La 'doctrina Putin' en el espacio postsoviético

Presidentes de Armenia, Bielorrusia, Kirguistán, Rusia y Kazajstán en la cumbre de la Unión Euroasiática, Moscú, 2014. Fuente: AP

Presidentes de Armenia, Bielorrusia, Kirguistán, Rusia y Kazajstán en la cumbre de la Unión Euroasiática, Moscú, 2014. Fuente: AP

La Unión Euroasiática, impulsada por Rusia y de la que también forman parte Bielorrusia y Kazajistán es el último proyecto por integrar a las antiguas repúblicas soviéticas. Las relaciones entre Rusia y estos países han variado a lo largo de estas décadas.

 Tras la caída de la URSS en 1991 ha habido varios proyectos de integración entre los antiguos países soviéticos. El primero fue la  Confederación de Estados Independientes (CEI), que en un primer momento aunaba a 11 de las 15 repúblicas de la URSS. Quedaron fuera los países del Báltico (Estonia, Letonia y Lituania) y Georgia, que se integró en diciembre de 1993 y salió en 2008. Sin embargo, desde finales de los años 90 esta estructura tiene básicamente nominal, sin capacidad para llevar a cabo proyectos.  

Para finales de 1997 la Confederación de Estados Independientes (CEI) se había dividido esencialmente en tres grupos: los países que formaban parte, de una u otra manera, de procesos de integración con Rusia (Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán); los que encontraban un equilibrio entre Rusia y otros poderes (Uzbekistán, Turkmenistán y Armenia); y los que se oponían a los proyectos rusos (Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia).

A lo largo de los años 2000, la política exterior de Moscú en el espacio postsoviético difería según el país que fuera. En este sentido, se daban pasos para consolidar las relaciones con los estados del primer grupo. En 2001 se estableció laComunidad Económica Euroasiática  y en 2003, el Tratado de Seguridad Colectiva. Recordemos que Putin llegó al Kremlin en el año 2000.

Tras estos éxitos iniciales, el Gobierno ruso se lanzó a un plan más ambicioso. El 15 de febrero de 2004, los países de la Comunidad Económica Euroasiática firmaron la creación del Espacio Económico Común, que contaba con Ucrania como miembro asociado por iniciativa del entonces primer ministro Víktor Yanukóvich. Era en este contexto en el que el Kremlin ofreció su apoyo a Yanukóvich en las elecciones del 2004, año de la revolución naranja que llevaron al poder a fuerzas más afines a Occidente.

El intento por ampliar Comunidad Económica Euroasiática terminó en fracaso y el Kremlin sacó dos conclusiones: Occidente estaba dispuesto a reunir las fuerzas necesarias para impedir los procesos de integración entre las antiguas repúblicas soviéticas y que uno de los mayores obstáculos para este proceso de integración es Kiev. Tras varios años el fallido proyecto de unificación volvió con lo que se denominada la Unión Aduanera, un modelo de integración económico-comercial entre Rusia, Bielorrusia y Kazajistán, donde lo más destacable es que no se aplican aranceles ni limitaciones de carácter económico al comercio mutuo de bienes.

Rusia trató de normalizar las relaciones lo máximo posible con el resto de países del "segundo grupo" (Uzbekistán, Turkmenistán y Armenia). En este sentido, el mayor éxito de Moscú fue el hundimiento de la asociación entre Uzbekistán y EE UU de principios de los años 2000, y la integración del país centroasiático en el Tratado de Seguridad Colectiva, liderado por Rusia. También se llegó a un acuerdo de asociación energética con Turkmenistán en 2003. Menos prometedoras eran las negociaciones con Armenia, que en 2004 trataba de acercarse a la órbita de la  OTAN. 

Las relaciones con el "tercer grupo"  (Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia) eran más ambiguas. En 2001, Azerbaiyán y Rusia normalizaron sus relaciones. En Ucrania, el Kremlin estableció contactos con el Partido de las Regiones y con el gobierno de Yulia Timoshenko. En Moldavia, Rusia ha sido el mediador que ha permitido que las fuerzas de Chisinau no entrasen en Transdniéster. Con el país que más tensión hubo fue Georgia, ya que hubo una guerra de cinco días que estalló en agosto del 2008.

La principal intriga estaba en cómo iba a actuar Moscú con los países del “tercer grupo”. Moscú asumió el acceso a la OTAN de los países bálticos y Eslovaquia, ya que este asunto se decidió en 1997. Sin embargo, la implicación de la OTAN en Georgia, Moldavia y Ucrania se percibió en el Kremlin como si se hubiera cruzado una línea roja.

Para el objetivo de la integración, el programa de acuerdos de asociación con la UE, lanzado en 2009, resultaba más amenazante. Oficialmente se trataba de un asunto exclusivamente económico, pero en la práctica destruía el statu quo post-1991 de la región del Báltico y el Mar Negro.

En primer lugar, estos acuerdos de libre comercio con la UE obstaculizaban el ingreso en la Unión Aduanera.  Además, la implementación de los acuerdos requería que se establecieran fronteras en toda regla con la Unión Aduanera. Al mismo tiempo, resaltaba el problema de los "estados no reconocidos", que seguramente no querrían firmar acuerdos de asociación con la UE. En Moscú esta nueva política de la UE se vio como un intento de redibujar las líneas en el espacio postsoviético.

 La Unión Euroasiática

Tras la vuelta de Vladímir Putin al Kremlin en mayo del 2012, se lanzó la Unión Euroasiática, integrada por Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, Kirguistán y Armenia. Parecía un intento por transformar la Unión Aduanera en una asociación más integrada. Al mismo tiempo, el Kremlin trató de integrar a miembros del segundo grupo de países. 

