El profundo significado de la Primera Guerra Mundial

Un miembro de la marina rusa coloca la bandera a media asta en conmemoración del final de la Primera Guerra Mundial en el crucero Aurora, situado en San Petersburgo. Fuente: AFP / East News

Un miembro de la marina rusa coloca la bandera a media asta en conmemoración del final de la Primera Guerra Mundial en el crucero Aurora, situado en San Petersburgo. Fuente: AFP / East News

En 2014 se conmemora el aniversario de un acontecimiento que pocos en Rusia recuerdan. Es necesario releer esta página de la historia de Rusia.

Estoy de acuerdo con la opinión de algunos historiadores que aseguran que el siglo XX comenzó precisamente el 1 de agosto de 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial.

La Gran Guerra, como la llaman en los países vencedores de la Triple Entente (Reino Unido, Francia y Estados Unidos) provocó una herida mortal a la vieja Europa aristocrática. La guerra puso en duda todos los valores, incluidos los religiosos, que hasta entonces se consideraban incuestionables.

Curiosamente, todo el mundo esperaba un conflicto mundial en los años 1913-1914. Pero todos entraron en él por motivos que a día de hoy pueden resultar triviales, como la defensa de los “hermanos serbios” en el Imperio ruso o el “prestigio nacional” del Imperio austrohúngaro.

Primera Guerra Mundial y mapas alegóricos de Europa

En aquel agosto fatal todo el mundo pensaba que el conflicto finalizaría antes de la llegada de la Navidad. Y sin embargo, la guerra se alargó cuatro años. A Rusia le faltó un año y medio para contarse entre los vencedores.

Quién sabe si, de haberse desarrollado las cosas de otro modo, Rusia podría haber atenuado las estrictas condiciones impuestas a Alemania tras el Tratado de Versalles e impedir de este modo la Segunda Guerra Mundial.

Y es que la Segunda Guerra Mundial fue en gran medida la continuación, la segunda parte de la Primera, un intento de los perdedores alemanes de tomarse la revancha. En Rusia, esa primera guerra, que Lenin calificó de “imperialista”, apenas se conoce. Y sin embargo, tuvo un gran peso en el primer golpe que recibió la Rusia histórica.

Evidentemente, los rusos siguen sin entender bien por qué razón los bolcheviques comenzaron su ascenso al poder de forma tan ruin: confabulados con el Estado Mayor alemán. Esta traición directa, junto con otras causas, dieron pie al horror comunista del siglo XX al que todavía hoy no hemos sido capaces de poner fin.

Los rusos todavía deben descubrir la historia de esa guerra y reescribirla. Aunque ya hoy me parecen evidentes varias lecciones que deberíamos aprender de ella. En primer lugar, el interés nacional no siempre es idéntico y a menudo se contrapone al interés o el 'prestigio' de la clase dirigente. En segundo lugar, la magnanimidad respecto a los vencidos es el mejor modo de consolidar una victoria.

Los arquitectos del Tratado de Versalles, que ponía punto final a la Primera Guerra Mundial, no comprendieron esto. Pero los aliados de la Segunda Guerra Mundial ya habían aprendido esta lección y decidieron no pisotear a Alemania y a Japón.

Hoy en día, estos dos países son democracias ejemplares incapaces de pensar en nuevas agresiones.

Finalmente, una tercera conclusión y, quizás, la más importante: los soldados que han perdido una guerra merecen los mismos honores que los vencedores. Si en 2014 aparece en Rusia el primer monumento a los caídos en aquella guerra, recuperaremos finalmente una parte perdida de la memoria popular. Una parte sin la que ninguna nación puede vivir.

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.

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