“Los rusos consideran que la vanguardia les pertenece”

En el Manezh de Moscú, en el marco del año dual Rusia-Reino Unido, se ha inaugurado una exposición del clásico del cine británico Peter Greenaway y de su mujer, la directora de teatro Saskia Boddeke, que lleva por título “La edad de oro de la vanguardia rusa”. Greenaway nos habla en esta entrevista de los héroes de la década de 1920, de la muerte del cine y de los ciclos vitales del arte ruso.

¿Cuándo y dónde conoció la vanguardia rusa por primera vez? 

Estudiaba para ser pintor y en la escuela de arte se estudiaba la vanguardia rusa como parte del curso teórico general sobre la transformación experimentada en el arte durante el siglo XX. Hasta ese momento los pintores se dedicaban a ilustrar las Sagradas Escrituras o historias antiguas, o bien ideas que pudieran expresarse mediante los géneros del retrato o del paisaje, vinculados de uno u otro modo con el moralismo o el didactismo. Se puede afirmar que la pintura sólo llegó a ser una profesión respetada en el siglo XX. 

Peter Greenaway, (Gales,1942), es un director de cine con una gran formación en artes plásticas, específicamente en la pintura. Ha rodado 17 largometrajes, entre los que destaca Los libros de ProsperoEl vientre del arquitecto o El contrato del dibujante. Su último trabajo se titula Eisenstein en Guanajuato.

Pero, para mí, como director de cine, la vanguardia adquirió importancia en relación con Serguéi Eisenstein. A propósito, acabo de regresar de México donde hemos estado rodando una película acerca del trabajo del director ruso en un estudio de cine local. Para comprender a Eisenstein hay que sumergirse profundamente en el contexto artístico de su época. Y con 16 ó 17 años yo ya sabía algo de la mayoría de figuras cruciales de la vanguardia rusa. 

En la galería Tretiakov las salas donde se exhibe arte vanguardista por lo general están desiertas. 

 Sí, lo he visto, están vacías, los extranjeros buscan en masa el realismo socialista. Por lo demás, me he encontrado con rusos muy patrióticos que consideran que la vanguardia les pertenece y se reservan el derecho de tratar el tema. Eso, por supuesto, no es cierto: la vanguardia rusa es parte de la cultura europea. 

¿En qué consiste su acercamiento a la materia? 

En Occidente se conoce a Maiakovski y a Malévich, un poco menos a Ródchenko y Lisitsky, pero por lo que respecta a otros artistas vanguardistas su conocimiento queda restringido a sus nombres y a una mínima noción de sus obras. E incluso en el caso de las figuras más famosas de ese tiempo sólo tenemos una idea muy vaga de qué tipo de personas eran. 

Nos hemos zambullido en el estudio del contexto para encarnarlos -literalmente- en la pantalla y comprender su psicología. Mi contribución al resultado final es el texto o más bien un collage de sus manifiestos, titulares de periódicos, cartas, etc. 

Escogí a doce personajes con diferentes grados de popularidad y traté de hacerlos interactuar. Transformar la vanguardia en obra de teatro no es en absoluto difícil: hablaban todo el tiempo, discutían, reñían, a veces de manera muy brusca. 

A Malévich no le gustaba Eisenstein, Kandinsky se consideraba a sí mismo un ser dotado de más talento que los demás, etc. No quería transformar todo este material en un melodrama. Después de todo, lo principal aquí son sus obras, y las palabras a su alrededor son un hervidero. En realidad, mi trabajo se limita al guion: todo lo que ve en la exposición es obra de Saskia Boddeke. 

Ella pensó en cómo utilizar mi texto, en cómo colocarlo en las pantallas, seleccionó a los actores (casi todos son rusos). Al principio teníamos previsto realizar este proyecto en la galería Tretiakov y queríamos comparar la edad de oro del arte holandés con la vanguardia rusa, pero por causas financieras no se pudo llevar a cabo. 

¿Qué se cambió en la versión para el Manezh? 

