Los secretos de un Héroe de la Unión Soviética

Guevork Andréievich Vartanián pocos días antes de morir. Fuente: archivo personal

Guevork Andréievich Vartanián pocos días antes de morir. Fuente: archivo personal

Presentamos un fragmento del nuevo libro sobre los agentes de los servicios de inteligencia soviéticos escrito por el subjefe de redacción de 'Rossíyskaya Gazeta', Nikolái Dolgopólov. Sus dos anteriores libros fueron bestsellers Sus protagonistas son el coronel Abel – Fisher y el inglés Kim Filbi.

 El libro Guevork Vartanián está dedicado al agente clandestino y Héroe de la Unión Soviética y a su esposa Goar. Se les considera la pareja más eficaz en la historia del espionaje clandestino soviético.

Poco se conoce sobre Vartanián pero es destacable su papel en la prevención de un ataque de los fascistas contra la Stalin, Churchill y Roosevelt durante la Conferencia de Teherán en el año 1943.

En este fragmento, el durante muchos años jefe del espionaje clandestino, el general Yuri Drozdov, recuerda a su superior Vartanián. 

Héroe en circunstancias especiales

- Su apellido es K. – Por desgracia, murió temprano, sin que se revelara el secreto y probablemente su nombre nunca será conocido, - empezó a contar el general Drozdov. –Sin embargo, sí que se habló de algunas actividades en las que participó. En estos materiales K se hace pasar por coronel.

- ¿Y no se sabe nada sobre él?

-K experimentó lo mismo que le tocó superar al propio Vartanián. Estaba documentado de la forma correspondiente. Una vez se necesitó lo inimaginable para que se corroborara su leyenda. Gracias a su talento de agente una mujer ciega de un aislado pueblo de montaña que antes no lo conocía lo reconoció como a su hijo. Ahora se sabe que su madre verdadera era del Oriente árabe.

-Pero a juzgar por su apellido K era ruso o medio ruso.

-No, no era ruso. Era osetio. Cuando K empezó a tener dificultades con la comprobación de algunos momentos de la historia que se habían inventado, empezó a escribirse con sus parientes ficticios. El hijo verdadero de esa familia no había regresado a casa desde hacía más de quince años. Se enteraron de que su madre se había vuelto ciega. K estaba convencido de que no representaría un gran riesgo encontrarse con sus parientes para reforzar su leyenda.

Sin embargo, los jefes del espionaje exterior consideraban que ese paso era demasiado atrevido. Los límites del riesgo, si es que no superaban todas las fronteras admisibles, estaban muy cercanos. De todas formas, tras largas reflexiones, todas las consideraciones y vacilaciones posibles K obtuvo el beneplácito.

Debido a lo que pudiera pasar, a unos pocos kilómetros del pueblo le esperaba un coche en un sitio apartado. El conductor del automóvil tenía los documentos, en los que K constaba con otro nombre, y también un billete de avión con destino a una capital europea desde donde haría un transbordo hacia otra. En caso de que las circunstancias hubieran sido desfavorables, que la madre de K no reconociera al hijo que hacía años se había marchado a trabajar, lo más importante para él era llegar a tiempo para subirse al avión.

 

En un país donde vivió de manera ilegal. Fuente: archivo personal.

-¿Y cómo podía K estar convencido de que el hijo verdadero no aparecerá? Podía mantener correspondencia con algún pariente. Y la gente de aquella época relativamente cercana tenía la costumbre de enviar fotografías a casa. No para alardear, pero sí que mandaban fotografías con su casa de fondo o un buen automóvil...

- Tiene razón, el hombre originario del pueblo de montaña hizo una excelente carrera profesional. Encontró trabajo en una empresa extranjera y se hizo rico de verdad. Durante los primeros años apareció por el pueblo, mandaba regalos, pero después desapareció.

- Y tal como había desaparecido podía reaparecer de pronto.

