Borís Skossyreff: el aventurero ruso que se proclamó Rey de Andorra

Andorra ya casi no se acuerda, pero una vez fue un reino. Bueno, no exactamente un reino, pero algo parecido. En 1934, un audaz aventurero ruso, de nombre Borís Skossyreff, se hizo proclamar Rey de Andorra y gobernó el país desde un hotel hasta que se lo llevó la Guardia Civil. Fue un reinado de tan sólo nueve días.

En apenas una semana de reinado, a Borís le dio tiempo a todo. Se hizo proclamar rey por el Consejo General, nombró un gobierno provisional, redactó una constitución de 17 artículos, la promulgó y hasta le declaró la guerra a Justí Guitart, entonces Obispo de Urgell y, en esa calidad, máximo mandatario del país pirenaico. 

Borís I de Andorra es un personaje que habría sido borrado de la historia de no ser por la novela que escribió sobre él el jurista y diplomático Antoni Morell, exembajador de Andorra ante la Santa Sede y uno de los mejores escritores que ha dado el pequeño país pirenaico. 

Hoy en día, la leyenda del ruso Skossyreff, noble zarista y exiliado de la Revolución Bolchevique, planea como una historia de amor y espionaje en uno de los momentos más curiosos en la historia del pequeño país. 

Borís Skossyreff había nacido en Vilna en enero de 1896 y durante 15 años, emigró por Europa en busca de fortuna, trabajando a sueldo de la inteligencia británica y acercándose a la familia real de Holanda. 

Como le ha descrito Alexander Kaffka, historiador ruso que ha dedicado parte de su obra a investigar la figura de Borís I, el aventurero era “uno de los miles de emigrados rusos que generó la revolución de 1917, que sedujo a damas de la alta sociedad europea de la época para sobrevivir y que soñaba con recuperar los privilegios que había tenido en Rusia como miembro de la nobleza”. 

Tras muchos años de vueltas por Europa tras la Revolución Rusa, Skossyreff llegó en 1933 a Andorra acompañado de una joven norteamericana, Florence Mazmon, buscando un país del que convertirse en mandatario, hablando de crecimiento, de inversiones, de riqueza y de prosperidad. 

La llegada a Andorra 

En aquellos tiempos, Andorra estaba muy lejos de ser la pequeña nación cosmopolita, turística y comercial que es ahora. Era un país de campesinos, enclavado en medio de los Pirineos que por no tener, no tenía ni radio. 

En ese escenario, apareció de la nada, hablando idiomas, emparejado con una rica norteamericana, procedente de los Países Bajos. El viaje fue fugaz. Primero se estableció en la diminuta ciudad de Santa Coloma, donde se estableció en una casa que aún hoy en día se recuerda como la “Casa de los Rusos”. Lleno de encanto, se tomó el trabajo de conocer la realidad del país y de darse a conocer. 

En pocas semanas, con la ayuda de uno de los miembros del Consejo General, Pere Torras, se hizo proclamar por dos veces rey por parte de las máximas autoridades del país. 

El 17 de mayo de 1934, presentó un escrito ante los mandamases de la sociedad andorrana en la que explicaba sus intenciones, y fue amenazado de expulsión, lo que ocurrió cinco días más tarde, el 22 de mayo de 1934, en que fue expulsado por los administradores de justicia francés y español. 

Con su fuerte acento ruso y su don de gentes, se refugió en el Hotel Mundial de la Seu d’Urgell. Allí empezó a actuar como monarca, se entrevistó con medios internacionales (incluyendo el Ahora de Madrid y el The Times de Londres) y decidió volver a las andadas, esta vez presentándose como lugarteniente del Duque de Guisa, aspirante al trono de Francia. 

Skossyreff era un gran embaucador. Se arrogaba a sí mismo el título de Conde de Orange (exclusivo de la Familia real de Holanda) y un título por Oxford. En las fotos de la época se le ve atractivo. Era alto, llevaba monóculo y nunca se separaba de un bastón con empuñadura de plata, hablaba en francés y con sus modales exquisitos de la corte zarista, confundió a unos y enamoró a otros. 

Tras su expulsión, volvió a las andadas 

Tras redactar la Constitución, con sus 17 artículos, la hizo imprimir. Prometía modernización de las infraestructuras, inversiones internacionales, status como paraíso fiscal - y en eso, fue adelantado a su tiempo - ), libertades públicas... 

El 7 de julio de 1934, el Síndico General de Andorra convocó al Consejo General del país para proclamarle Rey. Y con la imagen de que Andorra sería como Luxemburgo o como Mónaco, todos los consejeros (menos uno) le apoyaron y le vitorearon, y gobernó desde un hotel, durante nueve días. 

Boris estuvo muy cerca de gobernar. París, lejano a las preocupaciones andorranas, advirtió que reconocería al monarca si así lo decidía al Consell General. Y hasta la República Española tomó un punto de vista similar. 

El Palacio Real ruso de Borís I no fue tal, sino la Fonda Calons de la localidad de Sant Julià de Lòria.

El sueño acabó cuando el Obispo de Urgell, indignado con el golpe de Estado, se negó a recibirle y le mandó a cinco guardias civiles (cuatro soldados y un sargento) que lo detuvieron y llevaron a Barcelona. 

Apenas dos semanas después de su proclamación - ya que nunca tuvo coronación formal - viajó en un tren de tercera clase de Barcelona a Madrid para ser juzgado, ante la atenta mirada de una nube de periodistas españoles. 

Tras Madrid, Borís sería expulsado y vagó unos años por Europa hasta que desaparecería primero (en 1939, tras la Guerra Civil Española) en los campos de concentración del sur de Francia (se dice que en Rieucros y Vernet). 

Años después, tras la II Guerra Mundial, la Unión Soviética le habría confinado en Siberia por servir como traductor para las tropas nazis. Autores como Morell han dicho que murió como un monje en el monasterio catalán de Poblet. Otros, como Kaffka, han especulado con que el monarca habría muerto en la ciudad alemana de Boppard en el año 1989. 

Sea como fuere, hoy, en Andorra, pocos recuerdan que una vez, durante apenas nueve días, tuvieron un rey. Borís I. El ruso.