Un argentino ilustra “La muerte de Iván Ilich”

Se acaba de publicar una nueva edición de la famosa novela de Lev Tolstói “La muerte de Iván Ilich” con una traducción actualizada. El argentino Agustín Comotto, un apasionado de la cultura rusa, ilustra el libro con unos dibujos cargados de simbología e inspirados en las vanguardias rusas.

¿Cómo surgió la idea de hacer la edición ilustrada de La muerte de Iván Ilich?
Fue una propuesta de la Editorial Nórdica que publica libros clásicos ilustrados. Este es el tercer libro que hago con ellos y el editor ya conocía mi gusto y mi amor por la cultura  rusa de los siglos XIX y XX. Y me refiero a todos los ámbitos de la cultura, me interesa mucho y la estudio bastante. Cuando me propusieron que ilustrara La muerte de Iván Ilich me quedé admirado y también asustado, porque es un libro complicado.

¿Qué dificultades tuviste para ilustrarla?
Es una novela muy compleja. Los ilustradores trabajamos con la imagen que nos dispara el texto y en este caso en el texto no pasa nada físicamente. Es la historia de un señor en una cama que se muere, nada más. Tuve que buscar en el libro todo ese universo simbólico tan rico y vasto que tiene Tolstói. He intentado darle ese ángulo a mis ilustraciones.

Biografía

Agustín Comotto nació en Buenos Aires en 1968 y pasó media infancia en Madrid por el exilio político de sus padres. Volvió a Argentina en 1982 y empezó a dibujar cómics. Su formación es autodidacta. En 1999 volvió a España y se instaló en Corbera de Llobregat, cerca de Barcelona. En el 2000 recibió el premio ‘A la orilla del Viento’ de la editorial Fondo de Cultura Económica. 

¿Cómo se dibuja el dolor físico y la lucha interna del personaje?
El dolor físico está en algunas imágenes dramáticas, pero decidí no hacer hincapié ahí porque creo que Tolstói ya lo hace con sus palabras de una manera superior, generando una sensación de dolor general que va de dentro hacia fuera y se come al personaje. Quería trabajar el dolor moral; es la historia de una persona que reflexiona sobre su vida, su carrera social, su matrimonio, sus hijos, el papel que ha ocupado en sus vidas y el que ha ocupado en la vida de sí mismo, el miedo a morirse, la falta de miedo a morirse al final. Ahí es donde encontré el lugar para trabajar el libro. Y por el lado del amor a la cultura rusa que profeso, utilicé bastante la influencia de la estética de las vanguardias rusas que me apasionan. El libro está plagado de guiños a grandes autores vanguardistas.

¿En qué te has basado para hacer este trabajo? ¿Cuáles han sido tus influencias?
Provengo de una escuela de dibujo autodidacta muy influida por el cine, el cómic y el expresionismo. Y dentro de todos esos conceptos narrativos que me interesan, las vanguardias rusas tienen un papel protagónico, estoy empapado de ellas. Desde Eisenstein y su cine, Rodchenko, Tatlin…

La novela

“La muerte de Iván Ilich” de Lev Tolstói fue publicada en 1886 y ha llegado a ser considerada como la novela perfecta. Su protagonista es un funcionario de la administración zarista que aspira a escalar peldaños en su carrera para mantener su estado de bienestar y seguir así formando parte del mundo burgués en el que ha vivido siempre. Un pequeño accidente, aparentemente sin importancia, es el inicio de un proceso de dolor y de ver la muerte de forma tan cercana que comienza a cuestionarse si su vida mereció la pena. 

Un montón de autores sobre los que cada día aprendo más. El futurismo ruso y toda la arquitectura del principio de la Revolución rusa me ha marcado desde arriba, lo sigo mirando apasionadamente cada vez que surge una exposición. Mi sueño es ir a San Petersburgo y poder ver todas las exposiciones de futurismo que tienen en sus salas. También está la literatura; para mí Mayakovski es un eje, me fascina la relación de su poesía con la ilustración -él era ilustrador también-, y su trabajo junto a Ródchenko en publicidad. Me parece que es una gente bastante desconocida en el público general occidental. Todo eso ha hecho el sustrato de mi manera de entender las cosas y en este trabajo se ve bastante, llegando a hacer incluso dibujos abstractos.

Hay todo un universo simbólico en tus ilustraciones.
Sí, hay mucho símbolos. La mujer y la hija siempre aparecen con tazas de té. Son mujeres extremadamente preocupadas por su posición social, su ascenso y la necesidad de ser noble aunque no lo sean de nacimiento, lo que en la actualidad serían los ‘nuevos ricos’. El té y la tertulia de la burguesía rusa francesa de las salas donde beber el té era algo elegante, representan su ansiedad por ascender. También son simbólicos los ejes cartesianos; hacer lo correcto es un eje cartesiano perfecto y el de Iván Ilich, que está enfermo, se va torciendo hasta que al final del libro el eje se da vuelta haciendo que las ‘x’ sean ‘y’ y las ‘y’ sean ‘x’.

¿Y la muerte?
Creo que está dibujada al final del libro pero como una abstracción absoluta. La muerte no existe, es simbólica, nosotros no hemos ido a la muerte y hemos vuelto para explicarla. Sabemos que está ahí, nada más, así que lo que puedo hacer es mostrar la ruina física, un alarido, el estertor del personaje que muere. Esencialmente todo el libro pasa por imágenes descriptivas de Iván Ilich, su mujer, la posición social, la iglesia, su casa, el imperio ruso… la muerte da vueltas pero no es el eje, es lo que le obliga a reflexionar sobre la vida.

¿Qué técnicas de ilustración usaste?
He intentado usar una paleta de colores muy reducida al estilo futurista, y en ese sentido soy deudor de Malévich y Lissitzky. Por otro lado he trabajado una técnica manual con pluma y tinta china para luego aplicar la tecnología editando a través de la computadora.

¿Se ha realizado una nueva traducción de la novela para esta edición ilustrada?
El traductor es Víctor Gallego.  Esta es una característica de la editorial Nórdica: su director es un obsesivo y tiene el lema de que cada época merece una traducción diferente a la anterior y suele encargar una traducción directa sobre el trabajo original. Muchas de las traducciones de Tolstói que se pueden encontrar en ediciones baratas son del francés o del inglés, no directas del ruso. Las traducciones más cuidadosas que se han hecho desde los 80 en adelante tienen un estilo propio de otras épocas.

Otras ediciones en español de la novela:

Lectorum 2001
Jorge A. Mestas. Ediciones Escolares 2002
Siruela 2003
Longseller 2004
Ediciones Leyenda 2009
Alianza Editorial 2011
Ediciones Gandhi 2012
Terramar Ediciones