Moda soviética de los años 20: chaquetas de cuero y estampados geométricos

Es una creencia generalmente aceptada que no hubo moda tras la Revolución rusa. Terror, hambre, guerra, ¿cómo se podían preocupar por la ropa? Sin embargo, los años 20 fueron uno de los periodos más chic de la historia soviética.

Liliya Brik con un vestido largo semitransparente. Fuente: Alexander Rodchenko.

La Revolución, junto con la nueva ideología inclinada hacia el ascetismo, dictaba las reglas del desarrollo de la moda. Los símbolos de los nuevos tiempos eran la chaqueta de cuero, adquirida en cantidades excesivas para el ejército imperial (especialmente, chaquetas de aviación de la Primera Guerra Mundial) y expropiada para que la usasen los miembros de la Cheka, la policía secreta. También los pañuelos rojos, anudados de manera poco común, bajo la barbilla o hacia atrás, que simbolizaban la liberación de la mujer del “yugo imperial”. 

Al mismo tiempo, se estaba trabajando para crear “la ropa del futuro”, diseñada para ser funcional y a la vez estar en la línea del espíritu del comunismo. Una tarea del diseño soviético de los años 20 era crear un uniforme para la producción industrial, las llamadas “ropas de producción”. Los artistas desarrollaron los uniformes más extravagantes para los cirujanos, pilotos, bomberos y vendedores. El padre de los pósters de propaganda soviética, el artista letón Gustav Klutsis, desarrolló un uniforme para mineros con una luz en el casco y un cinturón de alarma equipado con un complejo teclado. La ropa era considerada el microhábitat de una persona. El material para los primeros uniformes soviéticos era el lienzo crudo, paño, algodón grueso, zaraza, pana, bayeta, franela o lana basta. 

 Boceto del uniforme para mineros de Gustav Klutsis. Fuente: Press Photo.

Las novedosas ideas de los artistas constructivistas empezaron a abrirse paso poco a poco en el mundo de la moda. Así, había una gran demanda de diseños suprematistas en jerséis y pañuelos, o bocetos de los dibujos de Nadezhda Lamanova en modernos trajes de seda en estilo cubista o suprematista. Se ponía un énfasis especial en el corte y la estructura, en el diseño de los cierres y los bolsillos. Esta visión de la ropa era bastante parecida a las ideas de los minimalistas actuales. La casi completa falta de adornos, el énfasis en la forma y la funcionalidad, todas esas técnicas se actualizan hoy en las colecciones de Jil Sander y Stella McCartney. Estas ideas han demostrado ser muy modernas y recurrentes. 

En 1924, los llamativos estampados geométricos llegaron a la moda de mano de los constructivistas. Las artistas Liubov Popova y Várbara Stepánova desarrollaron muestras de tejidos vanguardistas en la Primera Imprenta Industrial, que después se produjeron en la fábrica y se lanzaron a la venta. Muchos años después, las formas y estampados geométricos ideados por los constructivistas rusos en los años 20 empezaron a aparecer en las pasarelas de todo el mundo, como, por ejemplo, el legendario vestido de línea trapecio de Yves Saint Laurent. 

 

Dibujo de un modelo de Várvara Stepánova. Fuente: Fine art images / East News

La actitud ante el boceto también era rompedora. El dibujo tenía un papel primordial en la formación de los modelos y el concepto de una colección. El dibujo era la encarnación del proceso creativo, no una representación del modelo ya terminado. Más tarde, este método fue adoptado (con toda probabilidad de manera completamente independiente) por Christian Dior, Yves Saint Laurent y muchos otros. 

En esta época, Rusia tuvo su primera revista de moda, “Atelier”, creada bajo la dirección de la innovadora “Atelier Mod” (Casa de la Moda). Su principal objetivo y cometido se ponían de manifiesto en el primer editorial: “La activa e incansable búsqueda para identificar lo que es creativamente perfecto, que merece la máxima atención en la esfera de la cultura material”. La grandiosidad de esta concepción estaba determinada por una lista de estrellas que accedieron a colaborar con la revista: los artistas Yuri Annenkov, Borís Kustodiev y Kuzma Petrov-Vodkin, la escultora Vera Mujina o la poeta Anna Ajmátova, entre otros. 

Además de las lujosas ilustraciones y los novedosos modelos constructivistas, la revista ofrecía una visión de conjunto de las modas europeas de la época. Aquí, el sistema de control soviético vio “vestigios del capitalismo” y su primer número fue también el último. Si no hubiese sido por los excesos de la censura soviética, Rusia tendría ahora su Vogue y su Harpers Bazaar, todo en uno.

Revista Atelier, 1923. Fuente: Press Photo