La amenaza yihadista, ¿oportunidad para el acercamiento ruso - estadounidense?

Dibujado por Konstantín Maler

Dibujado por Konstantín Maler

La ofensiva de los islamistas radicales y de los grupos terroristas representa una amenaza tanto para Rusia como para EE UU.

En esta región los intereses de Moscú y Washington son asimétricos. Actualmente, Norteamérica (por no mencionar a sus aliados) sigue siendo uno de los principales compradores de petróleo en Oriente Próximo. Una serie de Estados de la región, con los que ha firmado contratos en materia de defensa y seguridad, son sus aliados estratégicos. Además, EE UU tiene diversas bases militares en la zona.

No es el caso de Rusia, que coopera con países que mantienen una tensa relación con EE UU. Se puede afirmar que Moscú no tiene intereses de vital importancia en la región. Por lo tanto, los intereses de Rusia y EE UU no son diametralmente opuestos. Hipotéticamente, esta circunstancia podría abrir la posibilidad de cooperar en aquellos ámbitos en los que haya una convergencia de intereses.

Pero ¿en qué puntos convergen? Sin duda, en la necesidad de oponer una firme resistencia al terrorismo y extremismo internacionales. Tanto a Rusia como a EE UU también les interesa garantizar la estabilidad de la región. Muchos en Rusia consideran que la intención de Washington es establecer una situación de “caos gobernable”. Si eso es cierto, considero que esta postura no satisfará sus intereses a largo plazo.

Sustituyendo a los “regímenes enemigos”, EE UU ha acabado enfrentándose a más problemas. ¿Cuándo se podrá gobernar Libia? ¿Y quién va a gobernarla? Es poco probable que sean los EE UU. No es casual que políticos norteamericanos de corte realista como Henry Kissinger, se mostraran críticos con una injerencia irreflexiva en los asuntos de Estado de esa región. Pero Rusia y EE UU ¿podrían cooperar, por ejemplo, en el restablecimiento de la estabilidad libia? Probablemente, eso sería positivo.

Sin embargo, la cooperación ruso-estadounidense, incluso en aquellos ámbitos en los que hay convergencia de intereses, está sometida al impacto que ejercen una serie de limitadores. El principal de ellos es la deplorable situación que atraviesan sus relaciones bilaterales y, por lo tanto, la profunda desconfianza mutua entre los Gobiernos de ambos países. Ni siquiera la regulación de la crisis de Ucrania parece que vaya a cambiar radicalmente la situación.

Incluso si supusiéramos que una colaboración bilateral antiterrorista alcanzara el grado que precisa esta amenaza, Rusia seguiría negándose a adherirse a ningún tipo de coalición liderada por EE UU. Al mismo tiempo, EE UU jamás renunciaría a actuar como “administrador”.

Opino que nuestro país, que ha extraído valiosas lecciones de la experiencia norteamericana (y de la propia también), no emprenderá operaciones bélicas en el mundo árabe bajo ninguna circunstancia. Ni siquiera si se tratase de ataques aéreos. En cualquier caso, Moscú insistiría en someter el asunto en cuestión al Consejo de Seguridad de la ONU.

No obstante, Rusia está dispuesta a entablar una colaboración estrecha en la lucha contra el terrorismo, tanto con Occidente como con los agentes regionales, si bien siempre se decantará por colaborar con gobiernos legítimos. Rusia está especialmente preocupada por el aumento del número de yihadistas procedentes de regiones rusas y Estados de Asia Central que luchan en las filas del EI.

Creo que, con todo, la necesidad de hacer frente común a la amenaza acabará empujando a Washington y Moscú a colaborar. Pero, teniendo en cuenta todos los limitadores que he mencionado, es muy probable que ambos países mantengan un perfil bajo al desarrollar esta cooperación. En el mejor de los casos, las partes empezarán por  coordinar medidas e intercambiar la información que necesiten, aunque actuando cada una de forma independiente, seguramente por vías paralelas. Pero eso, al menos, será una medida que fomentará la confianza y contribuirá a sanear las relaciones bilaterales. 

Vitali Naúmkin es director del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de las Ciencias de Rusia, doctor en Historia y profesor.

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