Un camino espinoso hacia Cannes

Cannes, Francia. Fuente: flickr / tomoyoshi

Cannes, Francia. Fuente: flickr / tomoyoshi

El 15 de mayo, en la Costa Azul francesa, se inaugura el 66º Festival de cine de Cannes. En la sección oficial compiten 19 largometrajes de ficción. Entre ellos, no hay ni una sola película rusa, pero no podemos decir que el Festival pasaré en balde para los cineastas de este país.

La participación ruso-soviética en el Festival de Cannes no es una historia sencilla, al igual que la de las relaciones políticas entre la Unión Soviética y Francia. “Si premias a un norteamericano dirán que te has vendido a Estados Unidos; si galardonas a un ruso, te tacharán de comunista”, declaró acertadamente Jean Cocteau, que fue presidente del Festival de Cannes en varias ediciones.

En el primer Festival de Cannes, previsto para septiembre de 1939, la Unión Soviética fue invitada a participar por razones obvias: Francia intentaba convertir a la Unión Soviética en su aliada. No obstante, el Festival fue cancelado, pues el día previsto para su inauguración, el 1 de septiembre de 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial.

El Festival de cine de Cannes reanudó su actividad en 1946 y la Unión Soviética fue invitada como país ganador en la contienda. Pero su participación fracasó por culpa de los problemas técnicos durante la exhibición de las películas, motivo por el cual los funcionarios soviéticos acusaron a los organizadores de sabotaje. El cine soviético casi desapareció de las pantallas europeas durante las siguientes cuatro décadas.

Sin embargo, en Cannes se consiguieron organizar varias proyecciones exitosas: Cuando pasan las cigüeñas de Mijaíl Kalatózov, en 1955 (la única película rusa en toda la historia del festival que ha obtenido la Palma de oro), Cuarenta y uno de Grigori Chujrai en 1957, Guerra y paz de Seruéi Bondarchuk en 1967, Solaris de Andréi Tarkovski en 1972, Érase una vez un mirlo cantor de Otar Iosseliani en 1974, Lucharon por su patria de Serguéi Bondarchuk en 1975, Una pieza inacabada para piano mecánico  de Nikita Mijalkov en 1977, así como sus Cinco tardes en 1979, y un cortometraje de Serguéi Paradzhánov, Vuelta a la vida, proyectado de manera clandestina en 1980,Nostalgia  de Andréi Tarkovski en 1983, Montañas azules de Shengelaya en 1985, Arrepentimiento de Tendiz Abuladze y Ojos negros (coproducción ítalo-rusa) de Nikita Mijalkov en 1987…

A principios de la década de 1990 cesaron los escándalos, las intrigas y el chantaje político relacionados con el cine ruso. En los últimos 23 años se han mostrado en Cannes las películas de reconocidos maestros del cine ruso: Mijalkov, LunguinZviáguintsev  y muchos otros. Pero ahora hay una nueva tendencia: ya es el segundo año que los cineastas noveles atraen la atención del jurado. 

El éxito de los jóvenes cineastas rusos

El año pasado cosechó un éxito rotundo Taisia Igúmentseva, una chica de 23 años recién licenciada en el Instituto Estatal Ruso de Cinematografía. Su cortometraje Camino a recibió el primer premio en la selección especial del festival dedicada a las escuelas de cine, La Résidence de la Cinéfondation.  

En esta sección estudiantil de Cannes, que supervisa personalmente Gilles Jacob, presidente del festival, por segundo año consecutivo se han alzado como vencedoras películas de jóvenes realizadores rusos.

“Esperemos que no se trate de un fenómeno pasajero, sino que de una dinámica, de una tendencia positiva”, dice Ekaterina Mtsituridze, presidenta de la compañía Roskino, que se encarga de promover el cine ruso en festivales y mercados de cine internacionales.

En 2013, el cortometraje seleccionado ha sido el de Evgueni Bialo, Norma de vida, con el que defendió su trabajo de diplomatura en los cursos superiores de guionistas y de directores. El protagonista de la película -interpretado por Alexander Kascheev- se enfrenta por primera vez a una tragedia: la muerte de su padre. Pero para los que lo rodean e incluso para su hermana se trata de la “norma de la vida”.

