Las experiencias pedagógicas de Lev Tolstói

Dibujo de Dmitri Divin.

Dibujo de Dmitri Divin.

“En los primeros días de mi matrimonio”, recordaba Sofía Andréyevna Tolstáya, la mujer de Lev Tolstói, “venían a felicitarnos siervos, campesinos, estudiantes…”

Lo de los siervos y campesinos es comprensible. Los campesinos trabajaban en las tierras de los Tolstói y los criados servían en la casa señorial. Pero ¿qué pasaba con esa 'casta' particular, los estudiantes de Yásnaya Poliana? ¿Y por qué iban a felicitar a la pareja, junto con los campesinos y criados?

La faceta más conocida de Tolstói es la de escritor. No tanto la de pensador y predicador religioso. Pero la vertiente que menos se conoce de él es la de pedagogo, la de creador de una metodología radicalmente nueva de educación primaria y de primer conocimiento del mundo, así como su autoría del fundamental 'Alfabeto', una antología en la que incluyó las obras que, a su juicio, tenían que leer todos los niños en la Rusia del siglo XIX, desde el hijo de un sencillo zapatero hasta los hijos del zar. Éste era uno de los sueños más queridos de Tolstói: unir a Rusia mediante quienes la conformarían en el futuro.

El principio pedagógico de Tolstói consistía en erradicar la violencia sobre el intelecto y el carácter del niño, para que este estudiara sólo lo que le interesara y él mismo encontrase útil. Estas ideas contrastaban fuertemente con los principios de enseñanza presentes en las escuelas eclesiásticas y parroquiales, muy habituales en la Rusia de la segunda mitad del siglo XIX. Tolstói trató de aplicar su sistema pedagógico entre los niños campesinos de Yasnaya Poliana y de otros cercanos a su finca, cuando no se oponían a ello los terratenientes.

La escuela de Yásnaya Poliana abrió sus puertas en 1859. En realidad no tenía un edificio: los niños estudiaban en la caseta junto a la entrada de la finca, en la misma casa donde vivían los Tolstói y en el ala contigua. Los maestros eran estudiantes universitarios a los que Tolstói contrataba en Moscú. El propio Lev Nikoláyevich y más tarde Sofia Andréyevna participaron de la labor educativa. Apasionado por la pedagogía, a principios de la década de 1860 Tolstói realizó un gran viaje por Europa, donde estudió los diversos sistemas de enseñanza.

En la casa de Yásnaya Poliana se podían ver los instrumentos más avanzados en aquellos tiempos, por ejemplo, microscopios. Todos esos aparatos se los enviaban desde el extranjero. Los niños estudiaban el movimiento de los cuerpos celestes, fundamentos de física, química, matemáticas, geografía. Por supuesto, la literatura desempeñaba un papel muy importante. Tolstói compuso tres Abecedarios y les consagró varios años de su vida. Algunos relatos los escribió expresamente para ese proyecto, como El prisionero del Cáucaso, ahora considerado una obra maestra y llevado varias veces a la gran pantalla. La mayor parte del Abecedario estaba compuesta por relatos populares, parábolas espirituales y vidas de santos. Pero eran singulares y no respondían a la concepción eclesiástica de estos géneros. Tomemos, por ejemplo, la parábola Los tres startsy. Un obispo viaja en un barco junto a una isla donde, según le dicen, viven tres startsy. Ordena atracar:

-¿Cómo rezáis? -les pregunta.

-Muy fácil –dicen-. "Vosotros sois tres; nosotros somos tres: concédenos tu gracia".

Con "vosotros sois tres" se referían a la Santa Trinidad: Dios, el Hijo y el Espíritu Santo.

-No es así como debéis rezar -dice el obispo.

Y les explica cómo debían hacerlo según la Iglesia. Continúa su camino en barco. Cuando ya lleva un rato viajando, ve correr directamente hacia él, por el mar, como por tierra firme, a los tres startsy.

-Padre: hemos olvidado la oración. Enséñanosla de nuevo, ya no nos acordamos de nada.

El obispo se queda desconcertado.

-Rezad como acostumbréis a hacerlo. No soy yo, pobre pecador, quien debe enseñaros.

En esto consiste la metodología de Tolstói: práctica, "vida viva" y no "letra muerta".

Leyendo las memorias de los hijos de Tolstói sobre su infancia en Yásnaya Poliana es imposible no llegar a la conclusión de que, si soñó con construir un paraíso, sin duda lo consiguió. Pero la pedagogía, como sistema y como práctica, resultó incompatible con la vida familiar de la pareja.

En 1862, Lev Tolstói escribió a su amigo Iván Petróvich Borísov: "En casa lo tenemos todo, gracias a Dios, y vivimos de una manera que no nos apetece nada morirnos". Pero de su "última amante", como llamaba a la pedagogía, no tuvo más remedio que despedirse. Y no sólo porque su revista pedagógica Yásnaya Poliana, que editó durante 1862 y en la que publicó sus proyectos pedagógicos, no suscitara el interés del público. Tampoco porque los niños campesinos durante el trabajo en el campo no pudieran estudiar. Tal vez la razón principal fuera la incompatibilidad de la pedagogía con los intereses de la joven esposa. Por ejemplo, los maestros rurales, que iban a Yasnaya para hacer "prácticas" y "compartir experiencias", fumaban en el comedor, y Sóniechka, que se quedó embarazada muy pronto, no soportaba el humo.

"Todos esos jóvenes", recordaba Sofia Andréyevna, "se desconcertaban en mi presencia y algunos me miraban con hostilidad, sintiendo que se terminaría su relación con Lev Nikoláyevich, pues este acabaría volcándose en la vida familiar".

Las escuelas tolstoístas no cuajaron en la Rusia del siglo XIX ni en la del XX, y actualmente, en el país, quedan muy pocos centros educativos en los que la enseñanza y la educación infantil se basen en los preceptos tolstoístas. Pero es curioso que en Japón haya varias escuelas donde a los niños se les enseñe aplicando rigurosamente el método de Tolstói.

Pável Basinski es escritor y crítico literario. Autor de libros sobre el gran escritor ruso: Lev Tolstói: huida del paraíso (2010) y El santo contra Lev (2013).