“Stanislavski es mi religión. Aquí estoy en mi patria”

Raúl Rodríguez, durante los ensayos. Fuente: Ricardo Marquina

Raúl Rodríguez, durante los ensayos. Fuente: Ricardo Marquina

Raúl Rodríguez habla con Rusia Hoy de su último proyecto artístico, que presentó recientemente en Moscú, de su colaboración con la Universidad Rusa de Artes Teatrales (Gitis) y de cómo el teatro ruso le ha marcado la vida.

¿Cuándo fue la primera vez que vino a Rusia? 

La primera visita a Rusia fue de carácter político y no figura en ninguna parte, viajé de forma clandestina. De hecho, no hablé de esto hasta el año 2009, cuando fui candidato a la Presidencia de Uruguay por el partido Asamblea Popular (NR) y tuve que informarme de si podía referirme a aquella etapa de mi vida o no. Entonces me dijeron que sí. 

En 1975 volví a mi país y estuve preso hasta el año 1985, cuando terminó la dictadura. Me costó unos años recuperar mi vida personal: la cárcel te deja marcado, sobre todo si pasas 10 años aislado en una celda, como fue mi caso. Pero en la década de 1990 pude seguir con la actividad teatral. Entonces, volví a Rusia. Volví por motivos artísticos. Me fui al teatro, al Gitis. A partir de ese momento mi vida cambió definitivamente...

¿Qué buscaba en Rusia desde el punto de vista artístico? ¿Vino para aprender?

Quería recibir el conocimiento directo del método Stanislavski aquí, en Moscú. Estoy convencido de que este sistema no se puede aprender en los libros. Nunca pude pasar mucho tiempo en Moscú. Tenía que viajar constantemente, estuve cuatro o cinco años entre Moscú y Uruguay en los años de 1990. Pero desde entonces sé que esta es mi casa, estoy muy feliz trabajando acá. Creo que es el mejor centro de enseñanza artística del mundo, no existe otra escuela igual.

Nació el 19 de mayo de 1943 en Durazno, Uruguay. Estudió en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Montevideo, en la Escuela Integral de Actuación de la Asociación de Actores Argentinos y en la Universidad Rusa de Artes Teatrales (Gitis) de Moscú. Fue el primer director latinoamericano en realizar un montaje con un elenco profesional de Rusia, con la puesta en 
escena de la obra En familia de Florencio Sánchez, en el teatro Yermólova de Moscú en el año 2000. Actualmente es representante de Gitis de Moscú en América Latina. Dirige el Taller de Teatro de Paysandú con el que consiguió el premio Morosoli en 2010. Con su elenco del Taller de Teatro de Paysandú participó en los Festivales de la Cultura Iberoamericana en Rusia en los años 2000 y 2001.

¿Y cuál es su papel actualmente en Rusia?

Soy el representante del mundo artístico de América Latina en Rusia. También tengo la suerte de que en Moscú confíen en mí para dejarme trabajar con los estudiantes de Gitis, lo que acá no es común. 

Acabamos de presentar en Moscú una pieza uruguaya, con los estudiantes de cuarto curso, y se puede decir que, en cierta manera, introduzco la dramaturgia latinoamericana en el arte ruso. En este caso se trata de El pan nuestro de Ernesto Herrera. En la obra participan 17 estudiantes rusos aunque la pieza tiene solo ocho personajes. Al final tuve que hacer dos elencos, y para algún papel hasta hay tres actores. Hacemos una puesta muy particular. Incluso el propio autor es un personaje. Herrera fue contemporáneo de Chéjov, su obra cumplió 100 años y el Gitis está cumpliendo 135 años. Con los mismos estudiantes pusimos en escena otra pieza, Skaméika (El banco) de Alexánder Guelman que representamos en la residencia del embajador. 

¿Habrá una continuidad? ¿Seguirá trabajando con el Gitis?

El año próximo quiero llevar esta versión de Skaméika a Uruguay, primero a mi teatro en Paysandú y luego de gira por Argentina, Chile y otros países de América Latina. Y haré a mis estudiantes aprender la obra en español. 

El primer elenco ruso pasó por Uruguay en la década de 1930, fue el único caso en el sigo XX. Después, en 2001 lo llevé al teatro Hermitage. No hubo otra experiencia. Estuve a punto de presentar Skaméika en Argentina, pero coincidió con el año en que me convocaron para participar en las elecciones presidenciales del partido Asamblea Popular. Yo ya no estaba participando muy activamente en la política, pero fue una cosa excepcional, fue la necesidad del momento. Sabía que no iba a ser presidente, pero seguía trabajando igual. Este trabajo me llevó un año y medio y me sacó del teatro. Ahora todo el tiempo que tengo quiero dedicarlo al teatro, a mi teatro en Uruguay y a mis estudiantes rusos.

En Uruguay y en América Latina en general, mi labor es divulgar la cultura clásica rusa. En el Taller de Teatro de Paysandú organizamos una muestra internacional cada dos años, ahora justamente estamos reformando el teatro. Espero que para el año próximo terminen las reparaciones y pueda llevar el elenco ruso de gira. 

¿Por qué le atrae tanto Rusia?

Creo que acá revivo, me alimento en todos los sentidos. Cuando estoy en Moscú, casi todas las noches voy al teatro, visito la casa de Stanislavski. Es mi religión. A pesar de haber nacido a una distancia tan larga, tengo la sensación de que aquí estoy en mi patria. 

Nadie es profeta en su tierra, según el dicho popular. A mí me pasa lo mismo. En mi propio país tengo dificultades para entenderme con la gente del área cultural. Aunque debo destacar que, independientemente del gobierno que haya habido en mi país, siempre he sentido el respeto y el reconocimiento del Ministerio de Asuntos Exteriores. En el año 2001 puse en escena en el teatro Yermólova de Moscú una obra clásica de Florencio Sánchez. Trabajé con actores profesionales del teatro, los preparé. Cuando volví a Uruguay el canciller me mandó una nota de felicitación y luego me invitó a Montevideo para hablar con él: “Cuando me dijeron que un director uruguayo iba a dirigir en Moscú una obra de Florencio Sánchez en lengua rusa, me pareció tan grande, que creí que era un error...”, me dijo. Siempre he sentido el apoyo de la Embajada y la Cancillería. Antes, cuando venía a Rusia, me alojaba dentro de la universidad y un día me llamó el embajador de aquella época y dijo: “¿Usted, por qué no viene a su embajada?”. A partir de ese momento siempre me alojo en la residencia del embajador, incluso cuando vengo acompañado por todo mi equipo uruguayo.

¿Cómo ve el futuro de las relaciones entre Rusia y Uruguay? 

Mi país tiene buenas relaciones comerciales con Rusia, pero me gustaría que nuestro presidente la visitara. Creo que tenemos que fortalecer nuestros lazos políticos.