Rayuela en Rusia: el juego que se convirtió en un clásico

La novela de Cortázar no se publicó en Rusia hasta 1986, y desde entonces se han hecho más de diez ediciones. Fuente: Flickr / Giulia van Pelt

La novela de Cortázar no se publicó en Rusia hasta 1986, y desde entonces se han hecho más de diez ediciones. Fuente: Flickr / Giulia van Pelt

La fama de Cortázar en Rusia alcanzó su cima a finales de los 80, cuando llegaron a la URSS numerosos autores extranjeros. Hoy el autor argentino, como en otras partes del mundo, se considera un clásico.

El lector soviético oyó por primera vez el nombre de Julio Cortázar en el año 1970,  cuando dos novelas del gran autor argentino fueron publicadas en la revista 'Literatura Extranjera'. Un año más tarde salió en ruso la colección de relatos El otro cielo. La Unión Soviética se encontraba en plena época del estancamiento (o del “socialismo desarrollado”, como preferían llamarla las gentes del Partido). Las obras de Cortázar eran tan diferentes de aquello a lo que estaba acostumbrado el lector soviético que rápidamente surgieron multitud de seguidores por todo el país.

“Yo conocí varios círculos de seguidores de Cortázar que en aquellos tiempos de censura reunían grano a grano sus obras, las comentaban e intercambiaban citas”, recuerda Borís Dubin, traductor, investigador, sociólogo y miembro del consejo de redacción de la revista 'Literatura Extranjera'.

“Por supuesto, estos lectores eran jóvenes del entorno universitario de las grandes ciudades. Sus fans no pertenecían necesariamente a la rama de las humanidades, sino que entre ellos había muchos trabajadores del ámbito de la tecnología, los cuales se sentían muy atraídos hacia esta literatura”.

En 1976 se publicó la colección de relatos Los premios; en 1979, la Recopilación, en 1984, otra colección llamada Continuidad de los parques; un año después, 62. Modelo para armar, y finalmente en 1986 se publicó en ruso la novela Rayuela.

El éxito que de esta novela en Rusia se debió a varias personas intrépidas. Cayó en manos de la gran traductora Liudmila Siniánskaya, la cual logró salvar de la censura los episodios más problemáticos sin omitir ni un solo párrafo, lo cual fue un verdadero logro, dado que en aquella época las obras de los escritores extranjeros podían llegar a perder varias páginas si en ellas aparecían nociones que, según la opinión del censor, fueran potencialmente peligrosas para la conciencia de los soviéticos.

“Liudmila Siniánskaya hizo una traducción brillante de esta novela”, asegura Borís Dubin, que participó en la primera edición de Rayuela. “Hubo problemas con la censura, pero ella nunca accedió a dejar nada fuera. Fue una grandísima labor, pues Siniánskaya prefería encontrar soluciones traductológicas elegantes y astutas que satisficieran a la mirada vigilante. Logró salvar incluso partes que podían ser consideradas como insinuaciones políticas, así como escenas amorosas demasiado explícitas para los tiempos que corrían”.

Dubin recuerda que fue la editora Inna Terterian la encargada en impulsar insistentemente la publicación de esta obra, demasiado atrevida para las medidas soviéticas. Afortunadamente, Terterian tenía parientes en los órganos donde se tomaban este tipo de decisiones.

La primera tirada de Rayuela fue de 100.000 ejemplares. Desde entonces, se han publicado más de diez ediciones adicionales. También es cierto que en las dos últimas décadas, siguiendo la tendencia del mercado,  las tiradas son de menos ejemplares.

La fama de Cortázar en Rusia siguió in crescendo hasta que alcanzó la cima a finales de los 80, cuando llegó la transición, la cual abrió las puertas a un gran influjo de literatura extranjera, que se lanzó sobre el lector desprevenido, borrando a su paso todo punto de referencia literario o culto surgido.

Cortázar tampoco se libró de las consecuencias, aunque el logró mantener su posición mejor que muchos otros, y una década después de la caída de la Unión Soviética, cuando ya todo estaba autorizado y accesible, su prosa estaba incluida en el programa de lectura de los estudiantes de humanidades y siguió siendo la fuente de los mismos juegos intelectuales que existían en la cima de su popularidad, aunque, a decir verdad, a una escala considerablemente menor, principalmente entre filólogos y creativos.

“Entre los que se hacían llamar 'entendidos' (de hasta 20 años), solíamos identificar a los nuestros así: si decía “CortÁzar” (con el acento en la primera “a”), era uno de los nuestros; si decía “CortazAr” (con el acento en la segunda “a”), era un intruso sin educación”, recuerda Olga Lukas, célebre bloguera y escritora que a finales de los 90 estudió en la facultad de filología de la Universidad Estatal de San Petersburgo.

Los padres de Olga Lukas no eran seguidores de la obra de Cortázar, pero aún así no dejaron pasar la oportunidad de adquirir un tomo de sus relatos, los cuales eran difíciles de encontrar, por lo que resultarían “valiosos y útiles”. “¡Y tan útiles!”, ríe Olga, que no oculta que debe a Cortázar tanto su pseudónimo como el nombre de su blog, “un-tal-lukas”, que hacen referencia directa al personaje de la novela del mismo nombre.

“En la estantería de casa había un bonito tomo azul claro. Una vez abrí el libro, pasé el dedo por el índice, y Un tal Lucas me eligió. Después lo leí y también yo lo elegí a él. Un tal Lucas me conquistó”, confiesa Olga. “Además, cuando tenía 18 años, estaba de moda leer a tres autores latinoamericanos: García Márquez, Borges y Cortázar, que sonaba como Marx, Engels y Lenin”.

“A mi modo de ver, el interés por los autores latinoamericanos ha disminuido en Rusia, han ido pasando de moda, y el círculo de verdaderos amantes de la prosa intelectual que la leen no porque está de moda, sino porque les gusta, ya no es tan grande”, opina Galina Vesnina, redactora jefe de Neoclassic en Ast, una de las mayores editoriales rusas.

Sin embargo, las relaciones del mercado no son ningún obstáculo para los clásicos. Vesnina ha comunicado a Rusia Hoy que no solo está preparando las reediciones de las obras ya publicadas de Cortázar, sino que también está preparando otras nuevas.

También Borís Dubin ha señalado que se están preparando publicaciones para el próximo año, que será el aniversario del autor, advirtiendo, eso sí, que “en mi opinión, ya no habrá un boom de popularidad tan grande como el de los años 70 y principios de los 80, pues todo el entorno ha cambiado”.