Infancia en la URSS: los campamentos de pioneros

En la época soviética los niños solían pasar el verano entre bromas, actividades y una disciplina semicastrense. Fuente: ITAR-TASS

En la época soviética los niños solían pasar el verano entre bromas, actividades y una disciplina semicastrense. Fuente: ITAR-TASS

Surgidos en tiempos de la URSS, los campamentos infantiles siguen existiendo en la actualidad y combinan el descanso saludable, la disciplina semicastrense y unas tradiciones informales de bromas que tienen decenas de años.

En la Unión Soviética la mayor recompensa para un colegial era una plaza para un campamento de pioneros en algún lugar junto a un mar cálido. Esto era, por lo demás, complicado y caro: gran parte de los niños iba de campamento cerca de su casa, a la orilla del río del bosque más cercano. Si describiéramos de forma simple el día a día de estos campamentos, tendríamos un sanatorio infantil con un programa sanitario activo y entretenido.

El régimen de los campamentos se parecía al militar. Todo seguía una rutina: diana, desayuno, comida, actividades lúdicas, cena, retreta. El verano se dividía en tres turnos de tres semanas cada uno. Normalmente los niños iban solo a un turno, pero algunos de ellos vivían en el campamento todo el verano. En los años 80, en la Unión Soviética había más de 40 000 campamentos de pioneros, donde descansaban cerca de diez millones de escolares.

“Casi todos los veranos me mandaba a un campamento cerca de Kislovodsk –cuenta Natalia, una pionera–. Si no iba al campamento, era como si no hubiera habido verano. Casi todos los días íbamos a las montañas con un club de montañeros. No es que hiciéramos expediciones serias, pero sí que hubo pequeñas ascensiones. En el campamento había normas estrictas, pero aun así, las chicas y yo nos las apañábamos para ir a la ciudad a escondidas. Claro que luego nos pillaban los monitores. El castigo era quedarse en el pabellón mientras todos iban a la discoteca”.

La organización de los pioneros dejó de existir, pero los campamentos se conservaron y poco ha cambiado en ellos. También se han conservado las tradiciones no formales.

Lo primero que viene a la memoria de prácticamente todos los que han descansado alguna vez en un campamento de pioneros es la pasta de dientes. Por las noches se untaba a todos con ella, era la mayor aventura de los chicos. Los niños se colaban en la habitación de las niñas y les pringaban la cara con pasta de dientes. Esto tenía su técnica: la pasta del tubo estaba fría y, si se exprimía sobre la cara, la “víctima” se despertaba enseguida. Previamente había que calentar el tubo con el cuerpo.

Todo el proceso tenía un nombre sencillo y lacónico: “empastar”. “Hoy empastaremos a las chicas”, acordaban los muchachos.

“Fui cinco años seguidos a un campamento –cuenta Victoria, estudiante–, todos los días teníamos alguna actividad. Discoteca o alguna fiesta temática como por ejemplo 'El día de Neptuno' o 'El día del revés', en el que los chicos hacían de chicas, y las chicas de chicos. Solíamos jugar con los chavales a las cartas o a otros juegos, y el perdedor cumplía todo tipo de tareas absurdas, como preguntar quince veces a una sola persona: “¿dónde está el servicio?” o caminar durante medio día con un cartel ridículo. También los monitores secundaban el sistema de bromitas y trucos. Si no hacías la cama o lo que te pedían, por la noche te empastaban, te escondían las zapatillas o te hacían cualquier otra cosa”.

En todos los campamentos había una tradición común que se llama “La noche de los reyes”. Era la última noche: el momento de pedir deseos, de despedirse del campamento y, si el campamento estaba junto al mar, había todo un ritual de despedida del mar.

Video de Artek, el campamento de Pioneros más famoso de la Unión Soviética (el video fue filmado en 2012)

Se intentaba acostar a los niños más pequeños con astucia. Para ello, esa tarde se les llevaba por turnos al 'sendero de los deseos', y después debían guardar silencio hasta la mañana o el deseo no se cumpliría. Naturalmente, en este completo silencio enseguida caían dormidos. Pero los más mayores no dormían en toda la noche. Los niños se lanzaban papel higiénico, se tomaban el pelo, gastaban bromas a los que se quedaban dormidos. Los monitores intentaban mantener controlado este lío para que no hubiera heridos ni enfados.

“Intentábamos entretener a los niños todo lo posible –dice Iván, que trabajó de monitor cuando estudiaba en la Facultad de Pedagogía­–. Comprendí que era imposible prohibirles hacer algo, que solo podías llegar a acuerdos. Yo tuve suerte, en mi destacamento había niños de 12-13 años. Es una edad en la que ya no son tan incontrolables como los chiquititos, y todavía no están en ese momento de rebeldía adolescente, como los chicos un poco más mayores. Yo les pedía que no me dejaran en evidencia delante de los jefes, y yo, en la medida de lo posible, les permitiría todo y les defendería de las peticiones de la dirección”.

Un campamento infantil es una empresa exclusivamente social que no produce beneficios. Ahora solo los mantienen grandes empresas, así como ministerios e instituciones públicas. Con el tiempo, muchas empresas han renunciado a mantener los campamentos, económicamente es más rentable comprar plazas en otros campamentos para los hijos de sus trabajadores que mantener durante todo el año los trabajos en un gran terreno y una plantilla de trabajadores. Sea como sea, todos los niños que han estado de vacaciones en campamentos de pioneros, lo recuerdan como una de las impresiones más vivas de su infancia.

Las bromas más populares en los campamentos de pioneros:

1. Pasta de dientes: se consideraba muy chic echar la pasta en la palma de la mano del durmiente y después hacerle cosquillas en la nariz o en las mejillas con una pluma. La víctima hará todo el trabajo sola.

2. El techo se cae: encima del durmiente se extendía una sábana muy tirante y después se le despertaba bruscamente con gritos de: “¡Levántate, rápido! ¡El techo se está cayendo!”

3. Guirnalda de ropa: por la noche, toda la ropa que estuviera en la habitación se ataba formando una guirnalda que adornaba el cuarto. Por la mañana no podías vestirte hasta que no desatabas la guirnalda.

4. Sarna: Debajo de la sábana se vertían hojitas de té. La víctima pasa la noche dando vueltas y rascándose.

5. Transporte de cuerpos: si la víctima duerme profundamente, se le puede sacar al pasillo o al servicio, junto con la cama. En las noches cálidas, incluso se le sacaba a la calle.