"En las montañas de Macedonia, lejos de Rusia"

Descubre los lugares donde los soldados rusos se unieron a los Aliados durante la Primera Guerra Mundial. Cuál fue su aportación en el frente macedonio y qué ocurrió después de la Revolución.

En otoño de 1915 desembarcó en Tesalónica (Grecia) el primer cuerpo expedicionario anglo-francés. Así comenzaba la historia del frente Macedonio en la Primera Guerra Mundial que duró hasta 1918 y que, según afirman los historiadores, tuvo un importante papel en la victoria de la Entente.

El ejército de los aliados en el frente Macedonio estaba compuesto en su mayor parte por contingentes ingleses, franceses e italianos. La Entente tan solo disponía en este frente de unos 600.000 soldados. 18.000 de estos pertenecían a una brigada de soldados rusos que se unieron al ejército de los aliados a lo largo de 1916.

Por petición de los franceses se envió a la 2ª Brigada de infantería especial rusa bajo las órdenes del general mayor Diterijs y la 4ª brigada especial rusa bajo la dirección del general mayor Leóntiev.

El lugar donde llegaron a Tesalónica por mar los ejércitos aliados se ha conservado hasta el día de hoy. Por lo demás, no hay prácticamente nada actualmente en el puerto que recuerde que alguna vez aquí llegaron unos soldados rusos que habían partido de Arjánguelsk y Brest y que después fueron trasladados a través de Francia hasta Marsella desde donde llegaron a las costas de Grecia. Lo único que se ha mantenido intacto desde comienzos del siglo pasado es el ferrocarril por el que fueron enviados directamente desde los barcos al interior del país. 

El primer combate de las unidades rusas en el frente macedonio tuvo lugar el 10 de septiembre de 1916. Con tan solo una unidad a su disposición el general Diterijs entró en combate junto a las unidades francesas y se vio en lo más duro del combate. Pero, a pesar de las duras condiciones, la operación fue un éxito. Tras esta vinieron otras exitosas operaciones de los aliados, que han quedado registradas y documentadas en los manuales de historia militar. 

Recuperación en la retaguardia

Pero el sonado éxito de las armas rusas  tuvo su precio. Los heridos y enfermos del frente eran tantos que su evacuación de la línea de fuego a hospitales en Tesalónica fue muy complicada. Como demuestran las cartas del último cónsul general del Imperio ruso en Tesalónica, V. F. Kal, algunos enfermos pasaron varios días tirados en el suelo antes de llegar a un hospital.

"Los oficiales y soldados evacuados del frente fueron enviados a ocho hospitales franceses, que se encontraban tanto dentro de la ciudad como en sus alrededores, y muchos, sobre todo los soldados, tuvieron que soportar condiciones muy duras", escribió Kal, quien a continuación pedía al director de la sanidad francesa que enviara a todos los rusos al hospital de San Demetrio de Tesalónica. Este hospital había sido fundado gracias al dinero de la comunidad rusa y a donaciones personales de Nicolás II. A pesar de la falta de medicamentos, que a menudo tuvieron que resolver ellos solos, el hospital trabajó a pleno rendimiento durante toda la guerra. 

Desembarco de la expedición rusa al puerto de Tesalónica y del hospital ruso de San Demetrio de Tesalónica. Fotografías cortesía del Consulado general de Rusia en Tesalónica y de Vlasis Vlasidis, profesor asistente del Departamento de investigaciones balcánicas y orientales de la Universidad de Macedonia (Grecia).

Actualmente el hospital ruso equipado, como en aquella época, con equipamiento moderno, está bajo la dirección de la parte griega.

"En 1980 los griegos de forma unilateral se apropiaron del hospital de San Demetrio de Tesalónica. Hace ya tiempo que he planteado la cuestión de que sea devuelto a la parte rusa", comenta a RBTH el Cónsul general de la Federación Rusa en Tesalónica, Alexéi Popov. 

Victorias eslavas y un final sin gloria

La activa participación militar de los soldados rusos en el frente macedonio continuó hasta la revolución de octubre. Después de esta, el gobierno soviético aprobó el Decreto de Paz, y se ordenó a los soldados que volvieran inmediatamente a Rusia. Sin embargo el mando francés declaró que el decreto no afectaba a las tropas rusas en el extranjero.

A finales de febrero de 1918 los franceses dividieron a los soldados rusos en tres categorías. La primera categoría aceptó seguir luchando después de la revolución de octubre en el lado francés.

Parte de estas tropas fueron enterradas en un enorme cementerio aliado en Zeitinlik, donde hasta hoy en día sigue existiendo un gran sector ruso. El segundo grupo de soldados rusos de la expedición se negó a participar en acciones militares, pero aceptó voluntariamente trabajar para los aliados. Este grupo de estos soldados fue posteriormente enviado a África del Norte desde donde algunos de ellos, en los años 20, pudieron regresar a Rusia.

La tercera categoría de soldados rusos se negó a luchar y a trabajar e insistió en volver a la patria. Sus aliados los retuvieron en calidad de presos de guerra y crearon con ellos batallones de castigo.

Los soldados que sobrevivieron a estos batallones en 1919, levantaron con sus propios medios un monumento a sus camaradas en la aldea de Gradobor (actualmente Pentalofos).

Llegar a casa no fue fácil. Para llegar desde Tesalónica hasta la colina en la que se encuentra el monumento hay que conducir muchas horas en coche por un terreno montañoso. Los bruscos cambios de altura hacen que las orejas se taponen todo el rato y que entre sueño, pero estos detalles, al parecer, no detienen a los que quieren recordar la ayuda que los rusos prestaron a los Aliados. Al llegar al lugar donde se alza el monumento nos encontramos con unas monedas modernas rusas que alguien ha dejado anteriormente.

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