel interpreta el que fuera director (1979-1991) del servicio clandestino de inteligencia de la KGB Yuri Ivánovich Droznov. Sobre todo esto Donovan escribió un libro que tituló Extraños sobre un puente, editado en los 60 en la URSS.

Estancados en la mentalidad de la Guerra Fría

Lo que realmente atrajo a los Coen de esta historia fue que a Fisher lo había traicionado el radiotelegrafista Reino Häyhänen, quien debía volver a Moscú pero se quedó en París, donde se presentó ante la embajada de EE UU. Cuesta comprender por qué razón la KGB mantenía en sus filas a un completo alcohólico como Häynhänen. La gota que colmó el vaso y motivó su envío de vuelta a Moscú fue el hecho de que este, en lugar de utilizar una moneda convencional de cinco centavos para pagar en un quiosco, usara una moneda hueca diseñada para ocultar microfilms. Un episodio muy de los Coen.

La estrategia de defensa escogida por Donovan para el juicio también fue excepcional. “Miren a Häyhänen”, le dijo al jurado. “Un pobre borracho, un bígamo, un tirano en el hogar, un idiota y, por encima de todo, un traidor. Vean sin embargo a mi cliente: un marido y un padre modelo” —Abel no veía el momento de retomar las cartas de su mujer y sus hijas—, “un contribuyente ejemplar, un artista, un científico, un hombre de honor y un auténtico coronel. Sus vecinos lo adoraban. Y lo más importante, a la hora de valorar el daño que ha podido causar a los EE UU lo que cuenta es que él destruyó los documentos… y sin documentos se puede decir que no existe el daño”.

Donovan fue, ante todo, la persona que salvó a Abel. Por irónico que parezca, podrían ser los Coen y Spielberg quienes finalmente reparen su honor ante el público ruso.

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Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.

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