'Leviatán', última película de Zviáguintsev, agudo diagnóstico de la Rusia actual

El largometraje obtiene el premio al mejor guion en el Festival de Cannes. Fuente: Reuters

El largometraje obtiene el premio al mejor guion en el Festival de Cannes. Fuente: Reuters

El realizador ruso Andréi Zviáguintsev obtiene el premio al mejor guion en Cannes con su nueva película.

El último día del concurso, Leviatán levantó los aplausos del público y fue acogida con entusiasmo por la crítica.“La nueva obra maestra rusa”, escribía el periódico inglés The Guardian. “¿Ganará Zviáguintsev la Palma de Oro?”, se preguntaba Variety. Finalmente obtuvo el premio al mejor guion. Zviáguintsev, considerado alumno aplicado de Tarkovski, ha creado un lienzo de envergadura, potente, denso y lleno de emociones.

Andréi Zviáguintsev (Novosibirsk, 1964) es un director y actor ruso. Su primera película, El regreso (2003), obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia, además de otros premios. También ha rodado Izgnanie (El destierro, 2007). El actor  Konstantín Lavrónenko obtuvo el premio al mejor actor en Cannes. El tercer largometraje, Elena (2011), tuvo gran acogida por parte de la crítica y obtuvo el premio especial del Jurado en el Festival de Cannes. Se dice que su cine está influido por el de Andréi Tarkovski.

La historia se desarrolla en un pueblo cerca del mar de Bárents, pero podría haber ocurrido en cualquier otro país donde los intereses del individuo choquen con los del poder. Está claro de antemano quién ganará el duelo. Un extralimitado alcalde le echa el ojo a la casa donde viven Nikolái, su mujer y su hijo, y pretende hacerse con su tierra a precio de saldo, prácticamente expropiarla.

El alcalde, con sus modales de criminal, lo tiene todo bajo control, desde la policía hasta el juzgado, y sabe cómo someter a los rebeldes. Este drama doméstico con elementos de comedia acaba desembocando en una tragedia que traza ciertos paralelismos con las crónicas periodísticas. A partir de una historia personal se formula un diagnóstico de la sociedad que da paso a un pronóstico para el futuro.

Una ballena varada en la orilla

El público de Cannes se quedó perplejo: nadie se esperaba una declaración tan radical por parte de Zviáguintsev. Todos los puntos neurálgicos de la Rusia moderna quedan tocados: la corrupción, que permanece inmune; la impotencia del ciudadano de a pie ante el funcionario; el encubrimiento, una práctica corriente entre los compañeros de filas que participan del negocio criminal del Estado; y la iglesia, dispuesta a santificar todo aquello que dé dinero.

El diagnóstico es contundente y se puede reconocer en cada detalle. Hay algunos hiperbolizados como, por ejemplo, que los protagonistas estén bebiendo constantemente. Aunque lo que toman podría tumbar a un elefante, para ellos es como como si nada, y el público se ríe a carcajadas en una escena en la que un policía de tráfico aparece conduciendo completamente borracho, y dice: “¡No pasa nada, conseguiré llegar, por algo soy agente de tráfico!”. El humor compensa los inevitables tintes morbosos.

Para rodar la película no hubo que hacer ningún decorado: los cascos de las casas, las iglesias y los barcos son imágenes reales. Lo único que se ha fabricado en los estudios es el esqueleto de una ballena varada en la orilla, metáfora de una vida que agoniza por falta de oxígeno.

A la mañana siguiente, después del estreno, todas las publicaciones del festival, con una unanimidad poco corriente, escribían reseñas entusiastas. “Leviatán juega fuerte, esta película es una verdadera obra maestra”, escribe The Guardian. El crítico de la revista Screen se mostró admirado por el carácter plástico de la película: “Los paisajes del norte de Rusia, bañados por una fría luz azul que parece congelar las almas, son el trasfondo de la acción. Las poderosas olas de la música de Philip Glass no dejan lugar a dudas de que en la pantalla está a punto de desplegarse algo fuera de lo común. Y eso es realmente lo que ocurre”.

¿Se estrenará la película en Rusia?

La sala donde se celebró la conferencia de prensa con los autores y participantes de Leviatán estaba llena. El grupo fue recibido entre aplausos. De las principales preguntas que preocupaban al público: si la película se estrenará en Rusia.

El Ministro de Cultura de la Federación Rusa ha dicho: “Es una película inteligente, pero a mí no me ha gustado”, precisó Andréi Zviáguintsev. “Me parece normal que no le guste. Incluso puedo entender por qué no le gusta. El Ministro de Cultura tiene otras cosas que hacer, construir un mundo mejor. Pero nosotros solo nos movemos en el territorio del arte. Por supuesto, la película es aguda, pero trata sobre la suerte del hombre, no solo del ruso y no solo en Rusia: en mayor o menor medida, en todos los rincones del mundo se produce un choque entre el individuo y el Estado. Mencionan el vocabulario no normativo… no creo que en la película abusemos de él. Créanme, cada palabra ha sido meditada y sopesada. La lengua viva es la que crea la atmósfera necesaria. No se puede castrar la lengua, las medidas prohibitivas no funcionan en este caso. Hay un pacto previo con el público y en el cartel se indica: '¡Atención, léxico no normativo!'. Quien no quiera verla, que no vaya”, declaró el realizador.

El productor de la película, Alexander Rodnianski, ha recordado que la película ha contado con el apoyo del Ministerio de Cultura y el Fondo Cinematográfico de Rusia.

“Nuestra intención no era provocar una confrontación con el poder –continuó Zviáguintsev.- Ya tenemos una nueva idea y empezaremos a trabajar en ella, no veo obstáculos en el camino. Cuando me reuní con el ministro le expliqué mis proyectos, que son de envergadura y de muy bajo coste. Me contestó: tráigame los guiones. Así que de momento todo va bien. El mundo es muy diverso, hay que observarlo desde distintos ángulos y tiene que haber cabida para todo. Espero que las autoridades lo comprendan, tengo la firme intención de seguir viviendo en mi país y continuar haciendo cine”, ha subrayado el director, arrancando aplausos en la sala.

 

Artículo publicado originalmente en ruso en Rossíyskaya Gazeta.

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