'Qué difícil es ser Dios' se estrena después de 13 años de rodaje

El director Alexéi German estuvo 13 años rodando 'Qué difícil es ser Dios', y solo después de su muerte la película, que reflexiona sobre la imposibilidad de hacer feliz a la gente en contra de su voluntad, se ha proyectado en las pantallas.

En Rusia por fin ha comenzado a distribuirse la película Qué difícil es ser Dios. Durante más de 13 años Alexéi Guerman filmó la película, la rehízo, la sonorizó, la volvió a sonorizar, se la mostró a los periodistas y después la rehízo de nuevo. Los admiradores de su obra ya se habían dado por vencidos y dejaron de esperarla, hasta que en febrero del año pasado Alexéi German falleció. Tras el triste acontecimiento revivieron ciertas esperanzas: ¿se estrenará finalmente la película? El hijo de Alexéi German, también director y también llamado Alexéi, acabó de montar la película, que se estrenó en el Festival de Cine de Roma. Umberto Eco le dedicó una crítica entusiasta.

Guerman es uno de los grandes directores de cine rusos. Sus películas Proverka na dorogaj (“Prueba en la carretera”), Dvádtsat dnei bez voiní('Veinte días sin guerra'), Moi drug Iván Lapshin ('Mi amigo Iván Lapshin), Jrustaliov, mashinu! ('¡Jrustaliov, mi coche!') participaron en los festivales de cine de Cannes, Locarno y Rotterdam y fueron premiadas. En Rusia también obtuvieron muchos galardones.

Tras la muerte de Andréi Tarkovski, fue Alexéi German quien permaneció como el último resquicio de una época pasada del cine ruso. Por eso muchos esperaban la película. A esto se vino a sumar el interés por la novela homónima de ciencia ficción de los hermanos Arkadi y Borís StrugatskiQué difícil es ser Dios.

El tándem ruso de autores de ciencia ficción escribió la novela en 1963. Se trata de uno de sus libros más exitosos y controvertidos. La acción se desarrolla en otro planeta, en el estado de Arkarnar. Un mundo parecido a la Europa Medieval, plagado de disturbios, motines, revueltas y derramamientos de sangre. El protagonista, Don Rumat, es un progressor venido de la Tierra. Se trata de algo intermedio entre un residente y un estratega político. Recaba información y prepara reformas. Para que no se revele su identidad debe vivir en las mismas condiciones de suciedad que los habitantes locales y comportarse como un cerdo para pasar inadvertido. 

En el corazón no se manda

El libro pone el acento en que jamás nadie podrá ser arrastrado a la fuerza hacia un futuro brillante. El intento de apartar Arkarnar de la crisis con el uso de la fuerza conduce a un desenlace sangriento. En la Unión Soviética este tipo de ideas resultaban demasiado osadas. El libro se editó en una tirada limitada a la que pocos tuvieron acceso. Este estatus de semiclandestinidad le reportó aún más popularidad.

Hacía tiempo que Guerman quería hacer la adaptación cinematográfica del libro. En 1968 escribió el guion junto a Borís Strugatski. Y literalmente al día siguiente los tanques soviéticos invadieron Checoslovaquia y aplastaron la Primavera de Praga, un intento de introducir reformas pacíficas en el país. El contenido de un libro que trataba sobre la imposición de una felicidad plena rimaba demasiado con lo que había sucedido, y no se les permitió hacer la adaptación cinematográfica.

A finales de los años 80, durante la perestroika, volvió a surgir la posibilidad de rodar la película, pero la productora Sovinfilm, que se encargaba de los proyectos internacionales en la Unión Soviética, decidió que el director debía ser extranjero. Se lo propusieron al alemán Peter Fleischmann. Cerca de Yalta, en Crimea, se construyeron los decorados y se rodó una película gráfica efímera que no tardó en caer en el olvido. Mientras tanto, Guerman no se había olvidado de su idea. Y en 1999 empezó a  rodar. 

Quien va despacio llega lejos

En su producción cinematográfica Guerman nunca se distinguió por la velocidad.

Los rodajes de su película anterior, “¡Jrustaliov, mi coche!” se prolongaron durante casi ocho años. Pero en esta ocasión se superó a sí mismo. Con una escrupulosidad increíble se puso a crear un mundo desconocido, la suciedad y el terror de un país devastado. No hay ningún personaje positivo. El autor no deja al espectador ni una sola esperanza. Todo va mal, desde el principio hasta el fin. También Lars von Trier, en su película más desesperada, Melancolía, mostró cómo se va apagando la humanidad de la protagonista hacia el final de la película, pero Qué difícil es ser Dios consiguió superarle en cuanto a desesperanza.  

German murió el año pasado y su hijo, Alexéi German junior, acabó la película. En declaraciones a un corresponsal de RBTH dijo que no había cambiado ni una sola imagen de la película: “Mi padre lo había decidido todo previamente. La película se movía hacia la dirección que él había querido. Según sus notas, indicaciones, deseos y voluntad”.

Durante los 13 años en que Guerman estuvo recreando meticulosamente la atmósfera del inexistente Arkarnar, en el mundo real han ocurrido y seguirán ocurriendo multitud de arkarnares. El destino de aquel lejano planeta coincide con el destino de nuestra Tierra, donde, en el transcurso de toda la historia, utopistas de distintas tendencias aspiran a salvar a la gente al margen de su voluntad.

 

Fuente: youtube / Кино Гуру