Tuvimos que concentrarnos exclusivamente en artistas rusos. Para mí, los más importantes resultaron ser Dziga Vertov, El Lisitsky y Aleksandr Ródchenko: en muchos aspectos estos tres artistas empezaron a hacer las cosas que ahora se practican en todas partes. Maiakovski, por supuesto, también es interesante, pero aquí hay surge el problema de la traducción, aunque hay que decir que eso no sólo atañe a la literatura: la instrucción visual también se debe enseñar. 

Estuvimos pensando mucho tiempo en cómo hacerlo. Parto de la idea de que no puede haber una exposición objetiva en un museo. Todos los museos se han creado de modo artificial: alguien los construyó y alguien formó las colecciones que en ellos se exhiben. Por ejemplo, la Tate Gallery fue construida por productores de azúcar. El museo Guggenheim de Nueva York surgió por iniciativa de unos comerciantes. 

 

Peter Greenaway con su esposa Saskia Boddeke. Fuente: Olesya Kurpyaeva / RG

Usted siempre se queja de que no hay cine imaginativo, sólo literario. Sin embargo, cuando se encuentra en frente de un cuadro busca en él un libro, una historia detectivesca. 

Probablemente la obra histórica más importante en inglés sea Historia de la decadencia y caída del Imperio romano de Edward Gibbon. Pero está claro que Gibbon no escribía sobre Roma, sino sobre Gran Bretaña, escogiendo deliberadamente ejemplos que fueran relevantes. La historia es nuestro patio infantil y cualquier acción en ella está justificada por el hecho de que no sabemos cómo fue en realidad. 

Por lo que respecta a las imágenes y los textos, en general percibimos la historia a través de fuentes escritas y creemos que son auténticas. Picasso pintaba variaciones de Las meninas de Velázquez, Francis Bacon rehízo obras de Rafael, etc. 

Luego la mayoría de personas, por desgracia para mí, ven películas por las historias que cuentan y la pintura no es para ellos más que una fábula.  

Mientras estudiaba la historia de la vanguardia ¿encontró la respuesta a la principal pregunta: por qué terminó? 

Creo que las tendencias artísticas tienen sus propios ciclos de vida. Al principio son influyentes, pero su efecto poco a poco se disuelve y queda reducido a nada. Además la historia conoce bastantes casos de tendencias artísticas efímeras. Los prerrafaelitas, por ejemplo, sólo existieron seis meses y luego se desvanecieron. Pero me estoy desviando del tema. 

A Mao Zedong le preguntaron una vez: “¿Qué opina de la Revolución Francesa”. Y respondió: “Es todavía temprano para sacar conclusiones”. Esto también se puede afirmar con respecto a la posición histórica de las vanguardias. Me ha preguntado por qué acabaron las vanguardias, y hay personas que no pueden ponerse siquiera de acuerdo en relación con la fecha de su inicio. 

Algunos consideran que comenzaron en 1905, otros en 1917. Según ciertas versiones, la vanguardia finalizó hacia 1928 pero es probable que se prolongara hasta principios de la década de 1930, cuando el realismo socialista se confirmó definitivamente como un estilo conveniente para las autoridades. Pero, en realidad, las vanguardias son un poco algo así como una ilusión, ¿no cree? 

¿Trabaja en el arte por el hecho de que es difícil encontrar dinero para nuevas películas? ¿O bien considera más interesante la creación de estas instalaciones? 

El cine ha muerto y no sé exactamente cuándo ocurrió: el 30 de septiembre de 1983 apareció en el mercado el mando de televisión. Y ahora sólo un pequeño número de gente acude a esos extraños lugares llamados cines, en comparación con los visionados de películas en casa.

Es comprensible: ¿para qué debería uno sentarse a oscuras? El hombre no es un animal nocturno. 

El cine se ha convertido en un empapelado. Además, las películas se basan en narrativas literarias que han cambiado poco durante el siglo XIX. El cine no ha tenido sus propios Joyce y Borges. A lo largo de ocho milenios nuestra vida la han dictado los trabajadores de las letras, escribieron todos los libros sagrados, todas las instrucciones, desde cómo poner un pañal hasta los de los portaaviones. Tal vez haya llegado el momento de cambiar de paradigma en la era digital. Pero el cine no tiene nada que ver con eso. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.

 

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