El hombre que tenía entre sus manos el alma rusa

Hace tiempo que el nombre de Rajmáninov se ha convertido en una marca, su música no da tregua ni a los aplicados alumnos de los conservatorios, ni a los ávidos concertistas que se frotan las manos mirando cómo engrosan sus cuentas bancarias después de interpretar los grandes temas del aclamado compositor, ni al público entusiasta, que se queda inmóvil como un conejo ante una boa cuando suenan los primeros acordes del Concierto para piano nº 2.

A Rajmáninov le tocaría conocer el éxito y el destierro. Cuando Lenin ya hacía tambalear el barco de la Rusia imperial, el pequeño Seriozha aprendía a utilizar los pedales de un viejo piano cubierto de candelabros. Su naturaleza poética maduró despacio en la calma de un pueblo ruso. Mucho más tarde, en diciembre de 1917, abandonaría Rusia para siempre, tras huir a Occidente con el sonido de fondo de las campanas dinamitadas por los bolcheviques.

En las imágenes de los noticiarios que se proyectaban en los cines lo vemos, circunspecto y sombrío, en la cubierta de un barco con destino a EE UU. De repente su cara se convirtió en una máscara de Guy Fawkes y da la impresión de que esa sonrisa transmite lo más importante de Serguéi Rajmáninov: ese hombre con la cabeza afeitada e inquietante estaba lleno, en realidad, de alegría y expectación. Le esperaba una vida desconocida en el Nuevo Mundo, que lo haría famoso e infeliz.

Rajmáninov despojó a la música rusa de su virginidad, rompiendo con sus dedos largos las cadenas del academicismo provinciano que la constreñían y la empujó impúdicamente al consumo de masas en los auditorios de principios del siglo XX. Se convirtió en el Mesías de un género ligero que arrancó toda la potencia del piano para cambiar para siempre el perfil de los amantes de la música clásica, de forma parecida a cómo hicieron los Beatles con los admiradores de la música popular.

Fue el primer compositor ruso que amasó una fortuna, además de grabar sus propias composiciones.

Hasta el final de su vida de inmigrante en los Estados Unidos siguió siendo un romántico empedernido. Abstraído en el rugido de su automóvil de carreras, Rajmáninov conducía velozmente por las highways californianas, apartando las manos del volante solo para enjugarse las lágrimas que vertía por los jóvenes abedules rusos.

Nunca pudo perdonar a su destino que le apartara de su patria, de esos días de verano libres de preocupaciones, en una hacienda de los alrededores de Moscú, con samovares, perros de caza e institutrices simpáticas del Instituto de doncellas nobles con las que tocaba escalas al piano.

¿Están dispuestos a descubrir la auténtica música rusa sin prejuicios? ¡Adelante! 

5 grandes éxitos de Serguéi Rajmáninov

Preludio en Sol menor

Un hit absoluto capaz de convertiros en fanáticos de la música clásica. El autor se negaba a tocarlo como bis en sus conciertos y una vez se sintió de lo más molesto cuando oyó que las notas de su preludio salían por las puertas de una taberna de California. “¡Pensarán que solo he compuesto esta música!”, decía fuera de sí.

Concierto para piano nº2

Genial y terrible a la vez. En el mundo no hay ni un pianista profesional en cuyo repertorio no figure esta “Mona Lisa” de la música. Una pieza clásica interpretada hasta la saciedad que no conocer es un pecado.

Concierto para piano nº 3

Fatalidad a lo 'Mortal Kombat', tocado en 88 teclas. Los tormentos de un pianista infeliz que tortura al piano con una música que hace castañear los dientes, maravillosamente mostrada en la película Shine de Scott Hicks. Véanla en lugar de poner por enésima vez Rocky.

Trío elegíaco:

Preparen el pañuelo, mejor todavía una toalla, si tienen intención de escuchar este desgarrador réquiem para piano, violín y violonchelo, dedicado a la memoria de Piotr Ilich Chaikovski, maestro y amigo de Rajmáninov. El trío dibuja un retrato inmortal del gran compositor, triste hasta las lágrimas y de una hermosura arrebatadora.

Vocalise

Por su forma, es un ejercicio vocal. Por su contenido, es un canto de cisnes sobre la irrepetible belleza (femenina). Es la canción preferida no solo de las sopranos sino también de los violinistas. Preparaos para que una buena interpretación de Vocalise os forme un nudo en la garganta.