El nuevo gobierno de Macri y las relaciones ruso-argentinas

EPA
La elección de Mauricio Macri como nuevo presidente de Argentina plantea dudas acerca de las relaciones bilaterales, sobre todo después de que ambos países se declarasen “socios estratégicos”. ¿Hasta qué punto cambiará la relación?

El vicecanciller ruso Serguéi Riabkov expresó el miércoles la esperanza de que Mauricio Macri apueste por la continuidad en las relaciones entre Buenos Aires y Moscú. "Estamos interesados ​​en que el nuevo gobierno de la República Argentina continúe la línea a la profundización y diversificación de las relaciones ruso-argentinas",  dijo Riabkov a la prensa, informa Sputnik.

Lejos de los cálculos pesimistas que sopesan sólo fuentes ideológicas, también pueden esgrimirse cuatro razones para explicar por qué el nuevo gobierno de Mauricio Macri puede conllevar un relanzamiento de la relación con la Rusia de Putin.

En primer lugar, podría decirse que de la misma manera que Putin significó una renovación de la elite postcomunista, dando comienzo a una nueva era generacional, mucho más pragmática que la anterior (tanto la última soviética como la romántica e ingenua yeltsinista), Macri, como exempresario, supone un novedoso liderazgo. El nuevo presidente argentino, socializado en plena era democrática post 1983, está dotado de  realismo y eficacia, es decir, alejado de cosmovisiones dogmáticas, binarias y excluyentes, como las prevalecientes en las generaciones formadas durante la Guerra Fría.

En segundo término, sus ejes de política exterior tampoco colisionarán con los rusos. A la larga tradición juridicista argentina, más afín al multilateralismo del Kremlin de los últimos 25 años, Macri buscará una política exterior más pragmática, para reinsertar a Argentina en el mundo.

A diferencia de otras épocas, de plenos e ingenuos alineamientos con Washington (menemismo/Alianza) o Caracas (kirchnerismo), se espera una multivectorialidad al estilo del putinismo que diversifica vínculos. Algunos estarán orientados a consolidarnos como proveedores de alimentos a escala global y otros a atraer inversiones para financiar obras de infraestructura muy necesarias para el país. Aquí puede estar presente el capital ruso, en condiciones normativas de transparencia e imparcialidad.

La nueva Canciller de la gestión Macri, la ingeniera Susana Malcorra, tiene una vasta experiencia internacional como funcionaria de la Secretaría General de Naciones Unidas, tanto en la logística de misiones humanitarias de paz como en el Programa Mundial de Alimentos. Su perfil técnico-profesional tiene un correlato con la lógica y la actuación de Serguéi Lavrov.

Este nombramiento supone una reprofesionalización del cuerpo diplomático argentino tras años de relegamiento y politización de este cargo, lo cual es una buena noticia  para los funcionarios del históricamente meritocrático servicio  diplomático de Moscú.

Ahora tendrá interlocutores válidos y confiables del lado de Buenos Aires. En los últimos años Moscú se quejó de la improvisación y la desidia operativa de la diplomacia argentina, con la que se operativizaban mal los acuerdos entre ambas naciones.

Asimismo, la energía nuclear, el petróleo y el gas seguirán formando parte de la agenda comercial y financiera planteada con Rusia. En un gobierno como el de Cambiemos habrá mucha mayor predisposición a garantizar marcos duraderos de seguridad jurídica, transparentando los acuerdos logrados en el Congreso, abriéndolos a la luz pública y garantizando su continuidad.

La elite argentina conoce muy bien y confía en la capacidad de los rusos para cooperar en esta materia, capital para posibilitar que la economía argentina se desarrolle sobre bases firmes.

Ferrocarriles, puertos, autopistas, tecnologías de navegación, aviación civil, helicópteros, rompehielos, maquinaria agrícola, etc., son otras obras, servicios y productos que pueden intercambiar argentinos y rusos en la nueva gestión.

Macri ejercerá una presidencia fuertemente orientada a la apertura del comercio exterior argentino, impulsando la entrada de productos nacionales al exigente mercado ruso, en plena era de sanciones europeas por la crisis ucraniana.

Por último, en el ámbito cultural, a Macri le tocará compartir con su colega ruso el  año 2018, cuando se celebra el Mundial de Fútbol, tan caro a los sentimientos argentinos. Muchos compatriotas seguramente cumplirán su sueño de viajar hacia Rusia y conocer sus ciudades, algunas de las cuales ya están hermanadas con urbes argentinas.

Como alcalde de Buenos Aires, Macri impulsó un fuerte y arraigado vínculo con la numerosa comunidad rusa residente, celebrándole sufiesta anual en pleno microcentro de la ciudad capital, además de recibir vía la Legislatura porteña, a delegaciones de la Duma rusa.

Nada impide que estos vínculos culturales, incluyendo los musicales y artísticos en general, recobren vigor a partir de la nueva administración, tras el telegrama afectuoso de salutación y felicitaciones, enviado por el propio Putin al presidente electo, el lunes pasado.

En síntesis, si se deja de leer la relación ruso-argentina en clave ideológica y, se  evalúa más en términos de los intereses nacionales, no hay por qué esperar un impasse con el nuevo gobierno macrista.

Incluso cuando puedan persistir las coincidencias puntuales (Malvinas) así como divergencias (el enfriamiento de relaciones con Venezuela y hasta Irán), que puedan molestar a algunos sectores de Moscú o de la vieja izquierda porteña, cabe esperar una intensificación del vínculo, porque básicamente, Rusia y Argentina comparten una mirada multipolar y pacífica del orden global.

Marcelo Montes, Doctor en Relaciones Internacionales (UNR), Magister en Relaciones Internacionales (UNC), profesor de Política Internacional (UNVM), integrante de la Cátedra Rusia del IRI (UNLP) y miembro del Grupo Eurasiático del CARI.

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