Los extranjeros en el cine ruso: de la sospecha a la normalidad

En Rusia, el trato hacia los extranjeros siempre ha sido controvertido: bien como enemigos poderosos y astutos, bien como amigos civilizados y ricos procedentes de fuera del país. Esta actitud se ha reflejado en la gran pantalla. RBTH analiza los cambios que han experimentado los extranjeros en las ficciones cinematográficas de Rusia a lo largo de las épocas soviética y postsoviética.

El oprimido

En las películas soviéticas de la década de 1930, la vida en la URSS se representaba como libre y jubilosa, en contraste con la lúgubre realidad de los países capitalistas. Pero los extranjeros corrientes en las películas soviéticas de la época no siempre se retrataban como enemigos o monstruos. A menudo eran hombres honestos, de buen corazón, y mujeres que luchaban contra el opresivo sistema capitalista.

Películas como El gran juego (1934) y La piel negra (1931) tratan de obreros fabriles norteamericanos, mal remunerados e incluso despedidos en los Estados Unidos, que descubren una nueva vida en la Rusia soviética. El circo (1936) es una comedia musical en la mejor tradición de Hollywood, pero el filme también aborda la temática del racismo. La protagonista de El circo, Marion Dickson, interpretada por la estrella del celuloide soviética Liubov Orlova, es una artista circense norteamericana que tiene un hijo mestizo y es chantajeada por su jefe. Sólo en la Unión Soviética encuentra aceptación y un nuevo amor.

El enemigo

Los tiempos cambiaron con el inicio de la Guerra Fría, cuando el Estado soviético empezó a tratar a los extranjeros como enemigos. A finales de la década de 1940 se asistió a la eclosión de filmes propagandísticos de gran presupuesto sobre los despiadados políticos y belicistas norteamericanos que trataban de quebrar una paz frágil.

Una de las primeras películas antiamericanas es Encuentro en el Elba (1949). En este largometraje, Liubov Orlova de nuevo interpreta a una norteamericana, sólo que ahora es una mujer espía glamurosa que fuma cigarrillos. En los próximos años los extranjeros que aparecían en las películas, bien eran nazis, insensibles, crueles y cínicos (en las películas bélicas), bien eran espías astutos con la misión de robar secretos militares o en involucrados en actos de sabotaje (en las películas de suspense políticas o de espionaje).

Temporada muerta (1968) trata de combinar ambas tipologías. El filme presenta a un profesor que fue nazi, responsable de inventar el gas RH, capaz de transformar a la gente en esclavos obedientes. El profesor quiere vender el gas a un servicio de inteligencia occidental cuyo nombre no menciona.

El  nazi de Temporada muerta es tan inhumano e imponente que puede competir en pie de igualdad con cualquier villano de los cómics de superhéroes estadounidenses de la época. Por otra parte, justo después de la guerra, la imagen de los extranjeros como personas discretas y trabajadoras aún estaba en boga.

La cuestión rusa (1947) cuenta la historia de un periodista honesto estadounidense que visita la URSS y escribe un libro desmontando los mitos de la pobreza y el totalitarismo en la Rusia soviética. Este libro desató un escándalo en EE UU, que finalmente costó a este héroe su carrera profesional e incluso su matrimonio.

El estrambótico

En la década de 1970, los extranjeros comenzaron a visitar con regularidad la URSS, bien por viajes de negocios o de otra índole. Ya no eran un mito de la propaganda, sino personas de carne y hueso que podían ser vistas por las calles. Así, se hizo evidente hasta qué punto eran diferentes en cuanto a su cultura, hábitos y costumbres. Esta “alienación” fue reflejada en el cine.

Los personajes extranjeros se volvieron excéntricos, incluso extraterrestres. Podían ser inteligentes y un poco bobalicones como el profesor Bill Hansen de Maratón de otoño (1979). Hansen está completamente desinformado sobre las maneras de la vida soviética, pero es muy curioso, lo que es una fuente continua de situaciones cómicas.

Por lo contrario, los extranjeros podían ser extravagantes, libres de convencionalismos y positivos, como el reparto italiano de la película de acción de gran presupuesto Las increíbles aventuras de los italianos en Rusia (1973). Vestían ropas extrañas, se comportaban de forma peculiar y hacían mucho ruido, fascinando a todas las personas con las que se cruzaban. En cualquier caso, en algún momento durante la década de 1970 la percepción negativa de los extranjeros dio paso a una mucha más positiva.

El civilizado

A finales de la década de 1980, la ideología oficial de la Unión Soviética no era más que una cáscara vacía. Los estándares de vida estaban cayendo, el índice de criminalidad y la corrupción a escala nacional estaba en su punto álgido. En estas circunstancias, los ciudadanos soviéticos empezaron a percibir Occidente como un paraíso.

Se habían invertido las tornas y ahora era la lúgubre realidad de la URSS y de Rusia versus la vida jovial, libre y opulenta de Occidente. Los extranjeros eran representados como gente rica, civilizada y culta, que se mostraban sorprendidos por la confusión y el salvajismo de la realidad rusa.

En Ventana a París (1993), un armario en un piso comunal de San Petersburgo da a un tejado de un apartamento parisino. La bella y delicada Nicole, una parisina que vive en el apartamento, acaba siendo empujada a San Petersburgo para que, de ese modo, no impida a los inquilinos del piso ir y volver entre París y la ciudad rusa para ganarse la vida a costa de los crédulos franceses. Nicole es hostigada por los lugareños y casi acaba perdiendo el juicio.

Hubo muchos otros filmes que presentaban Occidente como la tierra de la abundancia y de la civilización, dejando entrever, sin embargo, que los extranjeros tenían los mismos problemas que los rusos.

Películas como Intergirl (1989), La hija norteamericana (1995), Cereza de invierno 2 (1990) se centran en mujeres rusas que se casan con extranjeros y viven fuera del país, el sueño de muchas chicas soviéticas de la década de 1980. Pero, al final, resulta ser más duro para ellas que la horrenda existencia en su país: los personajes rusos lo pasan mal tratando de encontrar su lugar en el mundo occidental, que es rico y hermoso, pero donde se vive conforme a reglas sociales diferentes.

El igual

El cambio final ocurrió en algún momento en torno a la llegada del siglo XXI.

Rusia, recuperada de una larga crisis, se integró en la economía global. El viejo mito soviético de que la vida era mejor en el extranjero había desaparecido, dando paso a la realidad.

En el cine ruso contemporáneo los occidentales no son ni enemigos ni benefactores. Básicamente son personas como los rusos, comparten las mismas emociones, persiguen los mismos objetivos que los rusos. En La guerra (2002) un soldado ruso y un actor norteamericano luchan codo con codo para salvar a la novia del actor a la que han secuestrado asesinos chechenos.

En películas de acción más recientes, El código del Apocalipsis(2007), agentes especiales del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y de la CIA colaboran para erradicar una amenaza nuclear que hace peligrar el mundo. De este modo, un nuevo mito cinematográfico ha nacido.