La polémica vuelve al mundo del arte contemporáneo ruso

La semana pasada la policía de San Petersburgo requisó unos cuadros en el Museo del Poder. Fuente: ITAR-TASS

La semana pasada la policía de San Petersburgo requisó unos cuadros en el Museo del Poder. Fuente: ITAR-TASS

La semana pasada se retiraron de la galería “Museo del poder” en San Petersburgo se han retirado unos provocativos cuadros en los que aparecen retratados políticos y diputados rusos.

La semana pasada la policía precintó y requisó cuatro lienzos del Museo del Poder de San Petersburgo. Una de la obras era 'Travesti', en la que aparecían “dos hombres parecidos al presidente de Rusia, Vladímir Putin, y al primer ministro Dmitri Medvédev” en trajes de baño femeninos; el díptico 'Sueños eróticos de la diputada Mizúlina' (autora de la ley sobre la prohibición de la propaganda homosexual), la pintura 'Del confesor', en el que se ve al patriarca Kirill lleno de tatuajes carcelarios, y la obra 'Milónov arco iris', un retrato del polémico diputado de San Petersburgo conocido por apoyar las medidas contra los homosexuales, sobre un fondo multicolor. 

Según aseguran fuentes en el Ministerio del Interior, la policía se personó en la exposición debido a los informes presentados por varios ciudadanos. Los trabajos del artista Altunin serán examinados por expertos. Mientras tanto, el propio artista voló a Francia a mediados de agosto y, según medios occidentales, se ha dirigido a la prefectura de París para pedir asilo político. 

El propietario de la galería, Alexander Donskói, fue alcalde de Arjánguelsk, cargo que abandonó tras una serie de escándalos que provocaron un proceso judicial. En los años 2007-2008 fue reconocido culpable por abuso de poder y falsificación de documentos.  Al abandonar el puesto, el expolítico comenzó otros negocios. Además del Museo del Poder es propietario de dos museos más de arte erótico en San Petersburgo y Moscú. 

Donskói comentó a Rusia Hoy que la policía no le mostró ningún documento que le diera derecho a requisar las obras y que este comportamiento puede ser considerado ilegal. “Unos hombres en uniforme se llevaron cuatro cuadros, uno lo hemos encontrado en la comisaría, pero los otros han desaparecido. Estas obras son propiedad del artista, que desea tenerlos de vuelta, - comenta Donskói. – Ninguno de los policías nos mostró ningún documento excepto un teniente, y entre ellos reconocimos a Milónov. Este calificó nuestro trabajo de extremista. Pero fue él quien entró de forma violenta e insultó a uno de nuestros artistas”. 

Donskói está seguro de que el arte contemporáneo a menudo protagoniza escándalos, y que esto es algo normal. “El arte actual siempre se encuentra en el límite de la provocación, es una especie de exageración. Algunas de nuestras obras, al contrario, eran muy positivas respecto a nuestros altos mandatarios. El arte debe evocar emociones”, concluye. 

El exdirector del Museo de Arte Contemporáneo de Perm, Marat Guelman, está de acuerdo con que sólo con una orden judicial se puede requisar cualquier obra de arte. Además, con este modo de proceder la policía no ha hecho más que llamar la atención sobre el asunto. 

“Se trataba de una exposición poco conocida y sin repercusión, nadie se había dado cuenta de ella, y ahora todos conocen las obras que se mostraron en ella. La policía ha hecho propaganda del artista y del galerista”, comenta. Guelman aclara que los políticos deberían alegrarse de que los retraten, aunque se trate de obras irónicas. 

“Todo lo que sucede en el espacio artístico, incluida la crítica del poder, es algo normal, hay que alegrarse de ello. La cultura rusa es autoirónica, la gente se ríe y humaniza la imagen. Las autoridades deberían impulsar la creación de retratos propios irónicos y humorísticos”. 

Por su parte, la directora del “Complejo multimedia de arte actual”, Olga Sviblova, asegura que el uso político del arte está lejos de ser su tarea principal. “Estoy en contra del uso del arte en forma de suplemento con intereses políticos o económicos, - comenta la experta. – El Museo del Poder no tiene mucho que ver con el arte. Este puede ser utilizado con fines políticos, pero es necesario saber si el artista ha realizado una obra para la eternidad o se trata únicamente de una caricatura política. A veces una caricatura se convierte también en arte, pero en contadas ocasiones. Es importante comprender en qué contexto se exponen las obras, por qué, qué tareas cumplen”. 

Sviblova aclara que hay que prestar especial atención a los problemas que quería solucionar Donskói con esta exposición, qué intereses personales se han visto implicados. “A menudo creamos mucho ruido alrededor de un acontecimiento que impide solucionar un problema y crea dificultades en el futuro de los implicados. Si no hubiera habido tanto alboroto durante el caso de Pussy Riot, seguramente aquellas chicas ya estarían en libertad”, declara Sviblova. 

Entre otros polémicos grupos de arte contemporáneo, destacan Blue Noses y Voiná. Los primeros retratan a menudo en sus obras a políticos rusos y extranjeros. Entre sus protagonistas se encuentran Lenin, Vladímir Putin, el presidente georgiano Mijaíl Saakashvili o la antigua primera ministra ucraniana Yulia Timoshenko, entre otros. Tienen una mirada satírica y provocadora sobre la realidad rusa, tanto del pasado como del presente. Suelen utilizar las fotografías como el vídeo. Blanco de sus críticas son tanto los políticos como la corrección sexual y los tópicos del arte. 

En una ocasión prohibieron que la obra “Era de la misericordia” saliera del país, en ella aparecen dos hombres vestidos con uniforme de la policía besándose. El autor explica que utiliza la política frecuentemente en sus obras porque un autor contemporáneo debe valerse de cualquier método posible para atraer la atención. 

Por su parte, Grupo Voiná, cuyo uno de sus integrantes es pareja de una miembro de Pussy Riot, se dedica a hacer performances que a veces rayan el vandalismo: pintaron un enorme falo en el puente frente al FSB en San Petersburgo, o subirse encima de los coche oficiales como protesta. 

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