El programa de Asociación Oriental y los cambios geopolíticos en Europa

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea (centro, a la izquierda) junto a Petró Poroshenko, presidente de Ucrania(centro, a la derecha) durante la cumbre en Riga. Fuente: AP

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea (centro, a la izquierda) junto a Petró Poroshenko, presidente de Ucrania(centro, a la derecha) durante la cumbre en Riga. Fuente: AP

El pasado 22 de mayo tuvo lugar en Riga (Letonia) la cumbre de Asociación Oriental entre la UE y seis antiguas repúblicas soviéticas (Ucrania, Moldavia, Georgia, Azerbaiyán, Armenia y Bielorrusia). Rusia sigue estas negociaciones de cerca ya que suponen un reordenamiento del espacio geopolítico en el continente.

La conclusión de la cumbre apenas causó furor. La UE prometió asistir a los diferentes países para que entren en el acuerdo de Asociación y estos, excepto Azerbaiyán que ignoró el encuentro, mostraron su conformidad en continuar con las reformas económicas. 

En la declaración final se expresaba apoyo a la integración territorial de Ucrania y preocupación por la reunificación de Crimea a Rusia, aunque a petición de Bielorrusia y Armenia se suavizó el tono. 

El programa de Asociación Oriental se lanzó en 2009 por iniciativa de los ministros de Exteriores de Suecia y Polonia y tiene como socios a seis antiguas repúblicas soviéticas: Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

El objetivo principal consiste en crear acuerdos de libre comercio entre estos países y la UE. De esta manera los líderes de la UE se presentaban ante estos países con un equivalente a la membresía en la UE. Angela Merkel y su gobierno apoyaron estas iniciativas, ya que los hombres de negocios alemanes veían un atractivo mercado en estos países. ¿Es una casualidad que las fronteras de la  Asociación Oriental coincidan casi por completo con las tierras que Rusia perdió tras el acuerdo Brest-Litovsk en 1918, tras la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial? 

Recelos del Kremlin 

Este enfoque supone un nuevo realineamiento político de la región situada entre los mares Báltico y Negro y eha conducido a una confrontación con Rusia.

En primer lugar, la Asociación Oriental implica que haya una ruptura entre Bielorrusia y Rusia. Si el país gobernado por Lukashenko entabla negociaciones, como ocurrió en 1999, para tener un acuerdo de libre comercio con la UE, implicará una crisis con su vecino del este.  Además, supone un problema para la Unión Económica Euroasiática, compuesta por estos dos países y Kazajistán, y que ya supone un espacio de libre comercio.

La implementación de la Asociación Oriental contempla la creación de una aduana única entre Rusia (la Unión Económica Euroasiática) y los miembros asociados de la UE.

Se trataría de levantar el primer gran muro, en forma de aduana, desde la caída de la URSS, y que iría desde el mar Báltico al Mar Negro. Otro problema es cómo tratar la cuestión de los estados no reconocidos. En Moldavia surge la pregunta sobre la aduana con Transdniéster. En Georgia, con Osetia del Sur y Abjasia. En Azerbaiyán, Nagorno Karabaj. Ahora es relevante también lo que ocurre en Ucrania y el conflicto en Donbass.

Al mismo tiempo, la Asociación Oriental ha causado problemas en las regiones de estos países que sienten unos lazos más profundos con Rusia que con la UE.

Durante un encuentro en Varsovia en septiembre de 2011, Putin sugirió una que hubiera consultas trilaterales entre Rusia, los países de la Asociación Oriental y los estados de la UE. Fue esta última quien rechazó la propuesta.

Ahora, independientemente de las declaraciones en Riga, aumentan las posibilidades de conflicto en la región. Las negociaciones del pasado verano en Viena no dieron los resultados esperados en Moldavia, donde hay que establecer una frontera clara con Transdniéster. Algo similar ocurre en Georgia donde además hay dudas acerca de cómo se establecerá el trabajo conjunto entre el país caucásico y la UE, ya que carecen de una frontera común. En teoría es posible exportar bienes desde los puertos de Constanta y Varna, pero estos todavía carecen de la suficiente capacidad de carga. ¿Cuánto costaría utilizar el Mar Negro para esto?

Para Ucrania, la Asociación Oriental implica aceptar indirectamente la pérdida de Crimea y Donbass. El acuerdo supone el establecimiento de un complicado sistema de financiación de la UE, lo que implica dejar fuera a estas dos regiones.

Sin embargo, ni Ucrania ni la UE están preparadas políticamente para aceptar esto. Al mismo tiempo, la Asociación Oriental supone la destrucción de varios complejos industriales en el este de Ucrania y hay dudas sobre lo que pasaría con la agricultura.

En un momento de gran desafección, si las autoridades ucranianas aceptan el acuerdo podría aumentar el malestar en otras regiones. Pero por otro lado, en el oeste del país hay un genuino deseo por integrase a la UE, independientemente de los costes que esto implica.

Galizia ha tenido históricamente fuertes lazos económicos con Polonia y Eslovaquia y parte de Hungría. Pero para las parte central, sur y este de Ucrania, esta cuestión es menos importante. Las tensiones vividas en Vinnitsa el pasado diciembre muestran que las relaciones entre el oeste y el centro de Ucrania no son tan fáciles.

Por su parte, para Rusia la situación no es prometedora. En estos momentos hay dos opciones para desarrollar los acuerdos de Asociación Oriental. El primero, que haya consultas entre Rusia y la UE para establecer una nueva línea de división "entre los mares".

El segundo, un conflicto militar en la región con la participación (muy probablemente indirecta) de Rusia y la OTAN. Cualquiera de ellas implica una gran reorganización política de la región entre el Báltico y el Mar Negro, lo cual, era en esencia el objetivo del programa de Asociación Oriental.

Alexéi Fenenko es profesor de Política Internacional en la Universidad Estatal de Moscú.

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Artículo publicado originalmente en Russia Direct.          

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