“No se habló mucho de igualdad en el Maidán”

Francisco de Blas dirige la plataforma cultural 'Izolyatsia' en Donetsk. Desde un lugar marcado actualmente por el conflicto, busca trascender fronteras a través del poder transformador de la cultura.

Fuente: archivo personal

Francisco de Blas (Artajona, Navarra, 1955) es un español global. En su sentido más íntegro: doctor en Literatura por la Universidad de Kansas y dedicado desde 1990 a la gestión cultural de museos, ha ejercido desde el año 2000 como jefe del área de Cultura del Instituto Cervantes en Manila, Chicago, Rabat, Bruselas y São Paulo. 

Hace apenas unos meses cambió de registro y dirige en la localidad ucrania de Donetsk —hoy convertida en polvorín de la tensión que vive la zona— una plataforma cultural con vocación universal, Izolyatsia [en español, aislamiento].

Se trata del proyecto de una fundación privada, financiada principalmente por la industrial ucrania Luba Mijailova, que desde 2010 se ha propuesto trascender fronteras mediante el lenguaje universal de la cultura.

¿Por qué el giro profesional, por qué Ucrania y por qué ahora?

Vista la voluntad del Instituto Cervantes de especializarse como academia de idiomas, busqué otras posibilidades para seguir desarrollando la mía, la cultura como principio de transformación social. La oportunidad de convertir una antigua planta industrial soviética en un moderno centro cultural ucranio y global era irresistible.

Usted llegó a Izolyatsia en noviembre, prácticamente coincidiendo con las revueltas del Maidán. ¿Cómo se mantiene un proyecto así en tiempos convulsos?

Con la ilusión de seguir fomentando el debate nacional y una cierta frustración por la dificultad de superar el debate identitario, estrictamente político, sin acabar de llegar al cívico y social. No se habló mucho de igualdad de oportunidades, redistribución de la renta, educación o sanidad en el Maidán.

Fuente: servicio de prensa

Se intentó, pero el nacionalismo sonó más fuerte. La generación más joven de artistas o escritores, fuertemente comprometidos con ideales democráticos universalistas, lucha por armar una narrativa coherente y eficaz sobre los tiempos que corren; otra cosa es quién les escuche.

¿Existe el riesgo de que se olvide un extenso pasado cultural común entre Rusia y Ucrania y que este sea sustituido por los rencores inmediatos? 

La vecindad rusa forma parte de la realidad y del imaginario local e impregna el tejido cultural de la zona. Desde las sopas a los instrumentos musicales, la comunidad de formas y contenidos es evidente.

Serguéi Prokófiev nació en Donetsk y el mundo lo percibe como un compositor ruso. Se pueden discutir los vínculos soviéticos, las soluciones postsoviéticas... pero los lazos que unen Rusia con Ucrania hunden sus raíces en los orígenes de la gran Rusia en la vieja y bella Kiev.

¿Y cómo ayuda concretamente Izolyatsia a superar las divisiones?

Izolyatsia no es ajena a la realidad. Tratamos de desarrollar un modelo de gestión cultural de espacios industriales válido del Danubio a los Urales… y más allá.

Fuente: servicio de prensa

Nuestro fab lab [apócope de laboratorio de fabricación] comparte experiencias con similares instalaciones en Moscú y aspiramos a fomentar intercambios efectivos en diferentes campos artísticos. También trabajamos con el Consejo de Europa para mostrar el año próximo la gran exposición The Desire for Freedom. Art in Europe from 1945 (Deseo de libertad. El arte en Europa desde 1945). El propio planteamiento de esta ambiciosa muestra diluye las fronteras... al menos las culturales.

¿Pero de verdad puede la cultura tender puentes donde la política levanta barreras?

La cultura puede trabajar en esa dirección aportando datos que completan la realidad e inspiran acciones, individuales y sociales.

En el Donbás [región geográfica donde se encuentra Donetsk] se habla ruso y forma parte de Ucrania. Cualquier centro que se imponga como misión la transformación social a través de una concepción humanista de la cultura debe tener en cuenta los datos que envía la realidad y actuar de acuerdo a su misión y principios. Los nuestros son conocimiento, diálogo e intercambio en un clima de libertad de expresión que propicie una participación equitativa de los recursos disponibles. 

Izolyatsia organizó en abril el primer festival de literatura de Ucrania, bajo el título “Literatura y violencia”, con participación de intelectuales ucranios y rusos. ¿Qué ha conseguido el festival?

La conclusión más obvia fue el deseo de profundizar en el debate y el diálogo.

Fuente: servicio de prensa

Pero hay otras más complejas, difíciles de clasificar: desde la cuestión de Crimea,  la reivindicación o cuestionamiento del Maidán, la estrecha vecindad con Rusia, las dificultades de asumir el pasado soviético y postsoviético en una zona particularmente esculpida por ambos procesos… La valoración que yo extraigo del festival es el deseo irrefrenable de una vida mejor, una democracia más eficaz.

Hoy hablan las armas. La palabra parece muda. ¿Qué luz arroja la cultura sobre tanta oscuridad?

En algunos países occidentales la cultura se ha reducido a su dimensión de espectáculo o mercancía, según los casos.

Eso nos lleva a pensar que donde hay conflicto social no queda espacio para eso que entendemos por cultura. Pero es una irresponsabilidad y de ella somos culpables todos los que trabajamos en esto. Si cambiamos la palabra cultura por educación, nos aproximamos más y mejor al problema. Necesitamos el conocimiento simbólico que la cultura aporta para completar los datos de la realidad. Más aún, para sacar las conclusiones adecuadas. Se llama historia, sociología y sí, también arte contemporáneo o cinematografía…

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