Yuri Gagarin no murió en un accidente

Los autores firman autógrafos Salón del cómic de Granada.

Los autores firman autógrafos Salón del cómic de Granada.

Órbita 76 es un cómic español publicado por la editorial Dibbuks que lleva vendidos en un mercado tradicionalmente pequeño y afectado gravemente por la crisis más de 650 ejemplares.

El 9 de marzo hubiese cumplido 80 años Yuri Gagarin, el cosmonauta soviético hecho leyenda al convertirse en el primer hombre en el espacio. Gagarin, con su aura de estrella de rock, muerte temprana incluida, se ha convertido en un icono popular del que se siguen emitiendo sellos, conmemorándose su muerte o celebrándose su cumpleaños  como hacía en estos días el Centro Ruso de Chile con una proyección de la película documental El hombre del Espacio.

Otra prueba de que el interés por este exobrero de la industria metalúrgica reconvertido  en piloto de caza y luego en cosmonauta no ha decaído pese al medio siglo pasado desde su gesta, es que el año pasado se produjese en Rusia el film  Gagarin: Pervyy v kosmose (Gagarin: el primero en el Cosmos) del director Pavel Parjomenko y protagonizada por Yaroslav Zhalnin. 

Este héroe soviético, que calentaba con su sonrisa aquellos años de Guerra Fría, falleció antes de tiempo en un accidente de aviación que despertó la imaginación de multitud de amantes de las teorías de la conspiración y que, parece probado, se debió a errores humanos.

Portada del cómic Órbita 76.

Entrevistamos a Gabriel Noguera para que nos cuente los pormenores de la historia.Podría ser una de esas teorías la historia que cuenta Órbita 76, un cómic fresco y original del guionista Gabriel Noguera y el dibujante José Pablo García, Gagarin consigue sobrevivir a un accidente en un vuelo secreto en órbita, con la mala suerte de caer en territorio enemigo: la España del General Franco. La URSS monta entonces la historia del accidente de aviación como cortina de humo ante un fracaso de tal magnitud en la carrera espacial. Uno que ha causado la muerte de su héroe más internacional. El propio Gagarin, temiendo convertirse en un trofeo del fascismo, y quizás cansado de los celos justificados de su mujer, vive en la clandestinidad, aprende español y se integra en la sociedad española de los años sesenta. 

¿Cuál es tu opinión personal sobre este personaje ruso?Todo surgió una noche en un bar ruso de Málaga llamado Yuri Gagarin. Mientras me alcoholizaba convenientemente con una cerveza Baltika ante el rostro del cosmonauta (en una fotografía bastante grande detrás de la barra), se me ocurrió la idea de que Gagarin siguiera vivo en secreto. La dipsomanía es así, fomenta la creencia en conspiraciones. Esa noche tuve el título de la historia y la idea central de un anciano diciéndole a su nieto que era Yuri Gagarin, el resto vino después. 

Fragmento de Órbita 76. 

Lo bueno de Gagarin es que es un héroe sin tacha al haber muerto relativamente joven, aunque a su mujer no le hacía mucha gracia que se sintiera inclinado a acostarse con otras. ¿A quién puede caerle mal Gagarin? Siempre será el primer hombre en el espacio, un héroe universal.

¿Somos todos Yuri Gagarin? 

Creo que sí. De alguna manera, el mensaje del cómic es que dentro de todos nosotros hay un pequeño Gagarin presto a orbitar a la menor oportunidad. Con la probable excepción de los políticos, claro. 

En el cómic de Noguera y García, décadas después del accidente del cosmonauta ruso, un joven que de niño soñaba con explorar las estrellas pero que ha optado por ser funcionario del Estado, visita a su abuelo en un asilo para ancianos cuando este le hace una sorprendente revelación. Él no es quien dice ser. Es Yuri Gagarin, que ha descubierto una conspiración para asesinarle mediante una inyección letal que le será suministrada por una nueva enfermera contratada por el centro…y quizás por el KGB.

A pesar de la incredulidad inicial de este joven con síndrome de Peter Pan, los abundantes detalles de la historia de su propio abuelo acaban por convencerle para ayudarle a huir del asilo en busca de algo que pueda demostrar que dice la verdad: la cápsula Vostok, que el anciano asegura haber enterrado con sus propias manos en el Desierto de los Monegros (Aragón).

Un cómic sobre la añoranza, sobre la infancia y la vejez que sin duda hará las delicias, de los amantes de la mítica carrera espacial gracias a una investigación gráfica que ayuda a una excelente ambientación, o de aquellos que busquen una historia original, distinta y salpicada de un humor socarrón como el que hace que el abuelo vaya rusificando su habla a lo largo de las viñetas, empezando por palabras rusas elementales, como pueden ser da o niet, y llegando a pronunciar más tarde el famoso poyejali!(traducible como vámonos o allá vamos), que Gagarin lanzó en su primera misión en el momento del despegue a lomos del cohete que le llevaría a conquistar las estrellas y los sueños de miles de niños, hoy adultos, que no le olvidamos.

El proyecto de Órbita 76 obtuvo el Premio Desencaja de cómic de 2012 que otorga el Instituto Andaluz de la Juventud de Andalucía.

Web de la editorial Dibbuks