Participar en Cinéfondation no es una garantía absoluta de éxito en el futuro, pero el ejemplo de Taisia Igúmentseva muestra que, al debutar en esta competición, se consigue ineludiblemente la atención de los comités de selección del festival.

La victoria del año pasado le ha ofrecido la oportunidad de proyectar su primer largometraje en Cannes. Su película Otdat kontsy se presentará en la sección “Sesiones especiales”. Es la historia de los habitantes de una aldea rusa, sorprendidos por la noticia de la inminente caída de un meteorito sobre la Tierra.

El cinéfilo que sigue las últimas novedades cinematográficas de realizadores rusos puede quejarse: de nuevo una aldea rusa, otro rincón perdido, suciedad, nostalgia y desconsuelo… Pero, como afirma Taisia, su película se trata absolutamente de algo diferente, es una tragicomedia bastante sarcástica y audaz.

Existe la opinión generalizada de que las comedias no funcionan bien en los festivales de cine, como si el sentido del humor no pudiera cruzar las fronteras. Pero el encargado de seleccionar las películas de Europa del Este para el festival de Cannes, el vicepresidente de la compañía Unifrance, Zhoel Shapron, desmiente esta creencia: “Esto no es así, las comedias, si son buenas, se aceptan en Cannes. No creo que Igúmentseva se proponga como objetivo romper con el estereotipo del cine ruso, simplemente filma lo que le gusta”.

Las dos películas de Taisia fueron rodadas con el apoyo del exitoso director ruso Alekséi Uchitel. En su mismo estudio se filmó otra película que participa en el festival de Cannes, la cinta de Yuri Bykov, Mayor. El argumento es el siguiente: la esposa del mayor Serguéi Sobolev da a luz. Loco de alegría, se precipita hacia donde está ella, al hospital, pero de camino mata a un niño en un cruce de peatones…

La película Mayor participa en la Semana de la Crítica, que es una de las tradiciones más antiguas del Festival de Cannes, donde se exhiben los primeros o segundos trabajos de jóvenes directores. Precisamente así es como empezó la exitosa carrera de directores como Wong Kar-Wai, Leo Carax, Bernardo Bertolucci y François Ozon.

“Además, las películas de Taisia Igumentseva y de Yuri Bykov optan al premio Cámara de oro”, informa Ekaterina Mtsituridze de Roskino. Este es el tercer año que Roskino examina el cortometraje estudiantil para el almanaque especial Global Russians, en el que participan los trabajos del festival “Santa Ana”. Este año estuvieron presentes estas películas: Miórtvaia probka de Román Safin, A través de Moscú de Ruslán Lagutin, Fedra de Evgueni Baránov, Qué diferencia de Ksenia Shutochkina, F5 de Timoféi Zhalnin, Shuba-Duba en peonías de Anna Ozer, El último reportaje de Timur Abdulin y Karlo de Svetlana Sigalaievaia. La presentación del almanaque también se celebrará en el pabellón ruso durante el festival.

Este año, en el pabellón ruso, habrá dos stands operativos, con apoyo de la Fundación de Cine, Roskino y el Ministerio de Cultura de la Federación de Rusia. Aquí se presentarán proyectos de cine como Geograf globus propil de Alexander Veledinski, Iván Poddubni de Gleb Orlov, Combinado esperanza de Natalia Meschaninova, Rudolf Nureyev. El principio, de Evguenia Tirdatova y Una vez de Renata Davletiarova.

A pesar de la ausencia de películas rusas en el programa principal, aunque no esperamos ninguna victoria fantástica, se puede decir con confianza que este festival no pasará en balde para Rusia.

Por lo menos dará una oportunidad a los jóvenes directores para darse a conocer. Por lo menos, la actitud hacia los participantes es muy positiva. A la pregunta de si no le da miedo acudir por segunda vez consecutiva al Festival de Cannes y no cumplir con las expectativas depositadas en ella, Taisia  Igúmentseva responde: “Eso nunca da miedo. ¡Te estás moviendo hacia arriba, a través de un camino espinoso, hacia el séptimo arte!”.

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