El tirante conflicto entre globalización y soberanía

La globalización necesita normas que sean inclusivas para todas las naciones y reflejar las cambiantes dinámicas de la economía mundial.

Fuente: Geneva Press Club

A principios de marzo se celebró en Ginebra (Suiza) un diálogo entre rusos y europeos sobre  globalización, soberanía y las relaciones con Rusia. El evento se presentó en el Club de Prensa de Ginebra, y contó con el apoyo del Foro Ruso-Suizo y la Universidad Estatal de Moscú. Una de las ideas más repetidas es la necesidad de la cooperación entre Rusia y Europa.

Vladímir Yakunin, presidente de Ferrocarriles Rusos y del Foro Mundial del "Diálogo de civilizaciones", subrayó que la "globalización es una realidad política y no está en nuestras manos aceptarla o no". Se refirió primero a algunos aspectos positivos de este proceso que no se pueden ignorar.

Pero enfatizó en algunas de las deficiencias, como un sistema bancario que "se ha convertido en un tipo de negocio completamente independiente y muy rentable y que dicta a otros segmentos de la economía cómo deberían operar".

Yakunin declaró que en los años 90, cuando se formó el nuevo orden mundial, una de las palabras clave para definirlo fue 'globalización'. Citó al economista francés Jacques Attali, que ya a principios de los 90 explicó que en un mundo globalizado contaría con ganadores y perdedores, y lo que es más importante, que el número de perdedores excedería al de ganadores.

Según su opinión, se trata de una descripción válida de la realidad actual, que lleva inevitablemente a la pregunta que se hacen muchos estados: ¿cuál es el papel de la soberanía en un mundo globalizado?

Actualmente el Estado defiende los derechos de sus ciudadanos, el territorio y una serie de valores heredados. De este modo, Yakunin considera que actualmente existe una dicotomía entre los valores globales y el de los estados.

Para el político austriaco Walter Schwimmer, antiguo secretario general Consejo de Europa entre 1999 y 2004, es necesario que haya mayor cooperación internacional y una globalización más coordinada, que necesita normas. En este sentido se refirió al reciente Acuerdo de Minsk firmado por cuatro líderes internacionales -Putin, Poroshenko, Hollande y Merkel- en febrero de 2015.

Según argumentó, este acuerdo demuestra el compromiso de las autoridades para que haya un espacio humanitario común desde el Atlántico al Pacífico. Se trata de una señal de que hay cierto entendimiento mutuo, al menos que hay algunas normas.

Hans Koechler, profesor de la Universidad de Innsbruck, se preguntaba si la UE es capaz de actuar de manera independiente en un mundo globalizado. Para él, el dilema de la UE consiste en si sus miembros son capaces de emanciparse del dominio estadounidense. La crisis en Ucrania ha demostrado el débil papel que tiene la UE en el proceso de tomas de decisiones global, que según él, se debe a la interferencia de un poder exterior que hace que la UE sea como un rehén de confrontaciones geopolíticas que ella misma no ha elegido.

Considera que la UE puede contribuir a la emergencia de un mundo multipolar. En opinión de Koechler, solo se podrá llamar "nuevo orden mundial" a una estructura que represente el equilibrio de poder entre los diferentes actores. Para encontrarlo la UE no debería tener que elegir entre los EE UU o Rusia. Podría cooperar con ambos y tampoco debería forzar al resto de actores a tener que tomar este tipo de decisiones.

Raymond Taras, de la Universidad de Tulana, compartió su preocupación acerca de la falta de normas y regulaciones en la globalización. Puso como ejemplo del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP, en inglés) entre los EE UU y la UE, que dará mucho poder a las corporaciones internacionales mientras se reduce la soberanía de los estados.

Explicó que en las actualidad entre las mayores 100 economías del mundo, 51 corresponden a multinacionales, que acumulan dos tercios del comercio mundial. De modo que entregarles tanto poder con un mínimo de regulación es una clara amenaza, considera Taras. "La UE debería dejar de hablar acerca de quién pertenece o no a la familia de las naciones europeas. Eso es lo que aviva el fuego".

Hay consenso en que los países europeos tratan de preservar su soberanía estatal y al mismo tiempo quieren prevenir cualquier conflicto en Europa.

Los participantes subrayaron que la cooperación con Rusia, que tiene unos fuertes lazos históricos, no debería ser sacrificada por las divisiones de los últimos tiempos. La única manera para el desarrollo es un diálogo mutuo.

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Artículo publicado originalmente en Russia Direct.         

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