Un nuevo escándalo en el Teatro Bolshói

Nikolái Tsiskaridze. Fuente: ITAR-TASS

Nikolái Tsiskaridze. Fuente: ITAR-TASS

El 30 de junio será el último día de trabajo de Nikolái Tsiskaridze en el Teatro Boshói: sus dos contratos (como bailarín y como pedagogo tutor) no se prorrogarán. El pasado sábado los seguidores de Tsiskaridze organizaban un acto de protesta piquete en el centro de Moscú para exigir el regreso del artista a los escenarios, pero la administración del teatro hace oídos sordos a la opinión de los amantes del ballet.

Hace tiempo que empezó el conflicto, ya en los tiempos en que el coreógrafo Alexéi  Ratmanski dirigía el ballet del Bolshói (de 2004 a 2008).

Este último, genial compositor de danzas, no estaba especialmente interesado en la calidad de las puestas en escena clásicas al producir sus propios espectáculos y esto empezó a soliviantar a Nikolái Tsiskaridze, que en varias ocasiones comparó con clamor e ironía el talento de Marius Petipa (cuyos espectáculos se programaban cada vez menos en el teatro) con el de Ratmanski, en detrimento de este último.

El conflicto amainó un poco cuando en 2009 el coreógrafo-restaurador Yuri Barlak que, como Tsiskaridze, consideraba que el repertorio clásico es el principal valor del teatro, tomó las riendas de la compañía de ballet.

El enfrentamiento volvió a ser más palpable cuando al cabo de dos años Burlak declinó prorrogar su contrato y Serguéi Filin accedió a su cargo. Filin empezó a promover a bailarines y  bailarinas jóvenes que, en opinión de Tsiskaridze, no eran lo suficientemente buenos. Al mismo tiempo,  a Angelina Vorontsova, alumna de Tsiskaridze, no le daban papeles importantes.

Pero todo esto eran chismes internos que solo interesaban a los propios artistas y al pequeño círculo de los amantes del ballet. La guerra llegó a la fase 'caliente' en octubre de 2011, cuando, tras una dilatada restauración, debía inaugurarse el nuevo escenario principal del teatro.

La víspera de la inauguración Tsiskaridze criticó la calidad de las obras realizadas y la administración le acusó de mentir. A partir de aquel momento la directiva del teatro dejó de ofrecer nuevos papeles a Tsiskaridze.

Como respuesta, el bailarín comentó con la prensa todos los desaciertos de la administración y en otoño de 2012, cuando debía vencer el contrato del director general del Bolshói, Anatoli Ixánov (que después se prolongó por dos años más), lo hizo con especial furia y motivación.

Fue en aquel momento cuando los directores de los principales teatros rusos escribieron una carta a Vladímir Putin, proponiéndole que designara a Tsiskaridze para el puesto de Ixánov. Dos días después algunos de ellos retiraron sus firmas y la administración del teatro acusó al bailarín de haber inspirado él mismo aquella carta.

En enero de 2013, cuando el director artístico del ballet, Serguéi Filin, fue atacado con ácido, los servicios de prensa del teatro señalaron automáticamente a Nikolái Tsiskaridze como a alguien que podría estar relacionado con el aquel caso.

Después de la indignación del bailarín y sus amenazas de ir a los juzgados, la directiva corrigió su posición: el director general dijo no considerar que Tsiskaridze estuviera relacionado con el ataque, aunque, al parecer, habría contribuido a crear la atmósfera que lo había hecho posible.

Cuando el atacante de Filin, el reincidente Zarutski, fue arrestado (y habiendo confesado ser el  autor del ataque) y la instrucción acusó al bailarín Pável Dmitrichenko de haber encargado el crimen, las alusiones por parte de la administración no cesaron.

Dmitrichenko es el novio de la alumna de Tsiskaridze, Angelina Vorontsova, y la acusación consideró que él habría querido vengarse por el hecho de que no le dieran papeles a su novia. Los detractores de Tsiskaridze en la administración insinuaron por todos los medios que había sido justamente él quien había instado a Dmitrichenko a cometer el crimen. Dicen que de ese modo él habría querido despejarse el camino hacia el trono de director artístico.

El bailarín contestó con una crítica tajante: por ejemplo, en una entrevista con la BBC instó a las autoridades rusas a despedir a todos los directivos del teatro.

Este duelo verbal acabó por hartar a la directiva del Bolshói: Ixánov decidió despedir a Tsiskaridze, a pesar de ser este la mayor celebridad del teatro.

Cabe destacar que en esa misma semana los monólogos que Tsiskaridze había entonado sobre la poca calidad con que se había llevado a cabo la reconstrucción del teatro obtuvieron la primera confirmación oficial: el Ministerio del Interior anunció que al menos 2,7 millones de dólares destinados a la construcción había sido robados: la empresa contratista que se había encargado de los equipamiento eléctricos no había cumplido con sus obligaciones, pero sí había cobrado.

En verdad, el Teatro Bolshói no se había encargado del trabajo de los contratistas, sino la dirección del Ministerio de Cultura, pero era el director general del Bolshói quien acusaba al bailarín de mentir y había dicho que con la reconstrucción todo estaba en orden.  

¿Cuáles son los futuros planes de Tsiskaridze?

Por ahora él se abstiene de hacer comentarios, pero no se quedará sin trabajo. De hecho, ya tiene propuestas no oficiales. Así, el director artístico del ballet de la Ópera Nacional de Bordeaux, Charles Jude, (la estrella de la ópera de París, que ha trabajado, entre otros, con Nuréyev), que se encontraba esos días en Moscú, anunció que estaría encantado de ver al bailarín en su teatro.

¿Será una gran pérdida para el Teatro Bolshói? Los espectadores consideran que sí: el sábado cerca de doscientos seguidores de Tsiskaridze organizaron un piquete exigiendo su retorno y que se firme con él un nuevo contrato por cinco años. Sin embargo, en este punto la historia se repite: 10 años atrás, el despido de Anastasia Volochkova también causó resentimiento en muchos amantes del ballet. Hoy en día el Bolshói y su ex primera bailarina existen de forma independiente el uno del otro, y los hacen con pleno éxito. Solo los escándalos continúan acompañando de una forma asombrosa tanto la vida del teatro, como su vida personal.