El Ermitage pone marcas secretas en sus obras de arte

Fuente: PhotoXpress

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El director del Ermitage Mijaíl Piotrovski ha anunciado que el museo acaba de concluir el marcado secreto de sus piezas, lo cual impedirá la salida de bienes robados al extranjero. La tecnología ha sido desarrollada y realizada por el ejército. El Ermitage se niega a revelar el secreto militar. Tratamos de averiguar en qué consiste este marcado secreto y cuál es su finalidad.

La historia comenzó en 2006 cuando los investigadores descubrieron que habían desaparecido piezas de la colección de joyas. La conservadora de arte Larisa Zavadskaya fue acusada a título póstumo, pues murió de tromboflebitis en su lugar de trabajo al inicio de la instrucción.

El valor de los objetos robados se estimó oficialmente en 150 millones de rublos (3, 3 millones de euros) aunque las malas lenguas dicen que el valor real era mucho mayor. Los instructores trataron de establecer cuáles habían sido los canales de distribución de los objetos robados.

Durante los últimos años de su vida Larisa Zavadskaya viajaba a menudo a Finlandia. Los instructores sospecharon que las piezas robadas fueron vendidas precisamente allí. Sea como sea, con el fin de evitar que se produjeran casos similares la conservadora jefe del Ermitage, Svetlana Adaskina, anunció en 2007 que se desarrollaría un marcado secreto para las aduanas. El marcado debía llevarse a cabo en dos años, pero finalmente se ha concluido en 2013. Es comprensible: en el Ermitage hay 150.000 piezas expuestas y cerca de tres millones en los fondos. Resulta fácil imaginar el número de horas, días, meses e incluso años de trabajo que hace falta para marcar todas esas piezas.

Se puede hacer toda clase de conjeturas con respecto a la manera en que funciona la tecnología secreta en la aduana: emite un pitido, se ilumina o se envía un SMS diciendo “soy la pieza nº 3456, estoy en la terminal de aduanas…”.

La crítica de arte Yulia Sarayeva, que dispone de una sólida experiencia trabajando en museos y galerías, explica que en la práctica museística el marcado secreto no se aplica o bien el secreto está tan bien guardado que nadie lo sabe.  “Antes”, cuenta, “el sistema de registro de piezas era salvaje: los números de inventario se marcaban con pintura al óleo, mientras que en las piezas pequeñas se pegaba una etiqueta. Hoy se utilizan materiales menos nocivos, pero el principio sigue siendo el mismo: el número debe ser indeleble. Si la pieza va a parar al mercado negro enseguida resultará claro que es robada”.

Algo se puede afirmar rotundamente: es indispensable fortalecer las medidas de seguridad de las piezas de los museos.

La historia de robos en Rusia es, por desgracia, muy rica. En la Unión Soviética la mayoría de robos tenían que ver con los objetos de culto en las iglesias. Era bastante sencillo. Las iglesias no estaban bien vigiladas y no había inventarios. No fue hasta principios de la década de 1980 cuando el gobierno se dio cuenta y comenzó a hacer inventarios de los bienes culturales que todavía quedaban en las iglesias en servicio. En la década de 2000 se registraron por año de 50 a 100 casos de pérdidas de piezas. Y ésos son sólo los casos que se conocen. Se debió sobre todo debido a la falta de control. Las piezas a veces eran sustraídas con la complicidad de los empleados.

Se producían también robos tradicionales. Así, en 1999, el desempleado Dmitri Rukavitsyn de 29 años y otros cómplices robaron cuadros de Vasili Perov http://www.wikipaintings.org/en/vasily-perov  en el Museo Ruso de San Petersburgo. Los cuadros se encontraban en el primer piso en donde los ladrones rompieron los cristales. A las exigencias de los guardias para que devolvieran los bienes robados, los ladrones respondieron abriendo fuego y luego huyeron.

También se registraba un gran número de hurtos. Así, este año fue saqueado el museo de Viazniki en el óblast de Vladímir. En plena noche los ladrones robaron cuadros de Shishkin, Korovin y Zhukovski. La alarma no estaba activada, el guardia había olvidado encenderla por la noche. Mientras que en Biisk (krai de Altaiski), una mujer robó de un museo… un frasco con embriones de gemelos siameses. La mujer fue arrestada.

Se podrían seguir enumerando robos semejantes, pero en la aduana no descubrieron ni los cuadros de Shishkin ni los frascos con gemelos siameses.

Hablamos con Iliá Wolf, director general de Fineartway, una empresa especializada en el transporte de obras de arte. Considera que cuando se trata de impedir el contrabando en aduanas hay que hablar del equipamiento técnico: “¿Qué niveles de control tenemos que pasar en la aduana? Un control radiológico. Si se tiene en cuenta esta opción, todas las obras pueden estar equipadas de microisótopos. Por otra parte también nos someten a un control olfativo cuando los perros buscan drogas o explosivos. En teoría se puede imaginar que las obras son rociadas con sustancias especiales. Dudo mucho que los criminales no averigüen cómo están marcadas las obras de arte. Por lo tanto, podrán evitar las aduanas, en eso consiste el contrabando. En la frontera con Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania hay 'agujeros'… Eso significa que habría que equipar de aduanas también a todos estos países.”