La ópera rusa del Metropolitan llega a los teatros argentinos

Fuente: Lee Broomfield / Metropolitan Opera

Fuente: Lee Broomfield / Metropolitan Opera

La nueva adaptación de Evgueni Oneguin, de Piotr Chaikovski, abrirá la temporada 2013-2014 del Metropolitan Opera. Para los espectadores argentinos, la temporada comienza el 5 de octubre. Disfrutar de esta música inmortal y ver a los famosos artistas rusos será posible sin salir de Buenos Aires: el Nacional y El Auditorium transmitirán la representación en directo y en alta definición.

El Metropolitan actuará como precursor de la globalización de la ópera, ofreciendo varias opciones de visualización remota. El proyecto Live in HD consiste en proyectar representaciones operísticas en las pantallas de teatros y cines en tiempo real; a veces, la posición de estos espectadores resulta incluso más ventajosa que la del público presencial de la ópera: no solo tienen la posibilidad de ver el espectáculo con la emoción característica del cine —gracias al intercambio de ángulos y primeros planos—, sino que además durante el entreacto pueden disfrutar de reportajes y entrevistas con las estrellas entre bastidores.

También hay una opción para quienes prefieren quedarse en casa: el servicio Met Opera on Demand (Met Opera a la carta), que permite también ver las representaciones en alta definición desde el ordenador de casa, aunque en este caso es en diferido.

Durante la temporada 2013-2014 el Metropolitan Opera presentará solo cinco de sus representaciones en formato Live in HD, de las cuales tres óperas serán rusas: Eugenio Oneguin, de Piotr Chaikovski; La nariz, de Dmitri Shostakóvich; yEl príncipe Ígor, de Alexander Borodín.

Ver y escuchar Oneguin realmente merece la pena. Esta ‘novela en verso’ del siglo XIX es una de las obras más significativas de la literatura clásica rusa. En Rusia, los niños aprenden de memoria fragmentos de esta novela de Pushkin ya en los primeros cursos, y muchos párrafos han pasado a formar parte del refranero popular. Los protagonistas de la novela gustaron tanto a sus lectores, que durante generaciones fueron un patrón de referencia. Los filólogos están convencidos de que Pushkin modificó con este relato el itinerario de toda la literatura rusa, del mismo modo que el conjunto de su obra reformó el lenguaje literario del país eslavo.

El argumento en sí es bastante sencillo: Eugenio, un dandy capitalino, viaja a la Rusia provinciana. De él se enamora la joven, sosegada y soñadora Tatiana. En contra de lo que dicta la estricta moral del siglo XIX, ella le escribe una carta en la que le declara su amor, pero recibe una fría réplica por respuesta.

Poco después, Oneguin mata al prometido de la hermana de Tatiana —quien además era su amigo— en un duelo absurdo, tras lo cual abandona el pueblo. Unos años después, vuelve a cruzarse con Tatiana en un baile: está casada con un influente general. Ahora le toca a Eugenio escribir febriles misivas a Tatiana, pero ella, que aún lo ama, se mantiene fiel a su marido.

 

Fuente: Neil Libbert

Partiendo de esta trama, Pushkin escribió una auténtica ‘enciclopedia de la vida en Rusia’, en la que incluyó escrupulosas descripciones de la vida en San Petersburgo, Moscú y las provincias rusas del siglo XIX.

En parte, fue precisamente este colorido ruso lo que atrajo a Chaikovski casi medio siglo después. “Esta ópera, desde luego, no estará dotada de fuertes tintes dramáticos, pero la parte cotidiana resultará muy interesante; además, cuánta poesía hay aquí encerrada”, escribió el compositor a su amiga y mecenas Nadezhda von Mekk.

Chaikovski sentía un gran aprecio por la poesía de Pushkin, de quien opinaba que “desde el angosto campo de la poetización, era capaz de irrumpir en el infinito campo de la música gracias a la fortaleza de su brillante talento”.

El trabajo de composición de la ópera coincidió con un giro extraño y trágico en el destino del propio Chaikovski. No en vano, de todas las escenas de Eugenio Oneguin, el compositor se sintió particularmente inspirado por la escena en la que Tatiana escribe su carta de confesión, terminándola en primer lugar.

La nariz fue la primera ópera de Dmitri Shostakóvich. El libreto se basa en el relato satírico homónimo de Nikolái Gógol y es bastante fiel a la trama de la novela gogoliana. Un funcionario descubre un buen día que ha perdido su propia nariz, la cual ha cobrado vida propia, viste un uniforme del más alto rango y no quiere saber nada de su antiguo dueño. El personaje principal, Kovaliov, lo representará el barítono brasileño Paulo Szot. La obra será dirigida por Pável Smelkov, un joven y ya famoso director del teatro Mariinsky de San Petersburgo. Se transmitirá el 26 de octubre.

Como el protagonista principal de Eugenio Oneguin, el compositor también recibió en una ocasión una carta de una conocida en la que esta le confesaba su amor. Sin embargo, a diferencia de Oneguin, Chaikovski no solo no reprendió a la remitente por permitirse aquellas libertades, sino que decidió mantener con ella correspondencia y, en verano de 1877, en el momento de mayor actividad compositora, se casó con ella.

El resultado fue atroz: pronto el compositor comprendió que su mujer era una persona completamente ajena a él. Para hacer frente a la situación y mejorar su delicada salud, Chaikovski viajó a Suecia e Italia, donde acabó la ópera a principios de 1878.

Mientras Chaikovski componía Oneguin, las dudas le atormentaban sin descanso: ¿había elegido bien el argumento?, le parecía que “la ópera nunca se incorporaría al repertorio permanente de los grandes escenarios. Le faltan efectos escénicos, no es lo suficientemente dinámica e interesante como para que el público pueda apreciarla”. Todas sus esperanzas estaban puestas en la ‘franqueza’ con la que la obra había sido escrita y en que, durante su composición, Chaikovski “se limitó a obedecer una necesidad incontrolable del alma y, por tanto, no tenía derecho a molestarse por los resultados”.

Otras dudas del compositor estuvieron relacionadas con la dificultad de encontrar intérpretes para los papeles principales. En aquella época, se acostumbraba a seleccionar cantantes de edad avanzada y dimensiones impredecibles, y Chaikovski se negaba terminantemente a distorsionar sus personajes (en especial el de la dulce y predilecta Tatiana).

En la puesta en escena preparada por el Metropolitan Opera no ha de qué preocuparse en lo que respecta a Tatiana. El papel lo representa la virtuosa y versada soprano Anna Netrebko. Esta diva rusa resplandece en los mejores escenarios de todo el mundo; en 2007 fue la primera persona del mundo de la música clásica en ser incluida en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo elaborada por The Times.

Anna aprovecha su posición de superestrella con fines filantrópicos: en 2012, ella y su marido —el también famoso barítono uruguayo Erwin Schrott— crearon la fundación Anna+Erwin4Kids, que se dedica a la recaudación de fondos para un hospital infantil de San Petersburgo, así como para otras fundaciones benéficas de España y Austria.

Tras el atril del director se colocará Valeri Gérgiev, ‘padrino’ de Netrebko en la escena operística: fue precisamente en el teatro Mariinski, dirigido por Gérgiev desde 1988, donde tuvo lugar el debut de Anna. El papel de Oneguin será representado por el famoso barítono polaco Mariusz Kwiecien. Cantarán en ruso y se incluirán subtítulos en español.