¿Quién mató a Borís Nemtsov?

Ciudadanas depositan flores en el lugar donde asesinaron a Borís Nemtsov. Fuente: RIA Novosti.

Ciudadanas depositan flores en el lugar donde asesinaron a Borís Nemtsov. Fuente: RIA Novosti.

El político de oposición murió en el centro de la capital tras recibir cuatro disparos de bala en un momento de creciente tensión.

Un nuevo suceso ha removido los cimientos de la política rusa: Borís Nemtsov, cabeza visible de una oposición fragmentada y de capa caída, yace muerto en un puente cercano a la famosa y turística catedral de San Basilio con cuatro disparos por la espalda.

A punto de convocarse una manifestación en contra del Kremlin, convocada para este domingo y promovida por él a falta de Alexéi Navalni, conocido blogero, adalid anticorrupción y figura representativa de la oposición extraparlamentaria rusa. 

Navalni se encuentra en arresto domiciliario por la condena que se le impuso a él y a su hermano –actualmente encarcelado– irónicamente por resultar culpables de un caso de estafa a una multinacional francesa y desfalco a una empresa pública maderera. Acción que –a pesar del veredicto de la justicia– es calificada por la oposición de caza de brujas.

El panorama actual para la oposición rusa es desolador. Está fragmentada y, según las últimas encuestas, sin apenas apoyo ciudadano desde que estalló la crisis en Ucrania y se produjo la adhesión de Crimea a Rusia. Estas mismas estadísticas señalan que la popularidad de Putin y su índice de valoración se encuentran en su punto álgido.

A Borís Nemtsov no le faltaban detractores en cuanto que fue uno de los artífices del desmantelamiento del Estado soviético en la época de los 90. En este tiempo trabajaba en el gabinete del ya fallecido Borís Yeltsin.

No obstante, ¿quién dentro del Gobierno se atrevería a asesinarle en una época tan delicada como la que está atravesando Rusia actualmente y con semejante apoyo ciudadano? El lugar elegido para asesinarle –al lado del mismísimo Kremlin– no deja de ser excesivamente obvio y simbólicamente recargado. Un hecho así no puede hacer más que despertar todo tipo de teorías de la conspiración.

Aún más, el propio Nemtsov había declarado públicamente días atrás que existía la posibilidad de que fuera asesinado por el propio Putin.

Pero también deberían analizarse otros factores, ¿qué potencias extranjeras estarían dispuestas a asesinarlo para forzar, digamos, una revolución política en Rusia? El asunto no deja de ser descabellado y peligroso incluso para los que se presentan como garantes del orden mundial unipolar.

 

También es verdad que un hecho así podría dar un fuerte impulso a la prevista como exigua –según las encuestas– manifestación de la oposición para mañana bajo el lema “Putin es la guerra, Putin es la crisis. Despierta país”. Tras el trágico suceso la manifestación original se ha cancelado y se ha convocado una marcha legalizada que terminará en el lugar donde ayer asesinaron al político.

Pero en un siglo XXI marcado por el uso de las manifestaciones masivas como instrumento político de influencia internacional –primavera árabe, Maidán– no debemos de pasar por alto ninguna posibilidad.

Los medios se hicieron eco de las declaraciones de Putin en las que afirmaba que no iba a permitir una “quinta columna” en Rusia, pero el asesinato no podría más que echar más leña al fuego y dar pie a una protesta masiva donde antes no la había.

Todavía queda un aspecto más a exponer: la posibilidad de influencia en Rusia de los grupos incontrolados de Ucrania. Estos elementos vendrían encarnados en los batallones –como el Aidar, pro-Kiev y denunciados por Amnistía Internacional por crímenes de guerra– o el denominado Antimaidán –según Kiev responsables de un atentado a una marcha de civiles pro-Maidán en Járkov (Ucrania) y que se saldó con dos muertos y una decena de heridos–.

En el caso de que alguna de estas facciones fueran las responsables del asesinato, no podemos más que esperar que sean detenidos rápidamente, ya que no tienen la capacidad organizativa suficiente para salir indemnes del crimen.

En cualquiera de los casos a Putin le espera una época más difícil todavía porque es casi imposible imaginar una actuación que no sea criticada o que no desate consecuencias más graves.

Quienquiera que sea el culpable parece que tenía en mente la premisa de Mao Tse Tung: solo hace falta una chispa para que arda la pradera.

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