Una nariz cobra vida propia en el escenario gracias a Shostakóvich

El libreto de la primera ópera de Dmitri Shostakóvich se basa en el relato homónimo de Nikolái Gógol y es bastante fiel a su argumento fantástico. La ópera se presentará en Nueva York y se podrá ver en directo en Uruguay gracias al proyecto The Met: live in HD.

Un mediocre funcionario petersburgués se despierta una mañana y descubre que ha perdido la nariz. Su sorpresa es mayúscula cuando esta cobra vida, y crece hasta alcanzar el tamaño de un hombre adulto y, para colmo, va vestida con un uniforme de rango superior al de su dueño, del cual no desea saber nada. Kovaliov solo tiene una  una cosa clara en la extraña situación en la que se encuentra: debe atrapar cuanto antes la nariz y devolverla a su lugar, pues sin ella no le será posible hacer carrera o contraer un matrimonio ventajoso. El absurdo y la fantasmagoría contenidos en las páginas de este relato se traspasan a la escena, y es aquí donde los espectadores deben decidir si esta historia cargada de ironía tiene más de comedia o de tragedia.

Tanto el escritor como el compositor crearon esta obra cuando aún eran muy jóvenes. 
Gógol la escribió a principios de los años 1830, a sus 23 ó 24 años; Shostakóvich terminó la ópera siendo aún más joven, en 1928, a la edad de 22 años. Sin embargo, en el momento de crear La nariz, ambos artistas ya se habían dado a conocer: el joven Shostakóvich había alcanzado la fama (incluso a escala internacional) con su primera sinfonía, mientras que Gógol había dado muestras de su talento literario en una colección de relatos alegres y poéticos impregnada de folclore ucraniano y titulada Veladas en un caserío de Dikanka.

El éxito de la novela

No se puede decir que los contemporáneos del escritor apreciaran el ensayo de inmediato: la primera edición publicada en 1836 fue criticada en varias ocasiones, lo que empujó a Gógol a cambiar algunos episodios. No obstante, el relato gustó al gran poeta Alexánder Pushkin, quien decidió publicarlo en la revista Sovremennik (El contemporáneo), que él mismo había fundado. 

Una figura enigmática

Nikolái Gógol (1809–1852) es una de las figuras más trágicas de la literatura rusa, pero también uno de sus mejores escritores. Entre sus obras más destacadas están la comedia El revisor, sobre la moral de la burocracia provincial, y la novela corta El capote, sobre la gran tragedia del “hombre pequeño”. La obra más ambiciosa de Gógol es el poema en prosa Almas muertas, que nunca fue terminado: de los tres volúmenes que iban a componer la obra, vio la luz solo el primero, el segundo fue quemado por el mismo autor, y el tercero nunca lo escribió, pero precisamente este, en opinión del escritor, era el que debía ser el más significativo.

Al día de hoy la obra ha recibido todo el reconocimiento posible: la historia se ha representado en el teatro, ha sido analizada hasta el más mínimo detalle por los críticos literarios, quienes, entusiasmados, llegaron a comparar a Gógol con Kafka; también se ha llevado a la pantalla de cine; en el centro de San Petersburgo incluso se ha erigido un monumento a la nariz del mayor Kovaliov; y durante el aniversario del segundo centenario del nacimiento de Gógol, se entregó en Rusia el premio literario La nariz.

El duro camino de la ópera

El destino de la ópera de Shostakóvich, estrenada en 1930, resultó algo más trágico: ya en 1931, tras tan solo 16 puestas en escena, la ópera fue retirada del repertorio y su representación se prohibió extraoficialmente a consecuencia de la lucha contra el formalismo; solo volvió a los escenarios de la Unión Soviética en 1974.
Casi un siglo separa esta ópera de la creación literaria que la inspiró.

No es extraño que Shostakóvich acudiera a Gógol, pues este era uno de los escritores favoritos del compositor; las citas de sus obras no solo gozan de una fuerte presencia en sus memorias, sino que también salen a relucir en las entrevistas realizadas a Shostakóvich. De hecho, algunas citas de otras obras de Gógol 
—como Almas muertas— aparecen en el libreto de La nariz, escrito en colaboración con tres literatos entre los que se encontraba Yevgeni Zamiatin, autor de la famosa novela distópica Nosotros

Un hombre 
de gran coraje

Dmitri Shostakóvich (1906–1975) es considerado uno de los clásicos más interpretados en el mundo. Su genio fue reconocido enseguida: la primera sinfonía le dio la fama, pero el régimen totalitario le ató las manos. Shostakóvich pasó por momentos humillantes en su carrera, pero su obra no perdió fuerza y en un momento crítico para el país –el asedio nazi a Leningrado– realizó su obra maestra, la Séptima sinfonía, interpretada en marzo de 1942 por una famélica orquesta que demostró un coraje y fuerza sobrenatural.

El mismo compositor comenta así su creación en los periódicos soviéticos: “El contraste entre una actuación cómica y la seriedad de la música sinfónica está llamado a producir un efecto fundamentalmente teatral; esta interpretación está tanto más justificada cuanto que el propio Gógol expone las peripecias cómicas de su argumento en un tono deliberadamente serio…”.

En sus memorias, Shostakóvich reconoce que en absoluto “pretendía ser gracioso” en La nariz. En su opinión, se trata de una “historia terrible”, pues ¿acaso una persecución policial puede ser graciosa? Realmente, “la presencia de la policía –en la historia– es continua, vayas adonde vayas, sin ella no se puede dar un paso, ni tirar un pedazo de papel”. 

Asusta también a Shostakóvich –testigo de la revolución rusa– una multitud en la que “cada individuo por separado no es mala persona, si acaso una persona un poco rara, pero todos juntos se convierten en una multitud sedienta de sangre”. 

Por último, el compositor no encuentra divertida la misma imagen de la nariz: “sin nariz no eres persona, mientras que la nariz sin ti no solo se puede convertir en una persona, sino en un importante dignatario. En esto no hay ninguna exageración, la historia es muy verosímil”.

Mientras trabajaba en La nariz, Shostakóvich conoció al innovador y famoso director Vsévolod Meyerhold; a petición de este se mudó de Leningrado a Moscú, donde dirigió durante un breve periodo la sección musical del Teatro Meyerhold y compuso piezas musicales para las realizaciones teatrales. 

Probablemente, este acercamiento al teatro y la persuasión de las ideas de Meyerhold influyeron en el hecho de que en La nariz, según admite el propio compositor, “haya un equilibrio entre los elementos musicales y la acción. No predomina ni lo uno ni lo otro. De este modo, he tratado de crear una síntesis entre la música y la interpretación teatral”, concluye el compositor.

El próximo día 26 de octubre, en el Teatro Solís de Montevideo se emitirá el estreno de la versión presentada en el Metropolitan de Nueva York. El barítono brasileño Paulo Szot representará el papel principal de esta realización de William Kentridge en el escenario de la Metropolitan Opera. La obra será dirigida por el joven –según los estándares del mundo operístico– director del Teatro Mariinski de San Petersburgo, Pável Smelkov.

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