Los diplomáticos rusos hicieron esfuerzos por implicar a Uzbekistán. Pero el 28 de junio de 2012, tres semanas después de la visita de Putin al país, el gobierno kazajo anunció que se retiraba de la organización. Esto no sentó nada bien al Kremlin. También fracasó a la hora de implicar a Azerbaiyán.

Además, Ucrania también rechazó formar parte del proyecto y Kiev continuaba su diálogo de asociación con la UE.

De manera que el proceso de integración tuvo un resultado variado. Rusia seguía adelante con la Unión Euroasiática junto con Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Armenia, y con Tayikistán como potencial candidato. La mayoría de estos países forman parte de los países del primer grupo, más proclives a la integración con Rusia, mientras que la gran mayoría del "segundo grupo", países que encontraban un equilibrio entre Rusia y otros poderes, declinaron su integración.

Hay otro problema más profundo. Dentro de la Unión Aduanera había un tarifa aduanera única, que fue cuestionada con la creación de la Comunidad Económica Euroasiática. Con la creación de la  Unión Euroasiática esta cuestión será motivo de negociaciones, lo que puede acabar con el proceso de integración llevado hasta ahora.

El desafío ucraniano

El conflicto en Ucrania no es simplemente la lucha de poder entre dos proyectos económicos opuestos. Las raíces son más profundas. La Ucrania moderna es esencialmente un proyecto de la región Galitzia-Poltava, situada en el oeste del país. La identidad nacional proviene de la lengua y la cultura de la región de Poltava, combinada con la historia política de Galitzia. El nuevo gobierno que llegó al poder en febrero de 2014 proclamó una ruptura con el legado de la Ucrania soviética. Este "reformateo" de Ucrania también puso en duda la posibilidad de mantenerse dentro de las fronteras de la Ucrania soviética.   

El Kremlin y gran parte de la sociedad rusa no tenían especial aprecio por Ucrania. Con la llegada al poder del nuevo gobierno nacionalista, que abiertamente utilizaba lemas antirrusos, todavía lo era menos. Pero el motivo de mayor preocupación para Moscú era el mantenimiento delestatus de neutralidad de Ucrania. Rusia tomó medidas para contener, en un principio, la expansión de la OTAN y la implementación del Acuerdo de asociación.

Tras la reunificación con Crimea, gran cantidad de expertos rusos dudaban de la capacidad de Ucrania para poder sobrevivir como estado. Sin embargo, a mediados de mayo, Kiev había sido capaz de suprimir los movimientos de protesta en Zaporozhie, Járkov y Odessa. La rebelión se limitaba a la zona de Donbass.

En abril de 2014 la sociedad ucraniana se vio consolidada en el sentimiento antirruso. No había nada especialmente nuevo en esta situación. Desde su fundación en 1991, el sentimiento antirruso ha sido importante en la vida política ucraniana. Para Rusia, el espectro político del país vecino iba desde los nacionalistas moderados hasta los nacionalistas radicales. Las prioridades de Rusia en relación a su vecino eran que no se convirtiera en miembro de la OTAN y en garantizar la seguridad de la población rusohablante. 


El febrero el Kremlin dejó claro que veía el futuro de Ucrania como un estado federal. Con la neutralización de la protestas en casi todos los lugares excepto en Donbass y Crimea, regiones no consideradas como prioritarias entre la élite ucraniana, la mayoría del país sigue siendo fiel al proyecto de Galitzia-Poltava.

Rusia no ha conseguido resolver una serie de problemas clave. Moscú carece de un corredor por tierra que llegue a Crimea y tampoco tiene un socio fuerte en el este de Ucrania. De alguna manera, es como si en el ámbito político de Rusia fuese a entrar otro "estado no reconocido". Si Novorrosía es incapaz de integrar a más regiones, es muy posible que aparezca un nuevo conflicto congelado.

Por otro lado, a lo largo del año Rusia no ha utilizado un mecanismo de contrasanciones fuerte en su confrontación con Occidente. Moscú ha respondido con un embargo de alimentos, pero no ha elevado la tensión hasta cerrar el tránsito a Afganistán a la OTAN, retirarse de las negociaciones con Irán, rechazar la cooperación con EE UU en la exploración pacífica del espacio o forzar para retirarse de algún tratado de control de armas.

En el futuro próximo, Moscú se enfrenta a tres tareas inmediatas. Por un lado, tiene que consolidar la política y los acuerdos de la Unión Euroasiática. Además, tratará de oponerse a las luchas que van en contra de las élites prorrusas en Uzbekistán, Azerbaiyán y, en menor medida, en Turkmenistán. Al mismo tiempo hará esfuerzos por mantener el estatus neutral de Ucrania, Moldavia y Georgia y gestionar los conflictos congelados.

La decisión del Kremlin de no dar una fuerte respuesta a las sanciones occidentales es una muestra de que Rusia no está lista para una revisión radical de las fronteras de la antigua URSS. Otro problema consiste en cómo dialogar con la OTAN para tratar de mantener una "zona de seguridad". En este caso, Moscú estaría dispuesto a llegar a un acuerdo.

Estrechar relaciones con los países del segundo grupo es cada vez más importante para Moscú. En los próximos años esta política será una de las de mayor alcance en el espacio postsoviético. Mientras tanto, parece que el conflicto en Ucrania se va a convertir en una moneda de cambio en las negociaciones entre Moscú y Washington.  

Artículo publicado originalmente en Russia Direct.         

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