Adiós a un mito del cine ruso

Alexéi Balabánov murió el 18 de mayo cerca de San Petersburgo a la edad de 54 años. Fuente: Antón Denisov/RIA Novosti

Alexéi Balabánov murió el 18 de mayo cerca de San Petersburgo a la edad de 54 años. Fuente: Antón Denisov/RIA Novosti

El director de cine ruso Alexéi Balabánov murió el 18 de mayo cerca de San Petersburgo a la edad de 54 años. Sus películas Hermano, Hermano 2 y Cargo 200 dejan un testamento de talento artístico.

Balabánov nació el 25 de febrero de 1959 en la ciudad de Sverdlovsk (ahora Ekaterimburgo) en los Urales donde consiguió licenciarse en lenguas extranjeras. Luchó con el Ejército Soviético en Afganistán, una experiencia que se refleja en sus películas Guerra y Cargo 200. En 1990, después de realizar un curso avanzado en escritura de guiones y dirección, Balabánov se estableció en San Petersburgo.

Su primera producción cinematográfica importante fue Días Felices, rodada en 1991. Construida desde las ruinas de la Unión Soviética, el filme presagia una nueva era cinematográfica.

En cierto sentido, las películas de Balabánov son comparables a los trabajos de los directores del género del oeste (western). Ciertos paralelismos pueden ser extraídos entre sus películas y las primeras de Tarantino en su compartida gusto por el crimen, la violencia y una apenas justificada pasión por las atrocidades.

Una de las películas más escandalosas de Balabánov, De freakies y hombres, que provocó sentimientos contrapuestos incluso entre los más sofisticados fans del cine, puede solo ser comparada a Los idiotas de Lars Von Triers y 120 días de Sodoma de Pier Paolo Passolini.

Sin embargo, Balabánov es un director de cine ruso que lleva su identidad en el alma, y que es también un producto del tiempo que le tocó vivir. Nunca se preocupó por alcanzar la gloria en los festivales de cine internacionales, prefiriendo expresar su amor por su país y los puntos de vista de una auténtica Iglesia ortodoxa cristiana.

Todas sus películas hablaban sobre Rusia. Una vez llegó a decir: “No me gustan los festivales. Son aburridos. No conozco a nadie en el gobierno. No me mantengo en contacto con nadie. Vivo en San Petersburgo y no frecuento ningún sitio. Todo lo que hago es hacer películas. Está bien si a los de arriba les gusta también. ¿Qué hay de malo en ello?”

Aunque Balabánov era frecuentemente percibido por sus críticos y el público como un maestro del humor negro y un glorificador de la violencia, sus filmes no estaban limitados a los dramas criminales. Trabajó una amplia diversidad de géneros, completando 14 largometrajes, incluyendo el drama de Hermano y su secuela Hermano 2.

También hizo la lírica y melancólica No me hace daño; la sardónica parodia El farol del ciego; Morfina, una adaptación del libro de Mijaíl Bulgákov, Apuntes de un médico rural y El castillo, basada en un libro de Franz Kafka del mismo nombre.

Hermano y Hermano 2 se convirtieron en sus trabajos más conocidos. Durante la carrera presidencia del año 2012, el billonario Mijaíl Prójorov adoptó la frase “La verdad es el poder real”, el lema del filme de su protagonista principal Danila Bagrov, como slogan de su campaña.

Si Hermano, que retrata la relación entre un veterano soldado y su hermano, un sicario, fue su mejor obra, es discutible. La clave de la película es que se hizo en el tiempo y lugar adecuado, los convulsos años 90’ de Rusia.

Hermano fue el primer filme que llevó a la pantalla lo que se estaba mostrando en las noticias a diario, y sus personajes hablaban ese lenguaje cotidiano.

El personaje de Danila Bagrov adquirió en ese momento un status mítico como noble héroe de los humillados e insultados, el arquetipo de la verdad y el poder.

A pesar de la conmoción que generaron las dos películas de Hermano, sus últimos trabajos no merecen menos atención. En estas obras, el director gravitó hacia la alegoría y las complicadas metáforas, en una mezcla oscura con la violencia.

Cargo 200, por ejemplo, es un thriller psicológico que combina las características de la serie B con un marcado mensaje contra la guerra.

Sus parábolas del amor son particularmente evidentes en sus últimos trabajos. Cuando se lanzó a la televisión su más reciente obra, Yo también, en febrero de 2012, el director lo describió de la siguiente forma: “Es un realismo fantástico, un nuevo género donde todo es real excepto la historia”.

Cuando estaba trabajando en el filme, Balabánov sabía que estaba enfermo. Yo también es de esta manera salpicada de un sentido de inevitabilidad. Al final de la película, el personaje retratado por Balabánov se desploma muerto sobre la nieve.

Cuando el director Alexéi German ‘pasó a mejor vida’ en febrero, algunos críticos cinematográficos anunciaron enfáticamente que solo quedaba ya un director de cine en Rusia reconocido por su valor: Aléxei Balabánov. Ahora, Balabánov también se ha ido.

Ambos Germán y Balabánov dejan tras de sí proyectos inacabados: Balabánov había estado trabajando en un guión con el tentador título de Mi hermano está muerto, un filme sobre la juventud de Stalin, mientras que el último filme de German La historia de la masacre de Arkanar está siendo terminada por su hijo Alexéi German, Jr. Similarmente, el último proyecto de Balabánov es muy probable que sea finalizada por su hijo y colega, el director Fiódor Balabánov.

Los cinéfilos ven estas películas el relevo de la antorcha a la siguiente generación que puede que incluso dé lugar al próximo gran director de cine ruso.