Un proyecto trata de acercar el teatro a invidentes

Un momento en el desarrollo de la obra. Fuente: Servicio de Prensa

Un momento en el desarrollo de la obra. Fuente: Servicio de Prensa

Una actuación teatral de la compañía de teatro de la casa de Bulgákov ofrece a adultos y niños ciegos la oportunidad de disfrutar del arte interpretativo en directo.

Todo arrancó cuando la autora Ksenia Dmitrieva escribió un cuento y le propuso a Yekaterina Negrutsa, directora del centro cultural Casa Bulgákov, adaptarlo para un espectáculo teatral destinado a invidentes. La directora se interesó por el proyecto y buscó información en Internet sobre si había iniciativas parecidas, pero sin éxito, aunque se quedó impresionada con lo que se decía de los niños ciegos. «Escriben de ellos que se han quedado atrasados en su desarrollo, que son taciturnos y están encerrados en sí mismos. Intenté imaginar cómo sería cuando uno nace y no tiene nada salvo a uno mismo y unos sonidos que no es capaz de explicar», cuenta la directora.

Tras aceptar el reto, la compañía visitó una escuela de Moscú, el internado nº1 para niños ciegos y con deficiencias visuales.

La realidad sorprendió aún más a los actores que los artículos de Internet: los alumnos del internado resultaron abiertos, interlocutores curiosos, capaces a sus once años de un humor inteligente. Juntos viven, aprenden, tocan instrumentos musicales, dibujan, estudian todo lo que les puede servir en la vida cotidiana y les gusta mucho recibir invitados.

«A causa de su obligada introversión, probablemente, prestan mayor atención a su mundo interior y no se sienten cohibidos al estar con gente creativa. No les avergüenza leer con sentimiento en voz alta. Y por lo que respecta a música, tras escuchar juntos una obra de Edvar Grieg, un niño se levantó y dijo que había imaginado una mañana y una cueva. ¡En una escuela normal se habría ganado una colleja!», exclama entre risas Yekaterina.

Nubes en la oscuridad y espectadores inmóviles

El protagonista del espectáculo «Volke» (del alemán «nube») es un niño pequeño que va a realizar su primer acto adulto y para ello sale de viaje en compañía de una nube mágica.

En el último ensayo, realizado ante espectadores invidentes adultos, los nervios eran patentes entre todos los componentes de la compañía, que estaban preparados para asumir el fracaso. Durante el espectáculo la desesperación fue en aumento: los actores no entendían la reacción de los asistentes. «Los actores se hallaban en estado de shock porque el público estaba completamente inmóvil en sus asientos. Parecía que estuvieran durmiendo», cuenta la directora.

Los comentarios de los espectadores después de la función resultaron más asombrosos que su quietismo en las butacas: los artistas descubrieron algunos matices de la obra cuya existencia ni siquiera ellos sospechaban. Crecía el miedo de actuar ante un auditorio de veinte niños invidentes. Los actores temían decepcionar a ese público tan joven, capaz de pasar en un instante de los gritos al silencio más absoluto después de oír las palabras: «Érase una vez…».

Nuevas tecnologías con métodos artesanales

El nuevo proyecto de Casa Bulgákov empezó con una excursión: los invitados fueron recibidos en la escalera, recorrieron las salas para que pudieran tocar los objetos expuestos, llamar por un teléfono antiguo y acariciar un gato enorme que vive en el museo. No habían tenido tiempo de comentarlo todo cuando se encontraron ya en el teatro, directamente en el escenario. La acción se desarrollaba a dos palmos de ellos. Los actores caminaban entre los espectadores, llevando ante sus narices curiosas una tetera con canela y acariciándoles las mejillas con un trocito de piel, como si hubiera aparecido un personaje de un cuento mágico.

Los actores interpretaron por turnos el papel de narrador y de diferentes personajes. Incluso hicieron los ruidos que mejor se le daba a cada uno de ellos. En los ensayos se revelaron talentos insospechados, como la habilidad de «emular el crujido de la nieve».

«Hicimos todo a nuestro alcance para crear una atmósfera, obligar a los niños a “ver” lo que ocurría, a que se quedaran petrificados y exclamaran: cambiábamos bruscamente la iluminación para que sintieran el cambio del día y de la noche, los rociábamos con pulverizadores para que sintieran las gotas del río. Después del espectáculo los niños gritaron que era una función en 5D. Y entonces respiramos con alivio. Era lo que queríamos», declara con una sonrisa de alivio la directora.

Los niños registraron la actuación con una grabadora para volver a escuchar el cuento en casa y después dibujaron sus impresiones en la escuela. «Estaban muy entusiasmados. Dibujaron el río, las nubes rosadas, e incluso un niño dibujó en primer plano un sombrero que le dejaron tocar», cuenta la profesora Natalia Morozova.

Después de esta primera actuación la compañía del museo-teatro entendió que los espectáculos para niños invidentes es un género especial cuyo requisito indispensable es ganarse la complicidad del espectador. Exige poner en práctica todas las habilidades profesionales y tener un especial cuidado a la palabra, porque actúa sobre los niños a un nivel físico. Por ejemplo, ante la palabra «sueño» empiezan a bostezar.

Información adicional

El centro cultural Casa Bulgákov se encuentra en la calle Bolshaya Sadóvaya, nº10. Creado por amantes de la obra de Mijaíl Bulgákov, el escritor moscovita de principios del siglo XX, Casa Bulgákov poco a poco se convirtió en centro de peregrinaje para los admiradores del autor y está integrada por un teatro, por un museo y por una pequeña biblioteca, con no pocos pasillos y cuartos secretos.

La compañía tiene muchos planes: corregir el guión, invitar a niños de otras escuelas a presenciar el espectáculo, organizar representaciones itinerantes y grabar un disco para distribuirlo gratuitamente por las bibliotecas y las instituciones para niños con problemas de visión.

«Si algo hemos entendido es que es imposible dedicarse a esto sin una implicación total. Estos espectáculos no se pueden producir en serie, echar mano del repertorio. Por supuesto, se pueden concebir espectáculos para grandes escenarios donde la tecnología permita utilizar más efectos escénicos, pero se trata ya de otro tipo de teatro», explicó la directora.