Región de Kaliningrado: adentrarse en el parque natural más pequeño de Rusia

El istmo de Curlandia separa el agua salada del mar Báltico de la dulce de la laguna del mismo nombre. Los lugareños aseguran que en este reserva de aves que alberga la estación ornitológica más antigua de Europa los bosques danzan al son de la arena.

Fuente: Lori / Legion Media

La arena transportada por el viento se deposita en el suelo creando unas líneas finas y regulares cuyos picos recuerdan un electrocardiograma que registra los latidos de un corazón. El latido a veces es imperceptible, pero otras es tan acelerado que parece que el corazón vaya a salir disparado a través de las costillas.

El istmo de Curlandia está pautado con esa red compuesta por miles de cardiogramas, como si dejaran constancia de los latidos de sus lugareños y dibujaran a cada segundo líneas quebradizas en la arena.

Esta lengua de tierra, conocida como istmo de Curlandia, une Zelenogradsk, en la región de Kaliningrado, con Klaipėda, en territorio lituano, separando el agua salada del mar Báltico de la dulce de la laguna de Curlandia. La zona árida da paso a bosques de pinos, abedules y prados cubiertos de musgo, tundra y pantanos del tamaño de un suburbio moscovita. Con una superficie equivalente a una dieciseisava parte de la capital rusa, hace un total de 66 kilómetros cuadrados. La longitud del istmo es de 98 metros y el ancho oscila entre 400 metros y 3,8 kilómetros.

Dónde alojarse

En el istmo de Curlandia hay una variada oferta de pensiones, estaciones de turismo, casas de huéspedes y hoteles de diferentes categorías. Todos ellos se encuentran en pequeñas poblaciones: Rybachi, Morskoe y Zelenogradsk. Los precios varían entre los 10 y 200€ por noche, dependiendo del tipo de alojamiento y temporada. En cualquier época es posible encontrar un lugar donde alojarse, pero es preferible reservar con antelación.

Desde hace más de mil años la población intenta proteger el istmo de Curlandia de tres de sus principales enemigos: el agua, el viento y la impronta del hombre.

Allí se hallaban los bosques sagrados de los pueblos paganos del Báltico; más tarde, fueron invadidos por las jaurías de perros de caza de los reyes prusianos y, en el siglo XVIII, se instaló en parte de su territorio una reserva natural llamada “El bosque del rey”.

Mucho después, gracias a su estatus, se conservó durante la masiva deforestación que sufrió el resto de bosques del istmo. La tala provocó una catástrofe ecológica: la arena propició la desertización y la formación de enormes dunas móviles que vagan libremente por la superficie peninsular.

Este proceso destructivo continúa actualmente deteriorando el frágil y vulnerable ecosistema. Por esta razón, en 1987 se instituyó el parque nacional “Istmo de Curlandia”, uno de los primeros de Rusia. Se dice que si se calculara el coste total de los materiales y la mano de obra invertidos en la defensa de este territorio a lo largo de todos estos años podríamos hablar del proyecto medioambiental más caro de la historia.

Cómo llegar

La opción más sencilla es tomar el autobús #593 en Kaliningrado en dirección a Morskoe, con un transbordo en Zelenogradsk. La ruta atraviesa todo el istmo. El trayecto dura 4 horas y el coste del billete es de unos 6€.

“Me encanta pescar aquí. Solíamos venir a buscar lenguado cuando era pequeño”, recuerda Vitia, un joven pescador con la nariz quemada por el sol. “Entonces no cogíamos sólo pescado, también cuervos. Sí, por extraño que parezca, así es. Extendíamos la red de pescar en el suelo y poníamos pescado como cebo. En un día podíamos llegar a cazar más de un centenar de estas aves. Después las desplumábamos, les cortábamos las cabezas y las patas y las vendíamos en el mercado. ¡Los clientes no sabían que compraban cuervos! Incluso nos inventamos un nombre para ellos… Los llamábamos palomas prusianas”.

Fuente: Lori / Legion Media

En primavera, a medida que anochece, el batir de las alas ahoga el susurro de las olas. Cientos de miles de pájaros sobrevuelan a diario la península durante el periodo migratorio. El istmo de Curlandia es un enorme puente para las aves. Por este punto, pasan las antiguas rutas migratorias de más de 150 especies, en su viaje del norte al sur de Europa y al Norte de África.

En el parque se encuentra la estación ornitológica más antigua de Europa, Fringilla (1901), ubicada en el pueblo pesquero de Rybachi. Fringilla es el nombre latín de la familia de los fringílidos, o pinzones, una de las aves más comunes en el istmos. Allí, los ornitólogos han instalado las redes para pájaros más grandes del mundo (15 metros de alto). En temporada alta estas redes a veces atrapan hasta 8.000 pájaros por hora. A todas las aves las pesan, las examinan, las anillan y las ponen en libertad.       

“El istmo de Curlandia es un lugar especial y único”, declara Anna, una habitante de Rybachi, “pero eso no es lo que atrae a la gente hasta aquí. Los visitantes buscan el contacto con la naturaleza… No la naturaleza salvaje ni la naturaleza domesticada, sino una naturaleza humana. Durante muchos años la gente y el istmo crecieron juntos, como hermanos: discutían y se enfadaban, pero ahora han empezado a entender que se aman de verdad. Aquí a uno se le revela la verdadera naturaleza del ser humano, de sí mismo. Se refleja mires donde mires, en las piedras, las olas, los árboles”, añade.

“Por eso, nos establecimos aquí. El lugar donde la arena canta y el bosque baila…”.

Los pinos se entrelazan formando anillos y corazones, espirales enrevesadas que se comban hacia el suelo. Un extraño fenómeno natural que los locales llaman “el bosque danzante”.

Una parcela compuesta por cientos de árboles aparece de repente en medio del bosque más corriente: en un recodo del camino encuentras de pronto una extraña formación de árboles a tu alrededor. Nadie ha sido capaz de explicar este fenómeno de la naturaleza. Los lugareños dicen que los bosques danzantes bailan al son de la arena. La “arena cantante” es otro fenómeno insólito. Debido a su estructura cristalina fuera de lo común, las partículas arenosas emiten un sonido característico en contacto con el viento que nada tiene que ver con el susurro habitual.

La arena canta bajo nuestros pies, se escurre entre los talones, aúlla a los perros y hace eco al chapoteo de las olas. Su melodía viaja por todo el istmo de Curlandia. Para escucharla, basta con dar un paso. O quedarse completamente inmóvil. Se puede correr, saltar o admirar las dunas en silencio: la arena se oirá por todas partes. Las olas que forma dan lugar a algunas de las dunas más grandes del mundo. Las Cumbres de Eff o las Cumbres Müller son dunas que alcanzan 60 metros.

“Nací aquí y, cuando crecí, me trasladé a Kaliningrado. Luego volví. No se me ha perdido nada en otros países o ciudades mientras pueda vivir aquí”, dice con una sonrisa Vladímir, un trabajador del parque. “Tenemos de todo: mar, colinas, desiertos, bosques y tundra. Bueno, el lenguado con los ojos inclinados hacia un lado no es tan apetitoso. Pero lo más importante es que gozamos de una tranquilidad que sólo se encuentra en la naturaleza”.

La mejor época para visitar el istmo de Curlandia es entre mayo y noviembre, cuando no hay coches, el mar está más tranquilo y los sauces en flor adornan la orilla.

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