-No podía. Había muerto. El agente lo supo de forma totalmente casual. Se dio cuenta de una coincidencia: él era muy parecido al fallecido. Por eso decidió encontrarse con la madre.

-Pero Yuri Ivánovich, no es en vano que se dice que la madre natural siempre reconoce a su hijo.

-Es cierto. Yo también estoy de acuerdo: puede reconocerle. ¿Pero llegará a contar a la gente pobre o muy modesta que vive en las montañas que se trata de una persona ajena? El hijo desapareció hacía unos quince años. K, como su “doble”, también logró hacer una buena carrera profesional en el extranjero. El empresario hizo tanto dinero que incluso pudo ayudar económicamente a sus compañeros en el espionaje clandestino. Anunció con anticipación su llegada a los parientes. Compró regalos para todos. La madre estaba preparada para recibir y acariciar a su hijo. K iba muy bien vestido y llegó en un lujoso coche. ¿Cómo podían rechazarlo sus parientes y sobre todo su madre? Bien, aunque no se trate del hijo. Pero él con toda sinceridad considera a una mujer mayor su madre, ¿por qué habría de apartarlo?

-Pero y si ella...

-Había una explicación para el “y si”. K hubiera preguntado a sus parientes si su madre estaba bien de salud, les habría enseñado la fotografía familiar que se hicieron un poco menos de veinte años atrás cuando el hijo había regresado al pueblo. El parecido con el muerto era increíble. ¿Cómo podían renunciar a un pariente así? Parecía que se había tenido todo en cuenta.

-¿Pero sólo lo parecía?

-Efectivamente, es imposible tenerlo todo en cuenta y tenerlo todo previsto. Todo el pueblo salió a recibirlo. Solemnemente condujeron K a su madre: en el banco de la casa paterna había unas cuantas mujeres. Envueltas en velos. Y, evidentemente, reconocer cual era la “madre natural” era casi imposible. Pero mientras el clandestino estaba torturándose pensando cómo resolver la situación su ciega madre se levantó. Apoyada en las vecinas, que es obvio que reconocieron el hijo en el señor bien vestido que se acercaba, se arrodilló ante el hijo. Lo tocó, pronunció una oración en honor a Alá y nombró a nuestro coronel hijo. Lo reconoció.

-¿Y en qué país ocurrió? No, le miro, Yuri Ivánovich, y entiendo que no hace falta ponerse a pensar en eso.

-No hace falta. Para confirmar toda esta leyenda hemos hecho muchas cosas. Nuestro coronel pasó por la vida como una persona rica. Repartió regalos a todos sus parientes gracias a su empresa europea. Arregló la casa, el tejado, puso una cerca nueva. Pero sus asuntos, y esto sí que es verdad, no permitieron a K quedarse mucho tiempo en el pueblo natal. Tres días y tuvo que irse. Le esperaba Europa.

-¿Y la madre?

-¿Sabe? En esta historia no hay nada de ofensivo, malo o ingrato. Al contrario. A su santa madre le destinamos una pensión que recibían los parientes que la mantenían. Y durante más de diez años mandaron dinero al pueblo donde vivía. Por cierto, puede ser que el encuentro con el hijo, el bienestar material y la preocupación de los parientes entusiasmados con la ayuda económica constante también contribuyeran a que viviera muchos años.

-Pero entiendo que al hijo no lo volvió a ver nunca más.

-Usted mismo ha hablado del riesgo. El coronel estaba ayudando en operaciones muy importantes que se estaban llevando a cabo en Oriente Próximo y otras regiones.

-Pero al menos haga alguna alusión a algo que consiguió.

-Me temo que nadie nunca dará los detalles. En cuanto a insinuar... K fue el primero de los nuestros, mucho antes que lo hicieran los otros, que informó al Centro sobre el proyecto de la guerra de las galaxias.

-Se refiere a la “iniciativa defensiva estratégica” del presidente Reagan?

-Exactamente. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Rossíykaya Gazeta