El enfrentamiento entre Rusia y Occidente cambia la arquitectura de la seguridad

Fuente: AP

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El conflicto en Ucrania y el enfrentamiento entre Rusia y Occidente ha provocado una profunda revisión de la situación de seguridad. La tensión ha aumentado y se habla de una nueva carrera armamentística, incluso de la amenaza nuclear. Ambos actores sacan músculo, pero parece que se olvidan de las consecuencias económicas.

Un nuevo elemento cualitativo ha aparecido en las relaciones entre Rusia y Occidente: la pérdida total de confianza. Los problemas de confianza han sido un mantra de los políticos y expertos durante todo el periodo postsoviético. Ahora, el asunto se da por finalizado. 

Con la ausencia de confianza, no hay problemas con la confianza en sí misma. El problema es encontrala. Estratégicamente, ni Rusia ni Occidente se consideran mutuamente como socios fiables.

"Peligro", "reto" o "amenaza" son palabras habituales en el léxico político de ambas partes. Este ambiente ha permeado también los proyectos empresariales y los contactos. El cambio que comenzó como político se está convirtiendo en económico e incluso social.

Además de las relaciones políticas, se está desmoronando la arquitectura de la seguridad euroatlántica. Comenzó con la erosión gradual de tratados básicos en la reducción de armas nucleares, específicamente el acuerdo sobre Misiles de Alcance Medio y Corto (Tratado INF) y el de Reducción de Armas Estratégicas (START). 

Por el momento no ha ocurrido nada trágico, y ambos se siguen manteniendo, pero por primera vez en tres décadas una crisis local está teniendo un impacto directo en la arquitectura de seguridad global. 

Antes de la guerra de Ucrania, Rusia y los EE UU tenían sus diferencias en cuestiones locales. Sin embargo, estas cuestiones se discutían de manera separada a los tratados de armas nucleares. Este procedimiento informal ya no se sigue.

Como resultado, nos dirigimos como sonámbulos al desmantelamiento del sistema de seguridad establecido por la URSS y los EE UU. Se puede argumentar largo y tendido sobre quién lanzó la primera piedra, pero ahora esa cuestión es menos relevante. 

A medio plazo veremos una nueva carrera armamentísitca, en cuestiones como las armas convencionales, la militarización del espacio y una mayor competitividad en el ciberespacio.

De esta modo, la región europea se está haciendo menos segura y el conflicto de Ucrania es solamente la parte visible de este proceso. La tendencia a largo plazo tiene un potencial mucho más destructivo.

Nos encaminamos hacia una situación en la que se vuelve a hablar de un posible conflicto nuclear. Nadie lo quiere, obviamente, aunque lo que nos sostiene para no caer en el abismo se está haciendo cada vez más débil y no existe ni el deseo ni la confianza suficiente como para comenzar la construcción de un nuevo sistema de seguridad.

Una nueva carrera armamentística tiene repercusiones económicas para ambas partes. Tras la crisis financiera de 2008-2009, ni Rusia ni Occidente están en las mejores condiciones para esta aventura militar y política.

Los problemas de Occidente son más visibles. Los créditos tóxicos en el sector privado (el ejemplo de las subprime en los EE UU es el ejemplo más obvio) se expandieron rápidamente por el sistema financiero y ha perjudicado a numerosos países en todo el mundo. 

El crecimiento de los países en desarrollo fue cercano a cero en 2008 y se desplomó en casi un 3,5% en 2009. Las cifras actuales están lejos de los niveles anteriores a la crisis. Por ejemplo, la eurozona, el principal socio comercial de Rusia, creció menos del 1% el año pasado.

Por otro lado, la deuda pública de estos países ha pasado de una media del 72% en relación PIB a situarse en cerca del 105%. En el mismo periodo, los países del G7 han pasado del 81% al 118% de deuda en relación al PIB. En la eurozona se ha pasado del 65% al 94%.

Aunque bien es cierto que el escenario varía según los países. Alemania tiene un 73% de deuda del PIB mientas que el Reino Unido llega al 90%, Francia al 95% y España al 98%. Para una nueva carrera armamentística hace falta dinero y el coste podría perjudicar a unas economías ya debilitadas. Y no solo eso, la crisis ha reducido significativamente los recursos disponibles.

Retos del modelo económico de Rusia

Por su parte, hasta hace poco parecía que Rusia había pasado con éxito la primera fase de la crisis y la situación no era mala.

No se puedo evitar la recesión de 2009, pero la deuda apenas creció. Entre 2010 y 2012 las reversas nacionales aumentaron. Este año, el país no está sufriendo solamente un recesión. Además de la caída de los precios de materias primeras, una serie de procesos internos han dejado de apoyar al crecimiento y muchas empresas no ven nuevas perspectivas o fuentes para mejorar su situación.

Los detalles económicos son complejos, pero el diagnóstico general es simple: el modelo de crecimiento de Rusia está agotado y necesita ser reemplazado. Sin un nuevo y fresco acercamiento a los retos económicos, tanto desde el sector público como del privado, es posible que el crecimiento no vuelva en mucho tiempo.

La cuestión es que en vez de tratar de recuperarse de la crisis y centrarse en el crecimiento, asegurando un entorno seguro que podría atraer las inversiones desde otras regiones (el sudeste asiático, por ejemplo), Rusia y Occidente está creando las condiciones para un deterioro de su propia economía y las economías vecinas.

China está emergiendo como una nueva potencia económica. Según el FMI, en 2007 el  PIB per capita de Rusia era 3,5 veces mayor que el de China. Para finales de 2015, se espera que sea el mismo. Mientas que en el mismo periodo la diferencia con Alemania se ha reducido tres veces, y cuatro veces respecto a Grecia.

Además, Rusia podría ser la parte más débil en la nueva carrera armamentística. Su economía es la que menos diversificada está y debido al precio actual de las materias primas no se puede esperar que las exportaciones puedan a equilibrar las cuestas.

La pregunta que surge es qué se debería hacer. La respuesta es obvia: tanto Rusia como Occidente (sobre todo la UE) deben concentrarse en el crecimiento económico en vez de perder sus limitados recursos en ejercitar los músculos. 

La confrontación directa, como ocurre actualmente, puede llevar a un aislamiento que no conviene a ninguna de las partes. Si es así, la competitividad de ambos puede erosionarse todavía más, y eso en el mejor de los casos. En el peor, tendremos que añadir el riesgo de un conflicto armado a gran escala a nuestra lista de preocupaciones.

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Artículo publicado originalmente en Russia Direct.              

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