Marina Loshak: “Los museos deberían ser para todos”

Marina Loshak, nueva directora del Museo Pushkin de Moscú. Fuente: PhotoXPress

Marina Loshak, nueva directora del Museo Pushkin de Moscú. Fuente: PhotoXPress

Marina Loshak, la nueva directora del Museo Pushkin, uno de los más importantes de Rusia, conversa con Rusia Hoy sobre la modernización de este centro de arte y de los retos a los que se enfrenta su institución.

Marina Loshak es una persona con otra formación, de otra generación y de diferentes convicciones a las de la anterior directora del Museo, Irina Antonova, quien dirigiera el Museo Pushkin de Moscú durante más de medio siglo.

El Museo Pushkin de Moscú

Es el segundo gran museo de Rusia dedicado al arte europeo, sólo superado por el Ermitage de San Petersburgo. Cuenta con una colección de más de 560.000 piezas entre las que se encuentran  momias egipcias, cerámicas y esculturas griegas, así como pintura europea. El museo es famosos por sus fondos de pintura francesa de finales del siglo XIX.

Es una persona de convicciones liberales y con grandes dotes para las relaciones públicas. Esto se hizo evidente casi de inmediato. “Aún antes de empezar a cumplir mis obligaciones como directora, lo primero que hice fue publicar una pregunta en Facebook: ¿Qué se debe cambiar? Y la gente respondió de una manera conmovedora; no con frases huecas, sino con propuestas concretas y analizando la situación. Esta retroalimentación, en mi opinión, es lo que le hace falta al Museo Pushkin; lo mismo que a todos los museos chapados a la antigua.

El Museo Pushkin es único. Su programa educativo, su fantástica colección de copias de esculturas, todo esto en su conjunto conforma una magnífica instalación, aunque algo detenida en el tiempo. Para que el museo sea más contemporáneo, más actual, es necesario empezar por dar algunos pasos, pequeños pero comprensibles: les estamos esperando, queremos estar abiertos para ustedes, somos amistosos, somos confortables. Estas son cosas muy importantes para los museos contemporáneos. No se puede ser esnob, como es el caso de muchos museólogos. Hay que comprender que el museo es para todos y no sólo para aquellos que conocen bien el arte y que han recibido una educación especializada”.

Unir la historia y la modernidad

Loshak está especializada en el arte contemporáneo y en las vanguardias rusas. Según algunos, esto no es del todo compatible con el cargo de directora de un museo académico que alberga una colección única de pinturas del Renacimiento y del siglo XIX. Pero, por otro lado, las vanguardias tienen más o menos tantos años como el Museo Pushkin.

“En los museos de arte contemporáneo se le da cierto valor a la experimentación, pero nosotros trabajamos en un centro diferente. Vale la pena hablar del arte que ya ha alcanzado un cierto valor museístico, de los artistas que ya han entrado en la historia, y cuyas obras ya han sido expuestas en los museos. Me gusta el camino por el que transitan los conservadores de los museos contemporáneos desde hace tiempo, me gusta cuando se relacionan de manera conjunta diferentes reflexiones, que enlazan la historia con el arte.

Me gusta en particular Jean Hubert Martin,  un magnífico conservador que transita por esta senda. En él, el arte antiguo y el arte moderno viven juntos, entrando en contacto, interrelacionándose el uno con el otro. Es algo increíblemente efectivo; de inmediato se ve el cuadro en su totalidad, se observa el mundo en un formato mayor. El Museo Pushkin es un museo universal. No hay por qué temer que se pueda encontrar algo inesperado al mirar las obras expuestas en un museo universal.

Modernizar, pero conservar

A pesar de toda su movilidad, de su energía y de sus modernos puntos de vista, Marina Devovna Loshak no se dispone a comenzar con cambios radicales. “Sí, es cierto que mi experiencia la he logrado trabajando en museos con formas más abiertas, más dinámicas en sus instalaciones y, en general, en la manera de presentar el arte. He trabajado mucho con estructuras particulares que brindan al museo posibilidades desde el punto de vista de la movilidad y de la reacción inmediata. Pero aquí la cuestión es completamente diferente; de momento sólo estoy tratando de entenderla. Es por eso que voy a actuar con mucho cuidado. Además, el Museo Estatal de Artes Plásticas va a ser reformado pero el concepto de ese cambio todavía necesita ser analizado y corregido, de ello depende el tipo de museo que puede ser en el futuro.

En un primer nivel, por supuesto, el museo debe ser modernizado. En lo referente al nivel de la conservación, es importante la confección de catálogos electrónicos, un procedimiento que apenas está comenzando. Carecemos de un museo virtual y de toda una serie de nuevos recursos comunicativos. Sin embargo, al cambiar la forma es importante mantener el espíritu, eso que Irina Alexándrovna Antonova denomina el ‘genoma universitario’.

El Estado debe decidir

Poco antes de la designación de Loshak, se desató una disputa entre el Ermitage de San Petersburgo y el Museo Pushkin en relación a la reapertura del Museo de Arte Moderno Occidental. En principio la colección, compuesta primordialmente por trabajos de los impresionistas, provenía de obras transferidas en su momento tanto por el museo petersburgués como al moscovita. La polémica se desató al tratar de juntar ambas colecciones en una sola, en un único museo.

En la actualidad esa propuesta ha sido resuelta negativamente. El presidente Putin y el ministro de cultura Medinski anunciaron oficialmente que el Museo de Arte Moderno Occidental no sería reabierto y que cada centro mantendría sus propios fondos.

La posición de Loshak al respecto es mucho menos radical que la de su antecesora. “Me gustaría que existiera un museo como ese. Creo que haría de Moscú una especie de meca para las personas entendidas en el modernismo occidental. Desde el punto de vista de la calidad, no ya de la cantidad, es difícil comparar esta colección con cualquier otra. Yo comprendo a Irina Alexándrovna Antonova, para quien esto representa el sueño de su vida. Pero comprendo también al director del museo Ermitage, para quien se trata de obras que forman parte de sus colecciones desde hace mucho tiempo. Ningún director preocupado por su museo estaría dispuesto a privarlo de semejante parte. Sin embargo, esta cuestión debe ser resuelta por las personas que responden por del desarrollo estatal de las estrategias culturales en su totalidad: el Ministerio de Cultura, el presidente y el primer ministro.  Y la sociedad museística solo puede intervenir en calidad de expertos. Lo mismo atañe a la restitución de valores museísticos. Es de todos conocido que en el Museo Pushkin hay numerosas obras conseguidas como trofeo durante la guerra. Su restitución es un problema que atañe al Estado y no a los museos. Desde mi punto de vista, en esta cuestión lo fundamental es mantener una máxima transparencia: realizar la mayor cantidad de exposiciones, no esconder nada, mostrarlo todo, permitir que cualquier persona pueda ver esas obras”.

De los fondos no desparecerá nada

Tras el cambio de dirección del Museo saltó la alarma en el mundo artístico de la capital. Se desataron rumores sobre un posible asalto a la  riqueza pictórica del país, valorada en una gran cantidad de dinero. Marina Loshak ha reaccionado con estoicismo: “Es comprensible que la gente experimente cierta incertidumbre ante los cambios. Pero esos rumores no tienen nada que ver con la realidad. El hecho de que alguien, valiéndose de recursos estatales, pueda llevarse valores de los fondos del museo y entregarlos a manos particulares es algo absurdo. Como directora aseguro a todos los que estén preocupados que eso es imposible”.

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