Lo mejor de la propaganda soviética en una voz inolvidable

Elegido personalmente por Joseph Stalin, Yuri Levitan sigue siendo reverenciado como la voz de la Segunda Guerra Mundial. Este mes se cumplen 99 años del nacimiento de Yuri Levitan, conocido como ‘La voz de la guerra’. Dotado de una voz poderosa e imponente, consiguió unir a la enorme Unión Soviética frente a la amenaza nazi.

“Vnimanie! Govorit Moskva!” ("Atención, habla Moscú") .  Estas eran las palabras con las que, personificando a la capital y portando las esperanzas de todo el país sobre sus hombros, este presentador con gafas comenzaba en tono calmado sus partes de guerra hasta que esta terminó y Hitler fue derrotado hace 68 años. 

Por todo el país, civiles y militares por igual, escuchaban las noticias sobre qué ciudades habían caído, qué regiones habían sido reconquistadas y cuando se esperaban ataques aéreos. Nina Trifonova, de Oremburgo al sur de los Urales, recuerda el impacto que tenían las transmisiones de Levitan. 

Nos explica como "en aquellos días no podíamos permitirnos una radio, pero había altavoces en ciertas calles y la gente se arremolinaba alrededor de ellos a una hora concreta para escuchar las noticias del frente". 

Esta experiencia común unía a la gente y Trifonova lo describe como "sentirse parte de una gran familia con Yuri Levitan a la cabeza". Todo esto a pesar de las duras noticias que a menudo relataba, especialmente en los primeros días de la guerra. 

Trifonova describe su voz como "clara y aterciopelada, con una capacidad para traer esperanza dijera lo que dijera". Recuerda con orgullo como inspiraba a sus oyentes y el impacto que esto tenía sobre los habitantes de su ciudad. 

Estos recuerdos, que comparten todos los rusos de la generación de Trifonova, muestran hasta dónde había llegado Levitan y de qué forma tan rápida. Su historia es la de un auténtico desconocido que se ve lanzado bajo los focos y consigue estar a la altura de la situación. 

De hijo de un sastre a ser la voz de una generación. Hijo de un sastre de Vladímir, una ciudad a 190 kilómetros de Moscú, Levitan tendía a ocultar sus humildes orígenes desde joven. En un principio tenía intención de ser actor, se trasladó a la capital donde, después de fracasar en su primer plan, intentó entrar en la radio. 

Inicialmente le dijeron que su “provinciano" acento de Vladímir era demasiado fuerte, por lo que practicó durante horas y horas para perfeccionar su pronunciación moscovita. Pero después, durante su primera emisión, una lectura nocturna de un artículo del Pravda, el líder soviético Joseph Stalin casualmente estaba escuchando. 

El autoritario líder declaró que esta sería la persona que leería el informe del día siguiente del Congreso del Partido Comunista y Levitan comenzó su camino al estrellato. Tan solo tenía 19 años. Hitler, el archimanipulador de los medios de comunicación y la propaganda, reconocía el inmenso impacto de Levitan en la moral de su enemigo y le declaró su enemigo público número 1. 

La recompensa por su cabeza era de 250.000 marcos alemanes, alrededor de 1,3 millones de dólares actuales. El mariscal Rokossovski dijo que su voz valía tanto como una división. Levitan tenía su propia escolta, y tan solo 25 años después de la guerra se supo que la maquinaria de radio soviética había sido trasladada a los Urales por razones de seguridad. 

Irónicamente Levitan fue tan famoso durante la guerra que posteriormente hubo momentos en los que tuvo dificultades para conseguir trabajo en la radio, las altas instancias del gobierno soviético consideraban que su voz estaba demasiado unida a la guerra. Sus apariciones se limitaban a los grandes eventos de la vida soviética, por ejemplo, el anuncio del primer hombre en el espacio o de la muerte de Stalin.

La mayor parte de sus ingresos provenía de la narración de documentales, charlas con veteranos o clases para estudiantes. En sus últimos años le preguntaron a Levitan qué eventos le marcaron más profundamente y de inmediato contestó que el anuncio del vuelo espacial de Gagarin. Describió como se le llenaron los ojos de lágrimas y como fue "igual que el 9 de mayo de 1945, cuando leyó la rendición de la Alemania de Hitler".

El hombre cuya fuerte y decidida voz representaba el poder y el poderío de la Unión Soviética ocultaba un lado muy humano después de todo. Dos días después de su muerte, el The New York Times recordaba su "sonoro y característico sonido". Treinta años después de su muerte, a los 69 años, el hombre y la voz siguen siendo venerados.