Dos vidas marcadas por el frío

Fuente: C. Pazos

Fuente: C. Pazos

El patinaje sobre hielo en Rusia es un arte y un deporte nacional. Los bailarines que le dedican su vida, empiezan la escuela de patín cuando son niños, a los 3 años de vida, y a veces se ponen los patines al mismo tiempo que aprenden a caminar. Este es el caso de uno de los protagonistas del Ballet de Moscú sobre hielo que recientemente visitó Montevideo.

La compañía El Ballet de Moscú sobre hielo fue fundada hace casi 30 años por los célebres patinadores Ígor Bobrin y Natalia Bestemiánova. Los deportistas de elite decidieron apostar por el baile clásico sobre hielo en vez de competir por las medallas olímpicas, lo que hasta entonces era su principal objetivo. Además de fundadores, se convirtieron en los primeros directores artísticos y profesores del grupo.

En los años 2000 la compañía empezó a ir de gira por distintos países de América Latina, visitaron Chile, Argentina, Ecuador, Colombia, Venezuela, Perú, Costa Rica entre otros sitios. 

Casi siempre los integrantes del grupo presentan las reconocidas obras del ballet clásico ruso, como El lago de los cisnes y El Cascanueces de Piotr Chaikovski o La Cenicienta de Serguéi Prokófiev que tanto se aprecian en América Latina. La coreografía de estas obras suele ser la del francés Marius Petipa adaptada a cada escenario en el que se representan las obras y a las particularidades del ballet sobre hielo que no deja de ser un fenómeno en el arte teatral ruso. 

"Mi compañero de baile en la compañía comenzó a patinar al año de nacer, casi al mismo tiempo que aprendió a caminar. Parece que está en nuestro ADN, desde que salimos del vientre somos capaces de esquiar sobre patines”. Los integrantes de la compañía tienen doble formación, por un lado deportiva y por otra en danza.

Para que se entienda el grado de práctica y de perfección que observan en Rusia con el patinaje artístico, los niños comienzan la escuela de patín a los tres años e incluso algunos lo hacen a partir de su primer año de vida. En Rusia, los programas de entrenamiento ya orientan a los niños de tres o cuatro años para que sean verdaderos artistas del patín sobre hielo. 

Eso le sucedió al compañero de baile de la patinadora Inga Radionova, que visitó Montevideo con la compañía del Ballet de Moscú sobre hielo, donde baila desde hace más de tres años y con quien ha realizado cuatro giras por Latinoamérica. Sin embargo, fue la primera vez que Radionova y este destacado cuerpo de baile en el mundo se presentaron en Uruguay, en tres espectáculos en el teatro Metro, donde se montó una pista de hielo especial sobre el escenario. 

“Mi compañero de baile en la compañía comenzó a patinar al año de nacer, casi al mismo tiempo que aprendió a caminar. Parece que está dentro de nuestro ADN, desde que salimos del vientre somos capaces de esquiar sobre patines”, dijo Radionova , de 27 años y nacida en Moscú.

En su caso comenzó a esquiar muy tarde, a los nueve años. Esto incluso representó un problema porque en la escuela donde fue a aprender no querían aceptarla, la consideraban demasiado mayor para comenzar su formación. 

“Mis padres tuvieron que tratar el tema especialmente para que me dejaran entrar”, contó la patinadora, que compitió en Italia en campeonatos mundiales y también participó en campeonatos europeos y en los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín. 
Los bailarines y patinadores del Ballet de Moscú sobre hielo se formaron en estas escuelas, a las que suelen ingresar los niños entre los tres y los seis años de edad para que cuando lleguen a los 15 años compitan con un nivel suficiente para ganar los campeonatos mundiales. 

Muchos de los integrantes de la compañía poseen una doble formación que incluye y entrelaza el deporte y la estética. 

Es el caso de Dmitri Golgovich, de 24 años, quien comenzó a patinar a los 6 años. Estudió y se formó deportivamente en el hockey hasta los 17 años en la ciudad de San Petersburgo. 

Luego de que su vida deportiva como jugador de hockey terminó –una ruda diciplina que está en las antípodas del ballet–, entre los 17 y los 18 años, se vinculó primero a la escuela moscovita del renombrado maestro del patín sobre hielo, Ígor Bobrin, y luego integró los cuerpos de la compañía que recorren el mundo representando este espectáculo. Allí llegó a ganar un campeonato mundial. 

Para Radionova, el ballet sobre hielo es una disciplina compleja y metódica, que requiere de enormes destrezas físicas y de concentración mental, que incluye las normas básicas de la danza más el poder de desplazamiento y velocidad que el ballet no posee. “Eso lo hace mágico”, dijo.

El espectáculo que exhibieron para el público local fue una muestra que combinó una obra clásica del ballet ruso con una obra de carácter más de comedia, y contó con dos partes. 

La primera abrió con la suite de El lago de los cisnes, con música de Piotr Chaikovski y coreografía de Marius Petipa, y la segunda fue un fragmento de La Cenicienta, también con coreografía del célebre Petipa. 

De gira por el mundo

Ambos bailarines hablaron de la experiencia de viajar por el mundo con la compañía y de tener que adaptarse a culturas muy diferentes a la rusa. “Las diferencias son enormes y me encanta recorrer ciudades con culturas y personas diferentes”, dijo Inga. “Esta gira en particular no ha sido muy larga. Actuamos en Chile, Argentina y Uruguay, por lo que no he tenido mucho tiempo de extrañar mi país”, contó entre risas. 

Un elemento a tener en cuenta en estos viajes largos es el factor culinario. 
Sobre la diversidad gastronómica ante el hecho de estar de gira en países alejados de la cultura rusa, los patinadores de la compañía del Ballet de Moscú sobre hielo encuentran su refugio en territorios gastronómicos internacionales, como la comida china o las cadenas de comida rápida. “Pero también es interesante probar las particularidades en cada país”, dijo Radionova, quien degustó carne uruguaya asada.  

La prestigiosa compañía de la capital rusa emprendió su cuarta gira por los países de América Latina y por primera vez llegó a Uruguay. En el teatro Metro, donde se montó una pista de hielo especial sobre el escenario, se presentaron dos obras clásicas del ballet ruso: El lago de los cisnes, con música de Piotr Chaikovski y coreografía de Marius Petipa, y La Cenicienta, también con coreografía del célebre Petipa.

El público montevideano se dejó hipnotizar por la acrobacia y la elegancia del baile que nace de el hielo.

La patinadora se llevó una gran impresión de la arquitectura de Montevideo. “Por lo que nos explicaron, cada edificio tiene su historia particular y su estilo. Yo vengo de San Petersburgo, donde tenemos edificios bellísimos. Quizá por eso es que me impresionan tanto los de aquí”, dijo. 

Por su parte, Golgovich dijo estar contento de haber visitado Uruguay, más bien por el factor climático. “En Rusia en este momento hace mucho frío. Me gusta la temperatura y el calor que hace aquí. El clima me agrada”, afirmó. Además le llamó la atención la cantidad de niños que vio jugando al fútbol en la calle. “Eso es algo que en Rusia no sucede”, concluyó.

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