“A Maiakovski le habría entusiasmado la igualdad de géneros”

La hija norteamericana del poeta ruso habla sobre su padre y su legado. Fuente: Tinker Coalescing

La hija norteamericana del poeta ruso habla sobre su padre y su legado. Fuente: Tinker Coalescing

Tanto los rusos como los amantes de la poesía conocen a Patricia Thompson, profesora, académica, escritora y editora, como Yelena Vladimírovna. En una entrevista en la intimidad, relató a Rusia Hoy la dramática historia de cómo creció en Estados Unidos guardando el secreto de ser hija del gran poeta.

Sabemos que está recopilando un archivo relacionado con Maiakovski. ¿Puede darnos más detalles?

Es importante que entiendan que yo he labrado mi propia carrera. He publicado veintidós libros sin hacer referencia alguna a mi padre. Nunca he capitalizado su nombre. Ahora tengo 87 años y soy profesora emérita... Así que no estoy recopilando los archivos de Maiakovski; estoy reuniendo documentos sobre la vida de mi madre, la mía y la de mi hijo, con la intención de cederlos al Museo Estatal Maiakovski de Moscú.  

En primer lugar, ¿cómo se conocieron su madre y Maiakovski?

Maiakovski vino a Estados Unidos en 1925 y sólo por tres meses. Mi madre [Elly Jones] era una mujer muy bella, trabajaba como modelo. Ella y Maiakovski mantuvieron una relación muy apasionada, muy cercana, aunque no fue un romance exclusivamente físico, sino también intelectual.

Mi madre le traducía a los poetas alemanes; tenían mucho en común, pero él apoyaba la Revolución, mientras que ella era hija de un capitalista. Yo nací en 1926. En nuestra vuelta a Rusia, mi madre se casó con un hombre llamado George Jones, quien la ayudó a salir del país. El resto de su familia tuvo que quedarse en Rusia en circunstancias muy complicadas. Jones sabía que yo no era hija suya, pero fue tan amable como para prestarme también su apellido.

No podíamos decir quiénes éramos abiertamente, porque aquello nos habría puesto en peligro, así que conservamos el secreto. Y verán, no es que ahora vaya por ahí reclamando que soy hija de Maiakovski sin más: tengo documentos que lo demuestran. En esta carta, él escribía: “A mis dos Ellis, deseando venir a veros...”. Es su letra  y ya se ha publicado en varias revistas.     

¿En qué momento y de qué modo decidió desvelar al mundo su relación con Maiakovski?

Tenía 65 años. En mi facultad se organizó un ciclo para celebrar los cien años del nacimiento del poeta. Y la historia se publicó en un periódico educativo.

¿Cómo era su madre?

Mi madre hablaba cuatro idiomas; había aprendido inglés en Rusia, y mi abuelo se pudo permitir trasladar a toda su familia a California durante un año, donde todos mis tíos y tías pulieron su inglés... casi no tenían acento. Esto fue antes de la Revolución. Mi madre fue rusa hasta la muerte. Me educó para que amara Rusia: no su política, sino su cultura. Para que estuviera orgullosa de ser rusa y de ser hija de Maiakovski.

¿Viaja a Rusia a menudo?

He visitado Rusia unas diez veces. Esparcí las cenizas de mi madre sobre la tumba de Maiakovski. Hace unos pocos años, Lavrov (ministro de Asuntos Exteriores ruso) me invitó a Moscú, junto con otros descendientes de rusos célebres, para recibir la Orden Lomonósov como Yelena Vladimírovna Mayakovskaya. Espero que me entierren en Rusia.

¿Cuándo y cómo le contó su madre quién era su padre?

Siempre lo supe. Siempre había libros sobre Maiakovski por casa. Mi madre nunca me mintió, ni a mí ni a sus esposos.

Cuéntenos lo que destacaría de su carrera.

Fui una escritora y editora de éxito antes de convertirme en académica. Escribí para numerosas revistas y trabajé en editoriales como Macmillan y McGraw.

¿En qué ha estado trabajando últimamente?

Mis últimos libros explican mi filosofía de vida. Se trata de una trilogía, La trilogía de Hestia, en referencia a la diosa griega del hogar. De la veintena de libros que he escrito, éstos son los que más me enorgullecen. Mi obra teórica se centra en separar el lugar que habitamos del lugar donde trabajamos: el hogar, del mercado. Aquello que en cierta cultura es masculino, puede ser femenino en otra.

Y todos vivimos en un flujo continuo de géneros de modo que, a veces en la vida, cuando la gente ve a una mujer de metro ochenta da muchas cosas por supuestas: que no soy pasiva, que defiendo aquello que creo que él hubiera defendido. Y creo que a él [Maiakovski] le hubiese entusiasmado la igualdad de géneros.  Lo que digo y demuestro en mis libros es que un hogar requiere un tipo de comportamiento, mientras que un mercado requiere otro distinto. Claro que una mujer puede convertirse en, pongamos, directora ejecutiva de Google, pero ¿cuántas mujeres pueden permitirse contratar a dos o tres personas que les ayuden en casa, para triunfar en la vida profesional?

¿A qué se dedica su hijo?

Mi hijo Roger es abogado de la propiedad intelectual. Cuando visitó Rusia por primera vez, quería explicar al país que su mayor recurso no es el petróleo ni el gas, sino su legado intelectual. Era un concepto nuevo para los rusos a principios de los '90. Sin duda, durante el comunismo no existía la noción de propiedad intelectual, y el legado intelectual ruso ha sido robado.

Mi hijo es además descendiente de uno de los fundadores de la constitución norteamericana, del firmante para Connecticut, Roger Sherman Thomson. Así que es revolucionario por las dos ramas genealógicas. También tengo un nieto, de veintiún años y adoptado en Colombia: es mi alegría de todos los días.

¿Cuál es su poema favorito de Maiakovski?

“Si quieres—

seré el arrebato de la carne,

—y, como el cielo, cambiaré de colores—

si quieres—

seré un caballero impecable,

no seré un hombre, mas —una nube en pantalones.

Lamento que Estados Unidos no sea un país de poetas... ¿Qué ve la gente en televisión? “America’s Got Talent”...